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El cine español, una reflexión

A los que aman (Isabel Coixet)
A los que aman (Isabel Coixet)

El cine español, una reflexión: Un otoño de buena cosecha fílmica

Es muy grato pasear, en este otoño, al viento de algunas películas españolas. Especialmente para universitarios y homini sapiens en general. Iba siendo hora, la verdad. Después de 30 años de comedietas urbanas, muslos y pechugas, guerras civiles, tacos y ambientillos raros, actores haciendo de sí mismos; el viento tenía que empezar a cambiar. A mí, qué quieren ustedes que les diga (ya perdonaréis, el usted es más literario), me parece que la pasta y la represión han tenido buena parte de culpa a la hora de justificar la lluvia pertinaz de bodrios que anegó el suelo patrio. Por otro lado, dicen los expertos que influyó grandemente en esta cosecha de vulgaridad el síndrome del macho ibérico con camiseta de tirantes calaíta y las fobias personales de algún director más raro que un perro verde y/o de algún productor sin escrúpulos, con más mala leche que un gato cabreado.

El cine español, una reflexión. Una renovación argumental

Eta situación se convirtió en un espectáculo surrealista cuando los responsables de semejantes obras de arte y ensayo (según ellos y sus amigos, claro), se lamentaban de que el público español volviese la espalda a sus películas, entregándose con furor al cine americano, tan ramplón él. De un tiempo a esta parte, varios directores españoles parecen haber aprendido la lección de estos 30 añitos y se muestran empeñados en pensar en la gente normal (léase gente que busca en el cine un ejercicio de inteligencia presentado con sensibilidad estética y un mínimo de ritmo capaz de no dormir a las ovejas). Más de uno dirá: Vale amigo, pero enseña ya tus cartas. Ahí van algunas de las más recientes: A los que aman, de Isabel Coixet, El abuelo de Garci, Barrio de Fernando León, Tres de sombras de Guerín, El color de las nubes de Camus, Secretos del corazón de Armendáriz, Tesis de Amenábar, El perro del hortelano de Miró, Tic Tac de Rosa Vergés.

Parece que el futuro del cine español no está en las subvenciones. Igualmente es justo y necesario que pongamos en España, al cine americano, las mismas trabas que los yanquis ponen a las películas extranjeras que pretenden introducirse en los cines norteamericanos. Parece claro que el cine de acción&pasta&explosiones&montaje publicitario no es la mejor opción para el cine europeo y su digna convivencia con la industria USA del entretenimiento  (que respeto enormemente, dicho sea de paso). El cine de época (Capitán Conan), el cine literario (Los miserables), el cine histórico (Michael Collins), el cine de análisis social (The Boxer), el cine antropológico (Eric Rohmer incombustible o el fallecido Kieslowski) parecen territorios mucho más colonizables para los europeos, ahora que la imaginación de Hollywood parece un tanto atrofiada -salvo magníficas excepciones-. El abundante ejercicio del remake de clásicos (en mi barrio lo llamamos versión si es digno, y plagio si se perpetra) para saciar al insaciable homo ludens, es viejo como el cine y no hay que escandalizarse ni pasarse de purista.


Va siendo hora de que dejemos de hablar de competir con el cine americano. Creo que es bueno ser tolerante. En esto del cine debe de haber de todo, como en la cosa del comer y de los gustos: Macdonals y asadores, tascas y restaurantes, bares y bocetarías… Pido perdón por no hablar de Armaggedon, Godzilla, Deep Impact, Demi Moore y Bruce Willis. Noviembre me pone solemne y reflexivo. Paciencia. Otra vez será.

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