La saga de 007 re­crea el espíritu que anida en las obras originales de Ian Fle­ming, conformando un universo de conspiración internacional y es­pio­naje al que se añaden dos piezas audiovisuales no origi­na­rias del escritor: la secuencia Gunbarrel y los títulos de crédito iniciales.

Para diseñar bien no basta saber la técnica ni manejar las herramientas. Como indicaba Steve Jobs, «para di­señar algo verdaderamente bien, primero tienes que en­tenderlo. Entender en profundidad de qué se trata». Los títulos de crédito constituyen para el diseñador un re­to, debido a su brevedad y a la relación que han de establecer con el argumento narrativo del filme. Para que cum­plan su fin, esto es, construyan el ambiente adecuado y actúen como pórtico de la película, es necesario que el diseñador comprenda el espíritu y la personalidad de la segunda, de forma que el diseño de la secuencia es­té impregnado de ambos.

James Bond es la franquicia cinematográfica más longeva hasta nuestros días, con veinticuatro entregas en su haber, a expensas de su próximo estreno: No Time To Die (2020). Su protagonista, el agente 007, se ha con­ver­tido en un icono a escala internacional gracias a la ges­tión creativa de los atributos que conforman su per­so­nalidad. La saga, más que una adaptación literal, re­crea el espíritu que anida en las obras originales de Ian Fle­ming, conformando un universo compuesto, entre otros ingredientes, de conspiración internacional y es­pio­naje, acción, villanos, mujeres, lugares exóticos, ele­gan­cia, tecnología y dos piezas audiovisuales no origi­na­rias del escritor: la secuencia Gunbarrel y los títulos de crédito iniciales. Una amalgama de elementos que cons­tituyen el ADN exclusivo de 007.

Desde 1962 hasta nuestros días han sido seis los actores encargados de dar vida al agente del MI6. Todos han con­tribuido a construir la imagen de James Bond que per­vive en nuestra mente. No obstante, la llegada de Da­niel Craig en 2006 marcó un punto de inflexión en el mo­do de abordar el personaje de ficción, apostando por el retorno al sujeto original, al inicio de la historia. Este em­peño por reinventar 007 se tradujo en un giro hacia un enfoque más humano del protagonista, mostrando su lado vulnerable; los rostros que formaron parte de su historia se entremezclan entre disparos, violencia, lu­chas, amor y efectos especiales, dejando en evidencia un presente sellado por la traición y su trágico pasado.

Las secuencias de títulos correspondientes a las pelí­cu­las protagonizadas por Craig, a excepción de Quantum of Solace (2008), han sido diseñadas por Daniel Klein­man. Procedente del ámbito de la publicidad, este di­rector de videoclips musicales y spots comerciales ha tra­bajado para Guinness, X-Box y Chrysler, entre otros, ob­teniendo numerosos premios por su trabajo en Ca­nnes, D&AD y New York One Show. En 1995, tras la muerte de Maurice Binder, artífice de la secuencia Gunbarrel, asu­mió el diseño de los títulos de crédito de la saga Bond, manteniendo el espíritu original. Los openings de 007 están integrados por una serie de elementos que se repiten con independencia del argumento narrativo que acompañen: siluetas femeninas, armas, violencia, for­mas gráficas en movimiento, un uso refinado de la tipo­gra­fía, y el empleo de gamas cromáticas constituidas prin­cipalmente por colores primarios, blanco y negro. De ahí que Radatz (2012) afirme que los minutos que com­ponen estas piezas audiovisuales se han convertido en género en sí mismos.

007 Créditos
Ilustraciones de barajas de car­tas. Se obser­va la semejanza con los mo­tivos que se en­cuentran en los espacios de la secuencia. Uti­li­zan el principio de simetría en la com­po­si­ción de patrones.

Daniel Craig debutó en el papel del personaje en la pe­lícula Ca­sino Royale (2006), título correspondiente al pri­mer libro de Fleming. El hilo de la secuencia de cré­ditos de apertura pivota en torno a la conversión de Bond en agente 007. Nos encontramos, ante un opening que busca eliminar todo aquello que no esté directa­men­te relacionado con el personaje de James Bond. En es­te sentido, en los fotogramas previos al mismo, asis­ti­mos a una secuencia Gunbarrel con ligeras variacio­nes res­pecto a su diseño original. Tomando como punto de partida la temática del casino, los títulos se añaden sobre espacios decorados a partir de patrones y motivos si­milares a los que ilustran las barajas de juego; las cartas, ruletas y rasgos de los palos de la baraja fran­cesa dan­zan entre disparos y armas, regalando al espectador una obra gráfica sumamente expresiva. La se­cuencia dis­curre sobre ilustraciones, colores planos, si­luetas, figuras y espa­cios bidimensionales construidos a partir del principio de simetría. Dominan la secuencia el rojo san­gre, el verde casino, el lujo dorado, los primarios azul y amarillo, y el blanco y negro inherente al es­pionaje.

A diferencia de secuencias anteriores, Kleinman elude en Casino Royale (2006) el uso de figuras femeninas, temática estrechamente ligada con la imagen de mar­ca del protagonista. La referencia a esta cuestión es mí­nima pero elocuente: el semblante de Vesper Lynd, encarnado por Eva Green, da vida fugazmente al rostro de la reina de corazones, la única mujer que gobernó el co­razón de Bond.

Lejos de mostrar un personaje estereotipado, la pieza audio­visual glosa el quid del guion del filme. Los ele­mentos gráficos, acompañados por la voz de Chris Cor­nell, que interpreta el tema principal, You know my na­me, anticipan los numerosos escollos y contrincantes que Bond deberá sortear antes de llegar a la meta. En la na­rración se aprecia un quiebro en el instante en que la cámara enfoca dos disparos sobre la carta del siete de co­razones, y aparece el siguiente mensaje: «007 status confirmed«. El ritmo trepidante de la secuencia se torna so­segado y la silueta de Bond se acerca al objetivo para mos­trar su rostro.

007 Créditos
Fotogramas de la secuencia inicial de créditos de la película Skyfall (2012).

Si Casino Royale (2006) centra su atención en la historia de amor y traición, Skyfall (2012) se remonta a los orígenes de Bond, poniendo el foco de atención en sus vivencias, en el pasado. Como indica la letra de la can­ción interpretada por Adele, Skyfall es el final y el principio, donde empieza y termina todo.

Ad hoc con este enfoque, la secuencia constituye un re­sumen conceptual de la trama del filme. Por ella discurren lugares y piezas clave, provocando en el espectador cier­ta sensación de déja vu en el transcurso de la película. Kleinman interpreta el argumento de la misma en cla­ve de introspección: los recuerdos de 007 se deslizan en­tre fantasmas, muerte, tumbas y paisajes surrealistas, de­jando al descubierto los conflictos y miedos presentes en su mundo interior.

007 Créditos
Izquierda: mancha de Rorschach. Derecha: fotogramas de la secuencia inicial de créditos de la película Skyfall (2012). En las imágenes se aprecia el paralelismo en la forma.

A diferencia de Casino Royale, que optaba por una es­tética gráfica, Skyfall recupera la fotografía digital. Las icónicas imágenes abordan la psique de Bond, tran­sitando del mundo real y objetivo, al universo inte­rior, subjetivo. Un botón de muestra lo constituyen las for­mas de Rorschach que se vislumbran tras el desdoblamiento de las figuras femeninas; o el plano con espejos, representación de sus miedos y sombras. La muerte ace­cha a cada paso, omnipresente en toda la secuencia: sen­deros flanqueados por puñales y pistolas, lápidas, des­trucción, calaveras… El azul nos sumerge en lo profundo, allí donde habitan los miedos y recuerdos. Las go­tas de sangre tiñen de rojo y muerte la mansión que sim­boliza su infancia. La violencia externa de Casino Royale da paso a un forcejeo más sutil, menos vehemente pe­ro no menos cruel.

En Skyfall la secuencia Gunbarrel está suplantada por la silueta de Bond que, pistola en mano, surge al final de un pasillo iluminado, al compás de dos acordes del tema James Bond, compuesto por John Barry y Monty Norman para la cinta Dr. No (1962). Una entrada más so­fisticada cuya función básica continúa manteniéndose in­tacta.

007 Créditos
Fotogramas de la secuencia inicial de créditos de la película Spectre (2015).

Spectre (2015) comporta un punto intermedio entre el retorno a las clásicas secuencias de Bond, selladas por ex­plosiones, contornos femeninos e imágenes sensuales, y la referencia fugaz al pasado reciente, sus aliados y ad­ver­sarios. Enlaza así con las entregas anteriores, refor­zan­do el giro en el enfoque del personaje que comenzó en Casino Royale. En este opening se entremezclan imá­genes del presente con el pasado encarnado en los ros­tros de Le Chiffre, M (Judy Dench), el villano Raoul Sil­va y la muerte de Vesper Lynd. Mientras los recuerdos se rompen en añicos al ritmo de Jonny Greenwood, el pre­sente se muestra inquietante sometido por los tentáculos que le aferran y envuelven.

La imagen del pulpo ocupa un lugar clave en la secuencia. Más allá de constituir el símbolo de Spectre, su sig­nificado se extiende al concepto de manipulación. Los cho­rros de tinta empañan y desdibujan el ayer, mien­tras sus extremidades manejan el hoy y ahora. En la secuencia se alternan colores grises, oscuros, fríos, sím­bolo del mun­do del mal oculto, con la luz que despren­den las lla­mas que emergen tras sucesivas explosiones. El re­sul­ta­do son imágenes poderosas, de fuerte contraste, di­ná­mi­cas y sugerentes.

007 Créditos
A la izquierda, fotograma de Recuerda (1954). A la derecha, fo­to­grafía de la secuencia de títulos de Spectre (2015).

La intimidante presencia de los ojos evoca la obra surrealista de Dalí, utilizada por Hitchcock en su película Re­cuerda (Spellbound, 1945), si bien difiere el contexto y concepto que encierra: la interpretación de un sueño en Recuerda, la vigilancia y el control abrumador en Spec­tre.

Casino Royale, Skyfall, Spectre: los títulos de James Bond destilan la marca, al tiempo que establecen el tono ade­cuado del filme. Pese a utilizar reiteradamente una se­rie de elementos comunes, atributos del personaje de fic­ción, su aplicación en función del argumento narrati­vo de la película concluye en piezas audiovisuales de no­table valor en el aspecto gráfico y estético, con toques de asombro y emoción. Los títulos en la saga 007 se presentan como unidad indivisible en el conjunto narrativo, alzándose como componentes distintivos de la mis­ma, etiquetados en su fidelidad al espíritu original de la obra de Ian Fleming.