La realidad sigue inspirando el Festival de Cine de Sevilla

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Atardecer

László Nemes lo vuelve hacer. Su cámara acompaña a la protagonista en este segundo largometraje, Atardecer, sumergiendo al espectador en el drama psicológico e intimista de Irisz Leiter interpretada por Juli Jakab.

La historia narra la búsqueda incesante de la verdad por parte de la protagonista, quien regresa a Budapest en 1913 para encontrarse con un entorno hostil que le llevará de una pregunta a otra constantemente.

Con estética y cuidada fotografía y planificación, el filme -que se desarrolla en dos horas y 22 minutos- muestra una sociedad corrompida a las puertas del peor estallido social que fue la I Guerra Mundial.

Nemes sigue escudriñando en un pasado del que forma parte y haciendo participe al espectador, mientras descubre encuadres en contraluz y también muy luminosos, a pesar de que la trama refleje a una mujer confundida y atormentada.

Muros raciales

Si la I y la II Guerra Mundial fueron episodios en que los estallidos de odio se cobraron muchas vidas, la cuestión del racismo también. En pleno siglo XXI hay dramas de violencia por discriminación racial.

Esto fue lo que motivó al director italiano Roberto Minervini a realizar el documental What you gonna do when the world’s on fire?, ¿Qué vas hacer cuando el mundo esté en llamas?

El realizador une tres relatos en una sola historia que sitúa en el sur de Estados Unidos, concretamente en las riberas del Mississippi. Allí, una mujer lucha por sobrevivir económicamente pese a su condición racial y sexual; dos hermanos se encuentran rodeados de un ambiente hostil; y el grupo New Black Panters es atropellado por las autoridades policiales cuando reclama sus derechos.

Los cantos y las expresiones artísticas autóctonas permiten al espectador acercarse a esos mundos y miradas. Mientras que el hecho de estar rodada en blanco y negro crea un contraste que al mismo tiempo aleja al espectador del relato real.

El filme recibió cinco premios en Venecia.

En serie…

La casa de Jack, la más reciente película del danés Lars von Trier, cuenta la vida de un asesino en serie, que se siente feliz con cada uno de sus homicidios, llegando incluso a compararlos con obras de artes. Ese es el punto central y sobre esa trama gira todo: guión, planificación, fotografía.

Historias de psicópatas en el cine hay para todos los gustos y colores. En esta película, además de la sangre, se desbordan el excentricismo y la violencia.

Von Trier llega a incluir fotografías de Hitler y del holocausto -no le basta con que le pusieran mala cara una vez en Cannes, quiere repetir su hazaña. También llama la atención con repetidas imágenes estáticas verticales y cuadradas con las que rompe con el formato para la proyección de películas. Un experimento con mala factura.

Rabia

Raiva en portugués significa rabia. Y de eso trata el filme de Sergio Trefaut, una adaptación de la novela Seara de Vento, de Manuel da Fonseca.

Cuando la miseria, el hambre y la incertidumbre tocan a la puerta de una familia y de un pueblo entero entran también la frustración y la rabia. Y todo esto después de una noche en que los asesinatos marcan el destino de la familia de Palma (Hugo Bentes).

La película, rodada en blanco y negro, cuida de manera particular cada imagen y fotografía, haciendo de esto uno de sus principales valores y atractivos. Le acompañan las interpretaciones de un elenco de actores que reflejan con realismo la situación del sur de Portugal en 1950.

Otra valor que hace de Raiva un sólido filme es la música, con cantos populares, y sonidos que involucran al espectador en el drama.