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Keira Knightley protagoniza Secretos de Estado, estreno 25 de octubre

Gavin Hood dirige Secretos de Estado, protagonizada por Keira Knightley, Matt Smith, Matthew Goode, Rhys Ifans y Ralph Fiennes.

2003. Mientras los parlamentos de Gran Bretaña y Estados Unidos se plantean invadir Irak, la traductora del GCHQ (Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno) Katharine Gun (Keira Knightley) filtra un correo electrónico confidencial que insta a espiar a miembros del Consejo de Seguridad de la ONU para forzar la aprobación de la resolución para ir a la guerra. Acusada de infringir la Ley de Secretos Oficiales y con muchas probabilidades de acabar en prisión, Katharine y sus abogados se proponen defender sus actos.

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Así se presenta Secretos de Estado, la nueva película de Gavin Hood (Espías desde el cielo, El juego de Ender, X-Men orígenes: Lobezno), que llegará a los cines de España el próximo 25 de octubre. Keira Knightley (Begin Again) protagoniza este thriller, basado en hechos reales, junto a Matt Smith (The Crown), Matthew Goode (Retorno a Brideshead), Rhys Ifans (Snowden) y Ralph Fiennes (El Gran Hotel Budapest).

Hood ha llegado a comentar que «11-S, Osama, Bush, Afganistán, Powell, armas de destrucción masiva, la Oficina de Planes Especiales, Irak, Obama, ataques con drones, el Estado Islámico, Siria, refugiados, Trump, muros, falsas noticias… Han sido un par de décadas desesperantes y confusas, que han dejado a muchos de nosotros desilusionados, furiosos e inseguros. ¿Es posible fiarse de nadie? ¿Es todo demasiado complejo para comprenderlo? ¿Están muertos los conceptos básicos de integridad personal y decencia humana, esos sencillos ideales que inculcamos en nuestros hijos? ¿Es el cinismo nuestro único refugio?».

Evitar la guerra

Como hemos destacado anteriormente, Katharine Gun ocupó los titulares de la prensa británica por su filtración. En el memorándum, la Agencia Nacional de Seguridad del gobierno de los Estados Unidos instaba a la cooperación británica en una campaña de inteligencia para obtener información sobre los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, con la idea de asegurar la aprobación de una resolución de la ONU que permitiera enviar tropas a Irak. Horrorizada, Gun filtró el memorándum, que acabó llegando a manos del periodista del diario The Observer Martin Bright.

A continuación, se llevaría a cabo una exhaustiva investigación sobre la autenticidad del correo electrónico, dirigida por Bright y sus compañeros, antes de que la historia se publicara definitivamente el 2 de marzo de 2003, con el titular «Los trucos sucios de EE.UU. para ganar el voto por la guerra de Irak». Cuando su departamento se vio sometido a un intenso escrutinio, Gun confesó haber sido ella la que filtró el documento y perdió su trabajo.

«Los informantes pueden ser personas de todo tipo, pero tienden a ser gente fuera de lo común», indica Bright. «Tienden a ser individuos solitarios. A menudo, son gente bastante extraña. Katharine era asombrosamente sensata. Tenía muy claro por qué hizo lo que hizo». Como señala el periodista, Gun no filtró nada más que un único documento. «Eso es lo que la hace especial. Es alguien que decidió ponerse firme y adoptar esa postura, por la que tuvo que pagar un precio considerable, tanto en lo profesional como en lo personal».

A la vez que la prensa informaba sobre la historia, también se difundió lo que Katharine había hecho. Daniel Ellsberg, el informante responsable de la famosa filtración de los papeles del Pentágono, calificó los actos de Gun como: «la filtración más importante y valiente que he visto nunca… nadie más -ni siquiera yo- ha hecho nunca lo que hizo Gun: decir la verdad pese al riesgo personal, ante una guerra inminente y, tal vez, aún a tiempo de impedirla».

Por desgracia, los actos de Gun no evitaron la invasión de Irak ni las tremendas pérdidas de vidas que se producirían a consecuencia. Después de un año fue a juicio, defendida por un abogado de amplia experiencia, Ben Emmerson. Sorprendentemente, se retiraron los cargos, y muchos sospecharon que el gobierno sencillamente no deseaba arriesgarse a sufrir más humillaciones después de que la búsqueda de armas de destrucción masiva en Irak -una de las principales razones para ir a la guerra- resultara infructuosa.