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Festival de Cannes 2019. Días 6 y 7. Los Dardenne no fallan

Hoy se estrena el filme de Tarantino, la esperadísima Érase una vez en Hollywood. Tras el terremoto Malick no parece fácil que una cinta pueda compararse y aunque evidentemente ambos directores juegan en ligas distintas tal vez el epígono de la modernidad sea el único que pueda privar al director de El Árbol de la Vida de su segunda Palma de Oro.

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Le jeune Ahmed de los hermanos Dardenne es una película sencilla que toca un tema mayor. El depuradísimo estilo de los directores belgas ya no depara sorpresas, aunque sigue siendo un milagro de transparencia. En esta ocasión la historia sigue al personaje del título, un adolescente francés que, fanatizado por el imán de su mezquita decide asesinar a su maestra, mujer también musulmana que en el pasado le ayudo a superar la dislexia.

Sin embargo, como es habitual en el cine de los autores de Rosetta la película evita recursos fáciles o melodramáticos. En cambio se centra en el proceso de reeducación del adolescente y gana en ritmo gracias a una cierta intriga con la cual los Dardenne ya habían experimentado en Dos días, una noche y La chica desconocida, sus dos últimos concursos en Cannes.

Hay rigor pero también suspense en el filme que sigue la línea de coherencia extrema de sus autores: actores desconocidos mimetizados con los personajes, planos secuencia, rodaje en escenarios naturales. Son las espartanas condiciones a las cuales suelen someterse ambos creadores y que tan bien les han funcionado en su carrera. En esta ocasión la historia ha de verse como una encarnación de un problema lacerante en Francia y gran parte de Europa, la nula asimilación de una importante población que reacciona odiando ante todos aquellos que no asumen su credo.

En este caso la respuesta de los Dardenne no admite eufemismos, ni medias tintas. El problema es acuciante y por tanto el discurso del filme deviene político aunque se disfrace de historia mínima.

Papicha ha sido la sensación en A certain regard. Es una película argelina con potencial para ser una apuesta segura de los Festivales de todo el mundo y supone el reverso amable a la cinta de los Dardenne. En este caso una joven se enfrenta al activismo de la manera que mejor sabe hacerlo; a través de la moda y su creatividad.

El filme es amablemente crítico y tiene todos los alicientes para complacer a una audiencia más amplia que la del cine de autor más críptico que a veces puebla el Festival.

En otro orden es llamativo el concurso de películas rodadas en 35 o 16 milímetros que siguen poblando las distintas secciones. El uso del material fotoquímico para el rodaje de dieciséis filmes que se presentan en Cannes prueba que hay una cierta resistencia de un grupo de irreductibles los cuales por razones estéticas han de ser tenidos en cuenta.  Dichos filmes rodados a la antigua pertenecen a autores modernos y rompedores como Oliver Laxe o David Eggers, también los hay clásicos como Tarantino.

El cine en el Festival de Cannes es una cuestión de estado, una llamada a la resistencia y a veces una pasión. De ese, aquel antiguo dependiente de videoclub que fue Quentin Tarantino sabe mucho.

Fernando Hdez. Barral
Fernando Hdez. Barral
Profesor de Historia del Cine y Análisis del texto audiovisual