El viaje de Chihiro: el trabajo de Chihiro

El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki
El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki

El viaje de Chihiro: el trabajo de Chihiro

El viaje de Chihiro cuenta la historia de una niña de apenas doce años que, mientras está mudándose con sus padres a otra casa, queda atrapada en un mundo mágico. Sus padres sufren una maldición dejando a Chihiro sola. Ante este panorama se le propone trabajar  en un balneario para dioses bajo el mando de la terrible bruja Yubaba y quizá de esta manera poder rescatar a sus padres.

Chihiro en su viaje de heroína se encuentra con un elemento que en pocas películas aparece tan marcado: el trabajo, que es el medio para que Chihiro madure. Indiscutiblemente el trabajo revela a Chihiro un conocimiento más profundo sobre sí misma y sobre el entorno que la rodea. Es el hilo conductor que le ayuda a abandonar el mundo infantil para adentrarse en otro más oscuro e incierto de los adultos.

La joven Chihiro, a través del trabajo, aprenderá a ser comprensiva, íntegra, amiga leal. Son las pequeñas elecciones «laborales» las que le descubren a Chihiro esos valores: los amigos que elige (Lin o el calderero) le ayudan a superar trabajos que no podría realizar sola, como llegar al piso alto donde está Yubaba; la tolerancia a la frustración como en la secuencia de la bañera ya que tiene que conseguir limpiar al dios pestilente ella sola; la compasión hacia los que no tiene medios para trabajar como el pobre Sin Rostro, personaje que es invisible a los ojos codiciosos de las demás criaturas, etc. Al final, esas tareas forjan su identidad y le capacitan para construirse un futuro propio.

Poca atención se ha prestado al trabajo en El viaje de Chihiro a pesar de que es un aspecto esencial en la película. Hablar de esta fuerza motriz, capaz de transformar a un personaje débil e inocente como Chihiro en una auténtica heroína, me parece un justo homenaje al director Hayao Miyazaki.

Miyazaki nos presenta a una niña inmadura y pusilánime fruto de una educación aburguesada en la que el dinero, la satisfacción inmediata de los caprichos, la falta de templanza y la pereza están en la base de todo. Estas alforjas van a pesar sobre los hombros de Chihiro, ya que en el mundo mágico no tienes otra opción: o trabajas como un adulto o mueres. De hecho, uno de los pocos amigos que tiene en ese mundo, Haku, se lo recuerda: «Si quieres sobrevivir aquí no tiene otra elección y es el único modo de salvar a tus padres«.

La perspectiva del trabajo, representado en la firma de un contrato laboral con Yubaba, aparece a los ojos de Chihiro como algo nuevo y amenazante hasta el punto de que una vez superado este trámite se le saltan las lágrimas en el hombro de Haku. Fruto de esta traumática decisión (recordemos que al firmar su contrato el nombre de Chihiro queda reducido a un número) la actitud de la niña cambia porque tiene que hacerse valer ante los ojos de su jefa.

No es fácil. Su primer trabajo es manual y desagradable: debe limpiar la bañera más pestilente de todo el hotel por deseo expreso de Yubaba e instantes después darle un baño a un dios «superpestilente». Pues bien, con este primer trabajo Chihiro tiene éxito porque ayudada por un nuevo amigo -el Sin Rostro– consigue «el preciado baño de hierbas»- y un montón de oro para la bruja. Los que antes la miraban con displicencia reconocen que quizá esta niña valga algo. Chihiro va creciendo en comprensión (cuando conoce a Bebé, el hijo mimado de Yubaba) y autoridad (consigue que el Sin Rostro vomite a las personas que se ha tragado).

También su mente se abre poco a poco en medio de una sociedad que solo entiende el valor de lo útil y rentable. Por esto mismo son engañados por el Sin Rostro que les ofrece arena como si fuese oro.

Chihiro no solo aprende el funcionamiento del mundo sino que, a pesar de su clara torpeza (es bastante patosa), aprende que el trabajo es importante pero más las personas que lo hacen. Sin dejar de ser ella misma, la niña es capaz de abandonar su trabajo para ayudar a Haku. Chihiro ha cambiado, hasta el punto de que la mimada y caprichosa niña del inicio de la historia está dispuesta a ser destruida por Yubaba en favor de sus amigos.

El sufrimiento y la angustia purifican a una niña débil y quebradiza que, gracias al trabajo constante y esforzado, madura y se hace valiente y decidida.

Javier García Donate

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