El niño con el pijama de rayas: El Holocausto por los ojos de un niño

El niño con el pijama de rayas: “¿Qué sucede en este lugar?, se pregunta Bruno. ¿Por qué hay tanta gente al otro lado de la alambrada?»

El niño con el pijama de rayas es una fábula cuya intención es proporcionar una perspectiva única sobre las consecuencias de los prejuicios, el odio y la violencia infligida a personas inocentes, particularmente en niños, en tiempos de guerra.

“No es necesario decir que una historia de ficción que se desarrolla en el lugar y en el momento del Holocausto siempre levanta ampollas, y cualquier autor que decida escribir sobre este tema debe conocer muy bien cuáles son sus intenciones antes de empezar. Y puede que sea especialmente importante en el caso de un libro escrito para niños”, comenta John Boyne, autor del best seller El niño con el pijama de rayas.  “A mí me daba la sensación de que la única manera respetuosa de enfocar este tema era a través de la inocencia; una fábula contada desde el punto de vista de un niño ingenuo que no puede comprender los horrores del entorno en el que vive. Creo que esa inocencia es lo que mejor puede comprender alguien de mi generación en relación al horror de aquella época”.

Boyne continúa: “¿Qué sucede en este lugar?, se pregunta Bruno. ¿Por qué hay tanta gente al otro lado de la alambrada?  Puede que sean preguntas sencillas, pero básicamente, ¿no son estas las preguntas que seguimos planteándonos hoy en día? Y puede que ese sea el trabajo de los escritores o de los artistas, seguir buscando respuestas, asegurarnos de que la gente sigue haciéndose preguntas para que nadie olvide nunca por qué tuvieron que formularse una primera vez.”

“Cuando leí el libro, me imaginé inmediatamente la película”, afirma el director y guionista Mark Herman.  “Pero también pensé que iba a ser muy complicado ya que se trataba de un material muy sensible».

“El Premio Nobel Elie Wiesel dice que si no has estado allí, no escribas sobre ello”, comenta el autor John Boyne.  “Y en cierto modo, estoy de acuerdo con él. Pero al mismo tiempo nos dicen que no debemos olvidar. Así que creo que a medida que van pasando las décadas, es responsabilidad de los artistas encontrar nuevas formas de contar esta historia, de recordar al mundo todas las personas que murieron. Si enfocas el tema sin explotarlo, intentando no trivializar sino contar la historia de otra manera para llegar a otro tipo de público, habrás logrado tu meta. A los niños que han leído mi libro siempre les digo: ‘Si te ha conmovido, si te ha interesado la historia de estos dos chicos, aquí tienes una lista de libros que deberías leer’. Y esos libros son de figuras como Wiesel, Primo Levi y Anna Frank, escritores que vivieron el Holocausto en sus propias carnes y que tienen autoridad moral para hablar sobre ello. Espero que los creadores actuales puedan lograr que los niños se interesen lo suficiente para querer leer otras cosas”.

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Una historia de ficción

Todos los miembros del equipo de producción que hay detrás de El niño con el pijama de rayas tenían muy claro que estaban rodando una historia de ficción y no un documental. Sin embargo, como el guión es histórico, todos fueron muy meticulosos a la hora de respetar el contexto en el que se desarrolla.

“Nos preocupaba muchísimo la autenticidad», afirma Mark Herman. «Cuando estábamos realizando la adaptación, descubrí que los comandantes del campo de concentración juraban confidencialidad bajo amenaza de muerte para que sus actividades fueran del máximo secreto. Tenían prohibido contar a nadie, incluidas sus propias familias, en qué consistía su ‘trabajo’. Esto fue de gran ayuda a la hora de escribir el guión, especialmente para explicar por qué el comandante no le había contado nada a su mujer sobre el programa de exterminio: Ella cree que se trata de un campo de trabajo y descubre la verdad por casualidad. Hoy en día, el público tiene la ventaja de saber lo que pasó en realidad, por lo que algunas cosas les resultarán obvias. Puede que los espectadores no comprendan que la mujer no lo supiese; estaba viviendo junto a un campo de concentración, así que tenía que saberlo. Pero algunas personas no sabían nada. En Auschwitz, por ejemplo, la mujer del comandante vivió prácticamente encima del campo durante dos años sin tener ni idea de que aquello era un campo de exterminio. Lo increíble de esta historia es que estos dos chicos, cada uno a un lado de la alambrada, no saben lo qué está pasando”.

Mark ha hecho más hincapié en la historia de la familia al ofrecer el punto de vista adulto de la madre, que va descubriendo gradualmente lo que sucede en el campo. Esa parte de la historia está mucho menos desarrollada en el libro”, comenta la coproductora Rosie Alison, que ha coordinado la documentación histórica de la película. “También ha añadido una película de propaganda nazi que descubrimos durante nuestro trabajo de documentación. Se trata de un repulsivo cortometraje de 14 minutos cuyo objetivo era mostrar cómo era la vida en los campos de concentración: actividades recreativas, comidas cordiales, caras sonrientes.  Mark decidió rodar una versión de la película para que Bruno pudiera hacerse una idea de lo que era. De esa forma creía que sabía lo que pasaba en el campo ya que había visto el cortometraje. Esto hace que recupere por un momento la fe que tenía en su padre”.

«Es una historia basada en hechos históricos, y la hemos tratado con el máximo respeto”, afirma. “Se trata de una historia contada de forma bastante indirecta. Casi hasta el final, todo lo que se ve es desde el otro lado de la alambrada, y lo que ocurre en el campo de concentración no se hace evidente hasta las últimas escenas. El aspecto más polémico de la película, y tal vez en el que nos hemos permitido cierta licencia artística, es la presencia de Shmuel en el campo de concentración. Ésta es seguramente la parte de la película en la que la ficción y la realidad están más separadas, porque la terrible realidad es que la mayoría de los niños que llegaban a los campos eran asesinados de inmediato. Sin embargo, en 1944, en Auschwitz en particular, sobrevivieron algunos niños y hay casos aislados de niños a los que se mantenía con vida, tanto para realizar experimentos médicos con ellos como para trabajos específicos (como en el caso documentado de dos niños a los que se mantuvo con vida en Treblinka para dar de comer a los patos del estanque). Hay fotografías muy conocidas de niños supervivientes al llegar la liberación de los campos, pero es cierto que por lo general solían pasar directamente del transporte en el que llegaban a las cámaras de gas. Por eso la historia de Shmuel puede resultar algo inverosímil».

«La película la han realizado con gran honestidad y pasión personas que sienten un inmenso respeto y admiración por los que sobrevivieron, así como por aquellos que no lo hicieron. Creo que es muy importante mantener viva esta historia con el fin de que no se repita; cualquier paso que demos que pueda cambiar la visión del mundo de una persona merece la pena”.

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