Lo absurdo salpica la pantalla del Festival de Cine de Sevilla

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Diamantino

Se parece pero no es

El filme escrito y dirigido por Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt no admite gama de grises: o lo amas o lo odias. Si con Diamantino, esta caricatura del jugador Cristiano Ronaldo, pretendían llamar la atención y desmitificar el fútbol y la figura, lo consiguieron. Aunque la advertencia inicial diga que no está inspirado en un futbolista real, pienso que eso, precisamente, también forma parte del chiste.

Risas hay, porque lo absurdo provoca carcajadas. Y mientras en la pantalla abundan cachorritos peludos gigantes, malvadas como sacadas de un cuento de los hermanos Grimm, modificaciones genéticas y un futbolista con una dosis de inocencia particular, unir todo eso de forma tan paradójica tiene su valor.

Con M de maltrato

De la risa pasamos al rictus cuando nos acercamos a realidades como las que nos muestra la directora francesa Yolande Zauberman en su documental M.

Su película es un retrato de abusos y cicatrices que narra la experiencia de un joven, víctima de abusos sexuales por parte de rabinos. Nada más absurdo que hacerle daño a un niño.

El rodaje y la grabación se realizaron en el pueblo de Beni Brak, capital mundial de los hebreos ultra-ortodoxos, los haredi. La cámara hace un recorrido con el protagonista y con otros valiosos testimonios de hombres que dan voz, cara y vida a esos maltratos. En ocasiones se hace reiterativo, pero es necesario reforzar la denuncia de pedofilia.

“Lo que yo conté en la película es real, existe. La verdad te exige revelar cosas y es sano hacerlo. Tenemos que despertar a la gente que siente vergüenza de decir las cosas por su nombre. Pueden denunciar que han sido robados, pero no que son víctimas de violación”, explicó Yolande Zauberman, reconocida por su trayectoria como documentalista y por premios que avalan su trabajo como el Golden St. George en el 18º Festival Internacional de Cine de Moscú.

Espiral de violencia

Buenos vecinosLa violencia llama a la violencia. Cuando se cede a ella, se entra en un laberinto del que es difícil salir. Evitarla sería lo mejor pero eso es exactamente lo que no consiguen los personajes que dan vida al filme Buenos vecinos. Su director, Hafsteinn Gunnar Sigurðsson, define la película como comedia negra.

La historia gira en torno a una pareja de vecinos que no logran limar sus pequeñas asperezas. Mientras, otro relato trata de conectarse a la trama principal, sin ninguna prosperidad. De esas disputas irreconciliables va surgiendo una venganza absurda, que se desborda en la pantalla con giros violentos, en una narración que cada vez produce menos risa.

No hay sorpresas, ni en el guion, ni en los desenlaces y mucho menos en las tomas o encuadres que nos muestran las luces y sombras de los personajes.

Tan sórdida como absurda.

Desde la chimenea

La guerra de AnaLa historia del holocausto ha sido motivo de inspiración para películas y libros. Relatos de la vida real que nos aproximan al horror del fascismo. Anna’s War o La Guerra de Anna, llega al Festival de Sevilla para acercarnos a ese conflicto a través de la mirada de una niña.

La protagonista, interpretada por Marta Kozlova, tiene que sobrevivir al exterminio militar desde una chimenea, que se encuentra en una escuela nazi. Con un mínimo de diálogos, entre personajes secundarios, la cámara se traslada a ese espacio y a la capacidad de adaptación de Anna en momentos de crisis.

El director, Aleksey Fedorchenko, cuenta que tardó veinticuatro días en rodar el filme, “lo más difícil fue hacer que Marta se comiera un tomate, tuvimos que inyectarle un líquido azucarado para convencerla. Esa fue nuestra mayor dificultad”.

La película, de duración breve, setenta y cuatro minutos, cuenta con escenas realistas, pero pierde oportunidades de credibilidad al darle siempre a la protagonista un toque victorioso. Sin embargo, lo más absurdo es y seguirá siendo, esos relatos de supervivencia al horror de la guerra.

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