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Estuvimos en… Exposición de vestuario de «Exodus: Dioses y reyes»

Exodus: Dioses y reyes

· La exposición lleva al espectador por el proceso de crea­ción de vestuario, de manera clara y formativa, co­mo el caso de la ambientación.

«Un camino hacia la libertad» es el eslogan de la exposición que del 3 de diciembre al 18 de enero se pue­de ver en el madrileño Museo del Traje, que ha contado con Sastrería Cornejo e Hispano Foxfilm para disponer es­ta muestra representativa del trabajo realizado bajo la dirección de la diseñadora Janty Yates para la últi­ma película de Ridley Scott, Exodus: Dioses y reyes. Yates ha trabajado con el di­rector inglés en nueve ocasiones, incluyendo Gladiator (2000), por la que ganó el Oscar. Yates tiene una amplia tra­yectoria en Hollywood y una gran expe­rien­cia en el ves­tuario de época. Otros trabajos en esa lí­nea son El Rei­no de los Cielos (2005) y Robin Hood (2010).

La exposición abre con un vídeo sobre la producción del vestuario, del que se exhiben 40 trajes, diseñados por la figurinista, que representan tan solo una peque­ña muestra de los 5.000 que se utilizaron en la pelícu­la. La disposición de los trajes permite al visitante apre­ciar los detalles que son fruto del trabajo de talle­res especializados en diferentes partes del mundo.


Sastrería Cornejo es uno de esos talleres. En sus casi cien años de vida ha destacado por su trabajo del cue­ro. Esta empresa de producción y alquiler de vestuario de cine, teatro y televisión, ha «vestido» infinidad de películas como Los miserables (Tom Hooper, 2012), Pi­ratas del Caribe (Gore Verbinsky, 2003) o Anna Karenina (Joe Wright, 2012). En esta ocasión han confeccionado 200 trajes nuevos y han alquilado al de­partamento de Yates otros 400 de su stock de otras pro­ducciones ambientadas en la misma época.

Además del trabajo de Cornejo y otros talleres, Yates ha contado con un taller propio en el lugar de rodaje. Co­mo ella misma explica, «teníamos nuestros propios re­pu­jadores para el cuero, nuestros fabricantes de bo­tas, nues­tras costureras, cortadores, artesanos de joye­ría y bor­dadores en Ouarzazate, que se dedicaban a ha­cer rea­li­dad nuestro nuevo enfoque sobre los guardias de palacio, la Corona, los esclavos, las concubinas del harén, el ejér­cito; todo eso lo creamos absolutamente de cero».

La exposición se plantea para facilitar el conocimiento del tejido socio-económico de aquella época, a través de los distintos pueblos que aparecen en el lar­gometraje. Como explica María Ortega Cornejo, comisaria de la exposición: «La película avanza batalla a batalla, y en la exposición representamos los diferentes trajes que usaba cada pueblo que entraba en con­tienda. Del mismo modo, mostramos las diferencias en­tre gremios y capas sociales, esenciales para conocer una sociedad».

La muestra comienza con el vestuario de los hititas. Ya­tes quería reflejar la dureza y rudeza de este pueblo gue­rrero mediante prendas de cuero y esparto confeccionadas de manera muy rudimentaria. Sobre una túni­ca de algodón se encuentran un cubrearmas gua­tea­do y un delantal de cuero. Éste de forma desigual y sin ningún patrón establecido que reflejaran la arte­sa­nía de este pueblo.

Las prendas de los egipcios reflejan la riqueza de un im­perio poderoso. El uniforme de los guerreros supuso un reto de diseño y confección. La prenda que más lla­ma la atención es el peto acorazado y escamado que vis­te la caballería. Para mayor comodidad de los actores, se hicieron de plástico, convenientemente pintados y tratados para dar apariencia metálica. Para calzar a los egipcios, la diseñadora y su equipo se tomaron li­cencias artísticas, puesto que en aquella época tan so­lo existían sandalias sujetas al dedo gordo del pie o chan­clas. Este tipo de calzado era muy incómodo a la ho­ra de montar a caballo o en las escenas de batalla, así que confeccionaron unas botas de cuero. En esta lí­nea, también se tomaron un poco de libertad en la ca­ballería, vistiendo a los jinetes con un pantalón interior que les permitiera cabalgar con mayor facilidad.

Otros personajes del pueblo egipcio que se pueden ver en la exposición son los guardias y las mujeres de la corte. Los primeros se dividen en guardias de interior de palacio y exterior, guardias de esclavos, de Py­thon y de Memphis. Siguiendo una misma línea base, ca­da tipo guardia es distinguible del resto por prendas co­mo las faldetas, coracinas de escamas o corazas de cue­ro en un solo hombro. Situadas en el centro de la sa­la, las mujeres de la corte llaman la atención por la sen­cillez de sus túnicas plisadas que recuerda al Delphos de Fortuny, adornadas con joyas esmaltadas, pintadas de oro, que exaltan su riqueza y a las que la ex­posición dedica unas detalladas vitrinas.

Cornejo trabaja con tejidos naturales como algodón, li­no o sedas. Son fáciles de manipular o de teñir si es ne­cesario. Bajo esta premisa, y casi al término de la ex­posición, se presentan los trajes del ejército de Moisés y del pueblo madianita. Los primeros son una mezcla de la identidad de Moisés: a las prendas que hablan de su origen egipcio se superponen kaftanes de algodón. El exotismo oriental que Yates usa para los pasto­res madianitas se expresa con colores fuertes, rojos, ver­des, azules oscuros. Sus trajes son llamativos y se com­ponen de túnicas, sobretúnicas, mantos, tocados y distintas pulseras y collares.

La exposición lleva al espectador por el proceso de crea­ción de vestuario, de manera clara y formativa, co­mo el caso de la ambientación. Ésta consiste en man­char el traje de sangre, en envejecerlo, romperlo in­cluso. Este proceso se puede llevar a cabo en el taller y completarse si fuese necesario en el rodaje.

Un acierto es mostrar al visitante la manera de disponer las prendas que debe vestir cada figurante en una bolsa con unas detalladas instrucciones para evitar errores y lograr que se vistiesen en el orden y de la manera adecuada. Así es más fácil hacerse cargo de la complejidad de la producción de una película de es­ta naturaleza, que supone recrear unos hechos que ya se han contado en bastantes ocasiones en relatos audiovisuales y son conocidos por muchos espectadores pa­ra los que, en mayor o menor medida, el relato bíblico es conocido.

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