Donde el autor aprovecha los inevitables Oscar para desmarcarse

El dilema lleva siete nominaciones a los Oscar para una producción muy académica, muy barroca en el tratamiento de la imagen y el sonido

El dilema, de Michael Mann
El dilema, de Michael Mann

Oscar 1999

Donde el autor aprovecha los inevitables Oscar 1999 para desmarcarse

Oscar 1999 | Me pide mi editor un breve comentario a las nominaciones para los Oscars 1999 que se entregan el próximo 26 de marzo. En marcha, pues:

1. El dilema: véase mi crítica. Siete nominaciones a los Oscar para una producción muy académica, muy barroca en el tratamiento de la imagen y el sonido.

2. El sexto sentido: a mí me parece una película con algunos hallazgos en la cosa del miedo pero repetitiva, larga, tramposilla y bastante forzada. A ratos, me aburrí horrores. Su acercamiento a lo sobrenatural es de una estupidez insultante.

El sexto sentido
El sexto sentido

3. La milla verde: más de lo mismo (Pena de muerte, ya saben), aunque sea con Hanks. Por favor, basta ya …

4. American beauty: reconozco que le he dado muchas vueltas a esta desoladora película. Magníficos recursos técnicos y humanos para una historia que se ensaña con indecible crueldad con los desechos humanos que produce el naufragio moral del modelo de hombre generado por el capitalismo liberal. Desconfío de un creador que se olvida de la piedad a la hora de hacer justicia.

Estoy convencido de que cualquier actividad humana -el cine no tiene bula- tiene una dimensión moral, y me pregunto si lleva a alguna parte tanto chapoteo naturalista en las heces de la realidad. ¿Es necesario recrearse en la captación pormenorizada de la desnudez de dos chicas adolescentes, o en la masturbación frecuente de un adulto frustrado, para mostrar el caos afectivo de personas incapaces de una recta ordenación de la dimensión sexual de sus vidas? Cuando las sociedades pierden el pudor, la barbarie está a la vuelta de la esquina.

Por otro lado, me choca que no exista en la historia ni un sólo personaje que escape a la deformidad, que aliente un mínimo de generosidad. El arbitrario, torpe y cínico recurso a la voz en off de Spacey – al principio y al final – me deja atónito. Comparo esta película con otras de temática similar (Hoy empieza todo, Rosetta, Solas, Un corazón en invierno) y me quedo a todas luces con este cuarteto formidable de películas europeas.

5. The cider house rules: no la he visto pero he leído de que va en las web USA. El guión es de John Irving, que autoadapta una novela de la que es autor. Yo recuerdo aún el ingrato encargo que recibí de reseñar la última remesa de engrudo pseudoliterario del tal Irving, una novela muy vendida llamada A widow for a year.

6. Todo sobre mi madre: Almodóvar sigue a lo suyo, y sigue sin tener nada nuevo que decir. Su mundo de complejos mal curados se repite hasta la saciedad. Una pena porque los fundamentos cinematográficos de Almo­dóvar son muy sólidos. Además, no seamos desmemoriados: el propio Almodóvar ha declarado que Solas es el tipo de película que le gustaría hacer. Por las mismas, aprovecho para darle a Solas el Oscar a la mejor película del mundo mundial.

7. The straight story: una honda y hermosa película de Lynch, que recupera la humanidad doliente y vigorosa de El hombre ele­fante. No digo más porque hay reseña en este número.

Aburrido de tantas obviedades, vaciedades y mensajes en clave publicitaria de fast food, uno siente ganas de desmarcarse. Espero que muchos de ustedes, amigos lectores, no se plieguen a hacer eco al vértigo consumista que desencadena la nueva performance del Imperialismo yankee: la industria del ocio. Sean libres, digan lo que les dé la gana, fuerte y claro. Falta hace y se duerme mejor.

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