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El club de los poetas muertos cumple 30 años

Para Ethan Hawke y Robert Sean Leonard El club de los poetas muertos supuso su salto definitivo a la fama.

El 24 de noviembre de 1989 llegaba a los cines españoles El club de los poetas muertos, una película dirigida por Peter Weir con el libreto de Tom Schulman (por el que ganó el Oscar al mejor guion original), que narra las andanzas del profesor Keating (Robin Williams) en el muy exclusivo Internado Welton de Nueva Inglate­rra, donde se forman las élites del país, a finales de los años cincuenta del pasado siglo.

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El club de los poetas muertos se convirtió aquel año en un auténtico fenómeno, una pe­lícula que llegó al público de forma muy especial, tanto a jó­venes como a mayores. En España alcanzó una recaudación de casi 6 millones de euros (5.890.210,89 €) y más de 2 millones y medio de espectadores (2.625.261).

La historia se basa en la propia experiencia de Schulman, cuando fue adolescente, en la Academia Montgomery Bell, una escuela para chicos de Nashville, donde coincidió con el profesor Samuel F. Pickering Jr. Muchos de los antiguos compañeros de clase del guionista han comentado a lo largo de estos años el parecido más que razonable que encuentran con algunos de los personajes, en los que se ven representados. Weir también incorporó al relato diversos elementos de su época de estudiante en Sidney, como los uniformes y la disciplina.

El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989)
El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989)

Para Ethan Hawke y Robert Sean Leonard El club de los poetas muertos supuso su salto definitivo a la fama. Bien acompañados por Josh Charles, Dylan Kussman, Gale Hansen, James Waterston o Allelon Ruggiero, ambos intérpretes llevaron gran parte del peso de la película, tanto que el propio Weir, para plasmar una evidente camaradería, les obligó a compartir dormitorio durante el rodaje de la película. Incluso para que se identificaran aún más con sus personajes, les proporcionó una lista de libros, canciones y películas que interesaban a los adolescentes de los años 50.

La película suscitó diversos debates en el mundo de la educación. Principalmente se destacó cómo el profesor ayuda a los alumnos a descubrir sus propios caminos, rompiendo con algunas pautas de la escuela tradicional. Muchos han coincidido en afirmar que es una de las pocas películas en las que la relación entre profesores y alumnos se convierte en una búsqueda común. Al fin y al cabo, enseñar a los alumnos a pensar y a ejercer la reflexión crítica es una meta que frecuentemente se menciona como inherente a la función docente. Sin embargo, como muchos docentes saben, esto no pasa de ser una enunciación de buenos propósitos.