Festival de Cannes 2016. Días 7 y 8. Los dos Mendozas

After the storm

· Se suceden las películas más esperadas de Cannes 2016, con realizadores de la talla de Koreeda, Arnold o Mendoza, aunque alguna decepcione como la presentada por los hermanos Dardenne.

Poco a poco van cayendo las películas, aunque esta especie de máquina perfecta que es el Festival apenas deje ver las costuras. Sin embargo se detecta, como en otras ocasiones, una corriente subterránea que anima a los programadores y que dota de discurso propio a esta 69 edición. En el número de junio de FILA SIETE se hará un análisis más exhaustivo, por ahora solo apuntaremos que quizá éste sea el Festival de los Resistentes, de los personajes abatidos pero nunca desahuciados, de los que reciben los golpes de la vida sin perder la sonrisa.

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Algo de eso hay en la última película de Koreeda, After the storm, un aparente cansado noir que enseguida deriva en uno de esos melodramas amables y tan caros a su director. Es curioso cómo el japonés, a pesar de las malas críticas, mantiene el discurso sin moverse un ápice, basculando en esta ocasión con maestría entre el protagonista -atípico novelista fracasado- y su anciana madre -un personaje magnífico en su retranca. A las películas de Koreeda les falta tipismo asiático, pero desbordan verdades universales. Después de la tormenta ya enuncia desde el mismo título su destilado sanador.

Está siendo un año malo para los negocios, dicen en el mercado, y sin embargo de los mejores en cuanto a cosecha cinematográfica se refiere. A las memorables Sieranevada, Toni Erdmann y Loving hay que sumar películas que, sin llegar a la maestría de las anteriores, son muy buen cine.

La notable Aquarius es lo último del brasileño Kleber Mendonça Filho. Película fina y elegante, regala un personaje magistral -interpretado por la recuperada Sonia Braga que va directa al premio a la mejor actriz con el permiso de la protagonista de Toni Eerdman. Es un estudio de un carácter femenino que va creciendo a fuego lento como símbolo de una cultura exigente y devorada por el mercado, simbolizada en la clásica historia de un deshaucio burgués.

Aquarius
Aquarius, de Kleber Mendonça Filho

Andrea Arnold -cineasta británica de marcada vocación experimental- se descuelga con American Honey, un festín visual y sonoro que documenta una kerouaciana odisea juvenil de manera impresionista. La película no es tan original como estimulante –Larry Clark hizo lo mismo hace más de veinte años- pero la catarata de imágenes y canciones es lo más rompedor que se ha visto en lo que va de Certamen.

Los Dardenne ciertamente han decepcionado. Con su Femme Inconnu se adentran en un terreno desconocido para ellos, el cine de género, aunque a su manera. La película no es desdeñable, en algunos momentos contiene cine grande que encalla donde los hermanos belgas no solían perder pie: un guion cuya estructura y trama quedan un tanto pobres.

A Brillante Mendoza, por el contrario, le sobra concreción: una vez más el director filipino se desmarca con un retrato demoledor de una Manila devastada, cuyos habitantes se embarcan en una auténtica lucha por la supervivencia. El derroche de imágenes y sonidos es explosivo y el filme quizás se exceda, aunque no deja de ser una etapa más en el camino de un realizador cuya mejor película está por venir.

Como ya hemos apuntado, la edición está teniendo buen nivel en la Sección Oficial y las Secciones Paralelas. En «Certain Regard» se proyectaba The happiest day in the life of Olli Maki, filigrana finesa en la estela de Aki Kaurismäki, cuyo blanco y negro juguetón relajaba tras los excesos mendocinos. No es una cinta mayor pero de seguro tendrá buen recorrido por festivales.

Y por la mañana, otro filme de campanillas, al que dedicaremos más espacio en próximas entregas. Bacalaureat, de Cristian Mungiu, no ha gustado tanto como su Palma de Oro de 2009 (Cuatro meses…), sin embargo el retrato de la corrupción cotidiana que expone la cinta se desarrolla con la habitual exuberancia formal del último cine rumano; hay muy buen cine en un país que se ha convertido definitivamente en protagonista del panorama fílmico mundial.

En otro orden se desarrolla el correcto actioner To hell or high wáter, que se nutre de un sólido terceto protagonista –Bridges, Foster, Pine– y una dirección briosa del británico Mackenzie. La odisea de tres atracadores de banco texanos avanza a golpe de crítica social y travellings polvorientos.

Por último, dejo constancia de la maravillosa masterclass de William Friedkin. El maestro de Chicago desgranó durante dos horas un comentario específico sobre su obra y experiencias que fue seguido con arrobo por más de trescientos estudiantes. En la patria de la cinefilia no se olvida a los clásicos.

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