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Crónica del SEFF’16: últimas proyecciones

El Festival de Cine Europeo de Sevilla llega a su fin. Mañana tendrá lugar la lectura del palmarés y la gala de clausura.

Muertos clásicos y sofisticados

La muerte de Luis XIV (coproducción francohispanoportuguesa proyectada en Sección Oficial fuera de concurso) narra con el rigor y el detalle de un documento científico la agonía del Rey Sol. El proyecto original, explicó el director catalán Albert Serra, era una propuesta del Centro Pompidou para una performance en un museo pero finalmente se anuló, por falta de presupuesto, y cuatro años más tarde se recuperó como producción cinematográfica.

El filme es un meritorio ejercicio de virtuosismo en el que varias cámaras registran lo que acontece en el entorno íntimo del lecho del monarca y sus acompañantes: médicos, la familia más próxima y los servidores. Probablemente sea la interpretación más difícil de Jean-Pierre Léaud: es casi imposible morirse con más realismo. La actuación, una fotografía preciosista, algunas cuestiones de interés tratadas con gran finura, como la discusión entre medicina y superchería o el servilismo de los cortesanos, y un montaje inteligente, ejercen una atracción magnética en el espectador, llamado a ser uno más en la cámara real. El cierre de los doctores dirigiendo un mensaje a la Historia es sencillamente magistral.

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Continuando con cine de época, me habían hablado muy bien de Amor y amistad, coproducción de Irlanda, Reino Unido y Francia, dirigida por Whit Stillman (Metropolitan, Damiselas en apuros) y con un reparto sensacional pero -aunque se agradezca la suave inmersión en lo frívolo y superficial en medio de un festival siempre lacerante y sufriente- no me ha conquistado. Dejando aparte los ingeniosos diálogos, cuyo mérito debemos a Jane Austen, y una notable puesta en escena y ambientación, el conflicto es presentado desde el arranque del filme, precedido por una presentación de personajes pobre y artificial; Kate Beckinsale carece del carisma suficiente para hacer creíbles las maquinaciones malévolas de Lady Susan y el final sobreviene con tal rapidez que deja al espectador pensando qué se ha perdido.

Ma Loute, comedia detectivesca de Bruno Dumont, ambientada en 1910 en la costa del norte de Francia, donde comienzan a desaparecer veraneantes, despertó filias y fobias pero también la catarsis de la sala de acreditados. Los periodistas y críticos somos humanos y necesitamos reír de vez en cuando. Ciertamente es una bufonada histriónica, macabra y feroz a la que se someten actores del calibre de Juliette Binoche, Fabrici Luchini y Valeria Bruni Tedeschi, con gags demasiado repetitivos, pero, por encima de todo, es una sátira surrealista contra los poderes en decadencia, cuya dantesco desenlace es un preludio de la encarnizada guerra que se avecinaba en Europa a principios del siglo XX. Hace guiños al mejor humor francés y cuenta con una fotografía impresionista digna de un catálogo de arte.

Personal ShopperOtra de las grandes esperadas era Personal Shopper, del siempre sorprendente Olivier Assayas. Su musa Kristen Stewart interpreta a Maureen, una joven americana que se gana la vida como asistente de moda de una celebridad caprichosa y que acaba de perder a su hermano gemelo, con quien pretende establecer contacto en el más allá. Assayas se interna en el terror psicológico poniendo patas arriba el género y con un enfoque posmoderno, donde se mezclan muchas cosas: el contraste entre los intereses mundanos y el estado de duelo, la comunicación digital, la dicotomía entre inclinación natural a creer y resistencia a lo que supera la razón, cuestiones de género, etc. Ciertamente es novedoso y por tanto destacable. Pero la película, en mi humilde opinión de crítica, tiene un problema serio de focalización (dicho más claramente y sorteando el spoiler, cosas que nosotros vemos y que la protagonista no ve) y un desparrame excesivo de sucesos y efectos especiales palmarios, que no se pueden recoger así como así, y hacen imposible una reconstrucción coherente dominada por el juego psicológico. No tenemos por qué pedir explicaciones a los artistas sobre su obra, pero los géneros de suspense y terror fantasmagórico tienen ciertas reglas y contravenirlas en aras de la libertad creativa deja en el espectador la sensación razonable de que le han tomado el pelo.

A lo largo de estos días, hemos visto otras muchas películas de Sección Oficial que no da tiempo de comentar en crónica pero que tendrán su espacio el día del estreno. La austro-italiana Mister Universo (Tizzi Covi y Rainer Frimmel), una de las pocas historias tiernas del festival sobre un domador de fieras al que le sobreviene la mala suerte cuando le roban su amuleto; la austriaca Safari (Ulrich Seidl) que disecciona con realismo y distancia las razones que motivan la caza turística de animales salvajes en África -explicadas por los mismos cazadores-, y donde la cinegética convive con argumentos cercanos a la xenofobia y el maltusianismo; Mimosas, coproducción de España, Marruecos, Francia y Qatar, dirigida por Oliver Laxe, encantador cuento oriental sobre la fe con un argumento muy original que bordea el western; United States of Love, un título cínico prescindible para una selección de pasiones femeninas tortuosas y raritas; y Scarred Hearts, desesperanzado agarre al último clavo de la vida en un balneario rumano, fuera de concurso al igual que Le Cancre, de Paul Vecchiali.

Y otras, en la sección Nuevas Olas del SEFF, como la nueva de Hernán Zin, Nacido en Siria, tan interesante y admirable como el comprometido rodaje que nos relató en rueda de prensa su director; Belle Dormant, del español Ado Arrieta, original versión contemporánea del cuento de los Grimm, pero excesivamente naïf; Le Parc, The Challenge, etc.

La XIII edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla ha tenido un buen nivel técnico de películas y crece cada año, tanto en prestigio como en participación de público, pero aún se echa en falta ese plus de valor para descubrir y traer un mayor número de filmes no premiados en otros concursos de manera que ocupe el espacio que merece en el panorama de certámenes. Eso y un compromiso mayor de los cineastas con esta Europa enferma y dolorida, que requiere más tratamientos que diagnósticos, porque pese a todo sigue siendo cuna del pensamiento occidental, capaz de resurgir de sus cenizas como Ave Fénix.Suscríbete al newsletter semanal de FilaSiete

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Cristina Abad
Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla

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