Joe Hisaishi: volare, volare…

El compositor japonés Joe Hisaishi es un poeta al vuelo

El viento se levanta
El viento se levanta

Joe Hisaishi: volare, volare…

Sin él, los versos flotantes de acuarela airosa de Hayao Miyazaki, las genialidades del mejor Takeshi Kitano, las restantes maravillas del Studio Ghibli no habrían sido posibles.

Tiene 63 años. Esperamos que no se retire hasta los 85.

Y el inolvidable concierto con motivo de los 25 años de Ghibli.

En 1:38:00 se produce un momento especial: fijense en la humildad de Miyazaki, en su larga caminata por el pasillo, en que solo saluda un niño que está en brazos de su madre y le tiende la mano… Y en la reacción de Hisaishi y del público ante la sorpresa. La cara de Miyazaki sentado en un discretísmo lugar junto a su hijo Goro.

Me dan ganas de nacionalizarme japonés…

(dedicado a Laura Montero, claro. Mi maestra en animación japonesa)

Educar el gusto músical, esa revolución pendiente

¿Cuándo? Cuándo nos daremos cuenta del tremendo daño que está haciendo en España la ausencia de un programa serio de apreciación musical en la Universidad (de acuerdo, antes en los colegios, pero al menos en la Universidad)

Que en carreras como Arquitectura, Historia, Arte, Periodismo, Comunicación Audiovisual, Matemáticas, Ingeniera Naval o Medicina no existan varios cursos de Apreciación musical es sencillamente trágico. Es uno de los motivos principales por los que somos un país manifiestamente mejorable.

Porque la Música…

Soooo… Esto es una nota rápida.

Que Brahms venga en mi ayuda. Para un altísimo porcentaje de españoles el Requiem es el de Mozart. Fauré, Verdi, Berlioz, Purcell no existen. Preisner, ni les cuento. Incluso ignoramos a portentos que son paisanos. Ese prodigioso Tomás Luis de Victoria

C(o)antando historias de amor

El guitarrista del grupo McFly, Tom Fletcher, se enamora, se casa, espera su primer hijo.

El 12 de mayo de 2012 Tom y Giovanna Falcone se casaron, después de tres años de novios. El 13 de Marzo de 2014 nació Buzz MichelAngelo Fletcher.

Y su romancero de estreno de matrimonio y de paternidad-maternidad tiene mucho encanto. Y talento: en audio y en video.

Fascinante «Ida»

Quince motivos por los que sigo ido con Ida. Pasan los días y no se me pasa.

Algunas razones por las que me parece una película enorme. Cine exquisito.

1. La historia

2. El guión y su admirable sentido dramático

3. La escritura de diálogos, pura orfebrería verbal

4. La planificación, sencillamente sublime

5. La fotografía, la iluminación, en ese blanco y negro arrebatador

6. El montaje, tan preciso

7. El uso de la música. Inteligente. Inteligentísimo.

8. La tremenda calidad de las actrices protagonistas. La audacia de elegir a la debutante Agata Trzebuchowska para encarnar a Ida Lebestein.

9. La manera de empezar

10. La forma de llevar el relato hacia adelante

11. El cierre, arriesgadísimo, pero muy coherente con el resto

12. El gran respeto del director con la inteligencia y la sensibilidad del espectador

13. El formato de proyección

14. El metraje

15. Veinte o treinta cosas más que no puedo explicitar, porque les rompería la película y no quiero.

Por favor, no la vean doblada.

La palabra pluripotente de Joaquín Antonio Peñalosa

Pocos poetas como el mexicano Joaquín Antonio Peñalosa (San Luis Potosí, 1922-1999) para ilustrar aquello de que «In principio erat Verbum».

Al principio, en medio y al final. A y media y a menos cuarto. Con sol y con nubes. Con alegrías y penas.

Versos, versos, más versos. Un tobogán y un columpio y una piñata y un tiovivo

Pequeños verbos regulares que dan cuerda al corazon para seguir teniendo pies sismógrafos.

Pequeño inmenso Peñalosa. Entras y no sales.

Orden del día

Dime

si hay una taza de café más sabrosa

que estos pequeños verbos regulares:

levantarse y que la luz se te eche encima

como un baño de jugo de naranja,

sentarse al desayuno partiendo en rebanadas el otoño

dar al teléfono eficaz respiración de boca a boca

picotear la máquina de escribir por si cruza un ala

llevar a mano el encendedor, la fogata amistosa

enviar un telegrama de felicitaciones a la lluvia

poner girasoles a los ojos para seguir más cielo

cerrarlos por ver su azul cristalizarse dentro

ir por la calle con unos pies sismógrafos

registrando la ternura de la tierra,

pasar de largo bancos, estatuas, cuarteles

pararse donde estalle un silencio o un quejido

dar cuerda al corazón para que marche aprisa

decir adiós, el último

como decir los buenos días.

Joaquín Antonio Peñalosa  (Del libro Sin decir adiós)

Out of the Past

Para un servidor, Out of the Past (Retorno al pasado, Jacques Tourneur, 1947) es como una mina de diamantes.

No me canso de bajar, una vez y otra. Me dicen que Lawrence Kasdan hace lo mismo. Y me alegro porque hay cosas de Kasdan que me gustan mucho. Sigo pensando que si no fuese por él La guerra de las Galaxias sería un fiasco.

Recopilo e ilustro con imágenes algunos comentarios que se hicieron en una conversación reciente con mis alumnos de Narrativa sobre ese milagro de película obrado por Tourneur, que trabajó sobre un bellísimo guión de Daniel Mainwaring (Cain intervino, según parece), contando con la fotografía arrebatadora de Nicholas Musuraca y la asombrosa música de Roy Webb. Claro, cuando se viene de hacer La mujer pantera y Encadenados ya se puede…

«Es que no se puede llevar mejor la ropa» (parece un comentario simple, pero no lo es, a fe mía, que no lo es)

«Cielos, qué fotografía… la iluminación es formidable»

«Cuando te paras a pensar en la planificación, las sorpresas van en aumento. En las angulaciones está el expresionismo alemán con un toque americano muy personal»

«En pocas películas de cine negro hay una historia de amor tan, tan … como la que ocurre en México»

«Esas secuencias de la playa, con la voz en off de Mitchum, son devastadoras, pero también arriesgadísimas»

Comprenderán ustedes que poder estudiar en una clase de una Facultad de Comunicación películas como Retorno al pasado es un privilegio. Lo es. Compartir una joya así es un gozo. Si los alumnos se echan a volar, ni les cuento.

Tourneur podría decir lo que soñó Gerardo en 1919, con más razón que un santo:

«El lápiz que planté

alumbra la calle como un farol»

Buenas noches (con un brindis por mis alumnos madrileños de la FCOM Villanueva y por los del MGA de la Universidad de Navarra)

Oscar 2014: McQueen y Cuarón, justos triunfadores

Hagamos cuentas. La gran estafa americana, 10 candidaturas y se va de vacío. Y El lobo de Wall Street y Capitán Philips, Philomena y Nebraska: agua. De las 10 favoritas, la mitad se fueron a casa con las manos vacías.

Las más «rentables»: Gravity que logra 7 de 10 y Dallas Buyers Club, 3 de 6.

Unos premios razonables, aunque lo de premiar a buenos actores (McConaughey y Leto) por películas flojas me parece mal.

La Academia ha repartido, poniendo al chico dorado en el cartel de muchas películas.

Lo más sorprendente es el premio al guión original para Her, escrita por Spike Jonze. La película empieza muy bien, pero se desvanece como un azucarillo en el segundo acto.

Los actores galardonados fueron Matthew McConaughey, Cate Blanchett, Lupita Nyong’o y Jared Leto. Dallas Buyers Club hace doblete y me parece excesivo, porque es tan poca cosa y tan falsita…

El mejicano Emmanuel Lubezki gana por Gravity el premio a mejor fotografía, que merecía desde hace demasiado tiempo. Es sencillamente unos de los más grandes directores de fotografía de la historia del invento.

Catherine Martin, esposa de Baz Lurhmann, gana dos premios al vestuario y al diseño de producción (con Beverly Dunn) por El gran Gatsby. Lean lo que dice de su trabajo Mariam Vizcaíno

En Animación, victoria de Frozen (que gana también el premio a la mejor canción). Estando Kaze tachinu (The Wind Rises), Los Croods y Ernest & Celestine, el premio es sencillamente ridículo.

La mejor música fue la de Steven Price para Gravity

La italiana La gran belleza, de Paolo Sorrentino, mejor película en lengua no inglesa.

Y mi pronóstico (para los Oscar):

Creo que Hollywood tiene la oportunidad de premiar Gravity, una película muy suya, muy de estudio, ganando prestigio y solvencia. Y de repartir premios entre otras películas valiosas.

Si gana DiCaprio me alegraré por él, no por la película que me parece pobre, se me queda lejos de las mejores obras de Scorsese.

Yo le daría el premio a Sandra Bullock, porque hace un trabajo formidable. Cate está espléndida pero la película de Allen es poca cosa.

Nebraska es una película soberbia, soberbia. Y lo repito por si acaso. Es cine del bueno. Con un guionazo que supera al de Los descendientes, que ya era bueno. Y June Squibb qué bien está…

12 años de esclavitud me gustó, pero a los dos días me di cuenta de que se me había olvidado. No me ocurrió con Arde Mississippi. Buena película pero…

Hay dos películas que me parece asombroso que estén donde están, siendo dos mediocres telefilmes estirados: La gran estafa americana y Dallas Buyers Club. Si ganan seguiré pensando lo mismo. Cine de regional preferente. Les quitas los actores y te queda muy poco.

Lo de Miyazaki me parece tan evidente que si no le dan el Oscar… pues peor para los Oscar.

Me gustó La caza. Entendería que le diesen el premio a la película en lengua no inglesa. La belga, como saben, me parece un absoluto bluff.

Y viva el cine bueno y vivan los que no piensen como yo.

  • PELÍCULA /  Gravity
  • DIRECTOR / Alfonso Cuarón por Gravity
  • ACTOR PROTAGONISTA / Leonardo DiCaprio por El lobo de Wall Street
  • ACTRIZ PROTAGONISTA /  Sandra Bullock por Gravity
  • ACTOR SECUNDARIO /  Michael Fassbender por 12 años de esclavitud
  • ACTRIZ SECUNDARIA / June Squibb por Nebraska
  • GUIÓN ORIGINAL /  Bob Nelson por Nebraska
  • GUIÓN ADAPTADO / John Ridley por 12 años de esclavitud
  • PELÍCULA DE ANIMACIÓN /  The Wind Rises
  • PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA /  La caza de Thomas Vinterberg (Dinamarca)
  • FOTOGRAFÍA /  Emmanuel Lubezki por Gravity
  • MÚSICA / Steven Price por Gravity
  • MONTAJE /  Alfonso Cuarón y Mark Sanger por Gravity
  • DISEÑO DE PRODUCCIÓN /  Andy Nicholson y Rosie Goodwin Gravity
  • MAQUILLAJE /  Dallas Buyers Club
  • CANCIÓN /  The Moon Song (Her)
  • DISEÑO DE VESTUARIO /  William Chang Suk Ping por The Grandmaster
  • EFECTOS VISUALES /  Gravity
  • SONIDO / Gravity
  • MONTAJE DE SONIDO / Gravity
  • PELÍCULA DOCUMENTAL /  A 20 pasos de la fama

Los Oscar vuelan

Hay dos películas en los Oscar de este año que, a mi juicio, son las obras maestras de dos visionarios.

Las dos tienen en el vuelo una métafora poderosa para hablar de la vida y de lo que significa vivir.

Las películas son Gravity de Alfonso Cuarón y The Wind Rises de Hayao Miyazaki.

Al salir del cine eres consciente de que has vivido algo distinto, nuevo: que has estado en otro planeta.

Hay otras películas valiosas en los Oscar de este año, pero ninguna con estas características.

Me parece.

Carey Mulligan

En cuanto tenga un rato, las palabras. Por el momento, las imágenes de una actriz inteligente, con una rara capacidad de marcar las historias en las que participa

An education

Shame Drive

El Gran Gatsby

Silencio

Gandhi dijo que «Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena».

Y en esta revista y portal estamos de acuerdo con el aforismo.

Lo digo por si alguien, que no sea lector habitual, se extraña de nuestro elocuente silencio ante algunos estrenos.

A otro lobo con ese hueso

Ante determinados apellidos, parece que es imprescindible coger el megáfono y repetir consignas que parecen más adecuadas para una campaña de marketing que para una crítica de cine.

Spielberg, Eastwood, Allen, los Coen son pesos pesados y merecen atención, claro, pero una cosa es atención, y otra, la devoción entregada, el cheque en blanco, hagan lo que hagan..

Martin Scorsese tiene algunas películas grandes. Es un director y productor importante. Conozco toda su filmografía. Las señas de identidad de su trabajo son perfectamente reconocibles para quien las haya buscado y estudiado, sus intereses temáticos, su aproximación a la realidad y la manera de retratarla, los arcos de evolución de personajes, las opciones de planificación, el uso de la música, el diseño de producción, el montaje…. Tiene películas muy buenas, buenas, regulares y algunas claramente fallidas.

Ganó cuatro Oscar en 2007 con Infiltrados, un caso digno de estudio, porque más que un remake es una copia en toda regla del original hongkonés estrenado solo cuatro años antes. Se lo podían haber dado antes sin ninguna dificultad.

Su nueva película, El Lobo de Wall Street, me parece pobre.

Lo que cuenta me interesa muy poco y está mal contado. Narrativamente es la expresión del fracaso de Terence Winter, un experimentado guionista de series de temática similar (Los Soprano, Boardwalk Empire) que no maneja bien un largo de un metraje absolutamente desmesurado.Repetitiva, manierista y morosa, la película es un continuo ir y venir del camión de la basura: de la oficina al yate, del yate a la piscina, de Nueva York a Suiza. Tetas, culos, venas saltadas, berrea y ya.

Mucho grito, mucha musiquita para contar el desmadre de unos chorizos poliadictos y poco más. Y no, no espero viaje de redención ni gaitas parecidas. Espero una buena historia bien contada. Otros la han contado antes infinitamente mejor.

¿Dónde está la genialidad? Leonardo DiCaprio está muy bien. Sí, por supuesto. Pero es que no recuerdo una película donde no esté bien. Es un gran actor (por cierto, es productor ejecutivo de esta película, un dato interesante) y lo sabemos desde hace mucho. No hace falta que le den un Oscar para que le considere uno de los mejores actores de su generación.

Que un director tan veterano como Scorsese (71 años) se descuelgue con una película así y que las alabanzas sean “¡guay, droga y sexo, orgías a lo grande, qué maestro, que subidón, que estilo, qué cinismo, qué lucidez, qué retrato del capitalismo salvaje!” es tan ridículo como pretender que Vicky Cristina Barcelona es «otra genialidad de nuestro entrañable Woody, que nos acompaña en el camino de la vida»

Venga… a otro lobo con ese hueso.

Matas la poesía, queda la prosa

Hace años me contó Wong Kar Wai que, con mucha frecuencia, hace trabajar a sus actores con música «puesta».

Las voces de Ziyi y Leung en esta secuencia bellísima son inolvidables.

Cuando doblas la película, simplemente destrozas el efecto, matas la poesía y queda la prosa.

La sutileza se esfuma: de «Señor Ip, a decir verdad, usted me importó mucho» a «Señor Ip, le diré la verdad, yo le quería» ….

Les pongo el mismo corte, en VOS y doblado.

VOS. «Señor Ip, a decir verdad, usted me importó mucho»

Doblada. «Señor Ip, le diré la verdad, yo le quería»

The Grandmaster, Kar Wai maior

Song Hye-kyo

Se estrena en España el 10 de enero. Y me pareció maravillosa. No entiendo yo eso de que es una película alejada de los grandes temas de Wong Kar Wai, de sus acercamientos poéticos a la realidad jugando con el tiempo, adelante, atrás, ralentizado, a fuego lento, al horno, a la plancha, frito …

Basta ver unas pocas imágenes y el trailer (que es un desastre, todo hay que decirlo) para percibir que la película es Kar Wai 100%.

En una sala oscura, el espectáculo es formidable cuando te metes en la historia. Ese botón de abrigo, la madera del escalón que se abre, las fotos para detener el tiempo que pasan del color al blanco y negro virando a sepia, los vestidos, los peinados, los vuelos de los tejidos, la nieve, la lluvia, los interiores, los exteriores, el gesto firme de Gong Er afrontando la venganza en la estación ahumada consciente de que la vida se le va como el tren que pasa… Kar Wai puro, Kar Wai maior.

Obviamente el kung fu (horizontal-vertical: qué bellísima metáfora para dejar claro que de lo que se trata es de hablar del amor, de la vida y del destino, del honor) está ahí, pero no es lo importante. O sí lo será para algunos espectadores, que eso es lo bonito del cine bueno.

Yo pasé dos horas estupendas, fascinado con la narrativa operística de un director (y su orquesta)que me interesa y me apasiona incluso cuando no me gusta la partitura que tiene por delante. Me pasó en My Blueberry Nights.

Lo de la china Zhang Ziyi  (34 años, tan deslumbrante como en El camino a casa, hace 14 años ya) y la surcoreana Song Hye-kyo (32 años) y su ensamblaje asombroso con el gran Tony Leung (Hong Kong , 1962) es ballet clásico de alta escuela. Te dejan alelado.

Joan Fontaine, 5 fotos

Son cinco fotos. Es obvio, pero son cinco que he elegido y ordenado.

Cuando pongo en clase el ejemplo del encanto de un gorrión -en lo que se refiere a un casting acertado para un personaje gorrión- apelo casi siempre a esta gran actriz.

María, 1972

Así dibujó Antonio López a su hija María, en 1972.

El abrigo de paño, abrochado amorosamente por unas manos de madre que presionan y acarician el cuerpecillo blando, la seguridad de María (tan seriecitos esos ojazos que devoran el mundo), el gesto de la boca que grita: me mira quien me quiere más que a su vida

Huele a tarde de belenes y chocolate con churros y cartucho de castañas. Navidad.

Menuda película.

Malick, Wyeth, Lubezki. Madrid-Sevilla-Madrid

Invitado por la profesora María Caballero, Catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Sevilla, acudo a su asignatura en la Facultad de Filología de la Hispalense. Se llama el invento (bendito invento) Femenino plural: mujer, cine y literatura.

Y un año más caigo por allí, gracias al patrocinio de la sevillana Fundación de Estudios de la Comunicación (FEC). Y con 180 minutos por delante pensamos, soñamos las mujeres de Malick, que son siempre madres y esposas, en acto o en potencia.

Terrence Malick y sus retratos enardecidos del eterno femenino

La mujer como motor cosmológico de su universo de ficción

Claves iconográficas y estrategias narrativas

Malas Tierras / Días del Cielo / La Delgada Línea Roja /

El Nuevo Mundo / El Árbol de la Vida / To The Wonder

En la poética ensoñación del artista norteamericano (seis poemas en 40 años; uno en ciernes, recién cumplidos los 70) hay una mano tendida al espectador para que participe, para que se una a la catarsis y la expiación, para que no se quede en la butaca, esperando que le lean otra novela filmada.

Todo mi pensamiento al respecto en dos imágenes (porque esto es una nota rápida con aroma de impromptu y… moto a la espera, que no llego a un pase de prensa, gajes del oficio).

Un delantal, cochecitos de colores, bolsos: «Una familia de Tokio«

Esta foto, con Tomiko (la abuela siempre madre) que se pone el delantal para cuidar amorosamente del pequeño apartamento de Masatsugu, su hijo menor, sabiendo que su pequeño ha crecido y que la manera que tiene de quererle pasa por lo material es un compendio del alma de Una familia de Tokio.Tomiko viaja a Tokio desde su pequeña isla con el delantal en la maleta. Ay, nuestras madres… que haríamos sin ellas.

Mientras Tomiko está trabajando sola en el apartamento llega Noriko, la novia de su hijo. Es una secuencia tremenda. No se puede rodar mejor, ni dirigir a los actores con más precisión. La escritura del diálogo te estremece por la multitud de implícitos.

El vestuario elegido por Kazuo Matsuda es una sucesión de aciertos (el blusón de Tomiko, siempre joven; el bolso grande de Noriko, que es un alma gemela de Tomiko, ambas mujeres de bolso grande y corazón enorme); aciertos facilitados por la decoración de Yukio Yuzawa (miren el poster de los coches, los cochecitos de metal en la mesa encajada junto a la ventana, la estantería de bambú con los cofres de plástico, la funda nórdica y la ropa que la madre está ordenando… genial, genial).

Hay que entrenar el ojo, hay que adiestrarlo, para poder agradecer el trabajo de gente que aparece muy abajo en los créditos y que es importantísima porque hacen el arte de una película.

Diseñadores de vestuario, sastras, maquilladores, decoradores, diseñadores de producción. Artistas con todas las letras. Reverencias para todos ellos.

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Raúl Alda ha escrito el texto de esta pieza de ese programa estupendo de La 2 TVE que ha sido y es DÍAS DE CINE.

Días de cine: ‘Una familia de Tokio’

En este hermoso y sereno reportaje se aprecia levemente uno de los extraordinarios aciertos de Yamada: usar la música de Joe Hisaishi.

En el bellísimo trailer original que he seleccionado escuchamos un poco más de la partitura de un compositor capaz de transmitir muchísimo con muy poco.

El japonés es un idioma especialmente musical, es como cualquier lengua, música, pero más. Ozu lo sabía y decidió poner poca música -en el sentido común del término- en su inmensa película de 1953. Tenía unos actores con unos registros vocales portentosos.

Yamada es también muy sabio; y es consciente de que los jóvenes que verán su película necesitan la música porque no saben vivir sin ella, porque conversan menos, porque no suelen apreciar la melodía inolvidable de una conversación (las intervenciones de la abuela y de Noriko en Cuentos de Tokio son recitales líricos de altísimo nivel), porque se han olvidado de que la voz humana es el instrumento musical más prodigioso.

Hisaichi  acude a la llamada (jeje) de su amigo Yôji, y el resultado es éste: repito, intencionalmente coloco el trailer sin subtítulos: así se aprecia mejor lo que quiero señalar. Aprecien la musicalidad de las voces, los contrapuntos emocionales de la música extradiegética que sale del alma porque no aguanta más dentro…

Joe Hisaishi

De momento, mi apunte es que tengo que escribir 1000 cosas sobre el maestro (PD: en la entrada de arriba he cumplido mi propósito, pero dejo este concierto, que es un regalo para los oidos)

«Stockholm», vueltas y revueltas

El miércoles pasado pasamos un rato espléndido en un Encuentro FilaSiete en Madrid con Rodrigo Sorogoyen y Borja Soler, creadores de una película que me parece de las más inteligentes que se han hecho en España en mucho tiempo (está en cartelera; de veras, sería triste que alguien que ame el cine bueno se la pierda).

En el coloquio, alargado porque nadie quería irse, se habló de tanta cosa, con multitud de preguntas. Algunas dejaban a las claras que tenemos una juventud universitaria esperanzadora pero, por lo general, poco amiga de los implícitos, del subtexto, de la abstracción, de trabajar en la butaca poniendo el alma en los ojos y en los oidos, presta a despegarse de lo obvio, a perder pie, a levantar el vuelo por encima de lo banal.

Me sorprendió extraordinariamente que nadie (yo era el moderador y tampoco lo hice) mencionase o, mejor, gritase que ya era hora de que alguien se atreviese a contar con desparpajo, gracia y lirismo cotidiano -quizás por eso más doloroso- que necesitamos amores para toda la vida, para toda la muerte (amigos, qué poetazo es Luis Rosales).

Como ocurre con este tipo de Película con P grande, los mejores comentarios, las reflexiones más luminosas, las vueltas y revueltas apasionantes, las segundas y terceras navegaciones llegan cuando Stockholm se digiere. Y en los dos días posteriores he tenido varias conversaciones muy interesantes con alumnos y colegas profesores de Comunicación que estuvieron en el evento.

Salió a relucir el trailer y hubo división de opiniones. La mía es que, antes y después de ver la película, el trailer es maravilloso. Véanlo, por favor.

Y aprovechen, si quieren, para detenerse en un aspecto que me gusta mucho: el vestuario de la prerrafaelista Aura Garrido, el del seductor Javier Pereira. Esa trenca azul, el vestido blanco debajo con la sobrefalda de tul (ese anhelo de novia en busca de príncipe del día después en un tiempo de canallas), la rebeca negra sobre el vestido blanco roto. El gris ceniza de él, de tío que se descompone en vida, ese color de camiseta Ash Every Friday Night.

Dije, antes de despedir el encuentro, que aquel escolio exquisito de Nicolás Gómez Dávila me sabía a compendio de esta película tan bella y tan verdadera. Me lo repito ahora: «La rutina es el escenario predilecto de las epifanías».

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Comisario Hank Quinlan

En la historia del cine hay apariciones memorables. La del comisario Hank Quinlan en Sed de mal (Touch of Evil, 1958) es una de ellas.

Orson Welles, en el mejor papel de su carrera, modela un inquietante y turbador personaje.

La presentación de Quinlan, cuando llega con su coche a la escena del crimen, está precedida de su leyenda, la que difunden sus vasallos.

Esta foto de Quinlan con el mafioso Grandy (Akim Tamiroff) da unas ganas tremendas de volver a ver la película.

Un corte breve, por el momento: Quinlan en dialogo con Vargas (un formidable Chalton Heston).

Constance Towers. The Horse Soldiers

Se llama Constance Towers. Tiene 80 años.

En 1959, John Ford la eligió para protagonizar The Horse Soldiers, que en España se llamó Misión de audaces.

Mucho gustó a Ford el trabajo de esta actriz y cantante (a nosotros, también). Al año siguiente, Constance Towers repitió como protagonista de otra enorme película del maestro, El sargento negro.

Estas fotos del rodaje de The Horse Soldiers no las conocía hasta hoy. Y me han dejado turulato. Wayne, Holden, Towers y Ford. Ahí va eso.

Niebla, humo, botox

  • Cielos. Mirar los rostros de RedfordJulie Christie en Pacto de silencio te provoca un desasosiego brutal. Y evidentemente no es por su vejez. Es por el empeño en camuflarla con una cirugía estética que te deja el careto como un diálogo entre las Montañas Rocosas y las playas de Malibú.
  • Prefiero la niebla al humo. Prefiero la niebla de películas como Vivir es fácil con los ojos cerrados o Pacto de silencio al humo de Hojas de hierba, El postre de la alegría o Solo Dios perdona. Ninguna de ellas me parece una película lograda. Pero las de Redford y Trueba intentan contar algo interesante, estimular de algún modo el cerebro del espectador sin usar alucinógenos como la gratuita violencia demencial y la banalización grotesca y buenrollista de las drogas.
  • La capacidad del ser humano de engolfarse en la estupidez es terca. Y aburrida.
  • La capacidad del ser humano de engolfarse en la sabiduría es siempre emocionante. Esperen a las maravillosas Una familia de Tokio y Stockholm y verán…

¿Matar a un ruiseñor? No, que siga cantando…

Scout = Harper Lee + Mary Badham. Me ha vuelto a ocurrir. Mencionas la película como referencia y muchos no la han visto. Para alguien que se dedique al cine, de un modo o de otro, me parece muy interesante leer la novela y ver la película. Espero que sirva esta pequeña crítica.

Los que conocen bien la película y la novela pueden quedarse con estas fotos maravillosas…

La escritora Harper Lee (1916-2016) quedó tan contenta con la película que regaló el reloj de su padre a Gregory Peck, que lo llevaba con él al recoger el merecido Os­car al mejor actor.

Y no es para me­nos: estamos hablando de una de las mejores adaptaciones al cine rea­lizadas partiendo de una gran no­vela, ganadora del Pulitzer en 1961, escrita por una íntima amiga de Truman Capote (aparece en dos pe­lículas muy interesantes, Truman Ca­pote Historia de un crimen, am­bas sobre la preparación de la nove­la A sangre fría). Matar a un ruiseñor, sin ser una obra autobiográfica, se inspira en la figura del padre de la autora, el abogado Amasa Coleman Lee, muerto en 1962, el año del estreno de la película. Obviamente, Scout es un trasunto de la pequeña Nelle Harper Lee.

El mérito del resultado final hay que atribuirlo a la vis­ta del productor, Alan J. Pakula, al espectacular guión del gran dramaturgo que siempre fue Horton Foo­te (ganador del Oscar y fallecido en 2009) y a una realización muy in­teligente de Mulligan, que contó con la fotografía esmerada de Ru­ssell Harlan (baste señalar que en­tre sus trabajos señeros está la ex­ce­lente Río rojo).

La película abre con una caja llena de recuerdos mientras suena la música de Elmer Bernstein, y ya en ese momento percibes que vas a ver algo muy especial. Pocas veces el cine ha re­tratado mejor la integridad, ese con­cepto que define la nobleza de un ser humano y que ha quedado uni­do a muchos personajes de Peck, pe­ro nunca tanto como al de Atticus Finch.

Hay en la película un asombroso acer­camiento al mundo de la infancia, encarnado en los dos pequeños Finch, cada cual con una relación dis­tinta con su padre. El tercer Os­car fue para el diseño de producción, que firmaron Alexander Go­lit­zen (que obtuvo igualmente otros dos Oscar por El fantasma de la ópera y Espartaco), Henry Boom­stead (otro Oscar por El golpe) y Oliver Emert.

Malick, Dámaso, Hopkins

Malas tierras (1973)Terrence Malick tiene una poética arraigada y desarraigada a la vez, según las categorías del gran Dámaso al tratar del verso español que le toco vivir.

La capacidad de trascendencia del cine de Malick es grande porque en su relato (las historias cambian pero el gran relato es siempre el mismo) el alma fue creada para animar un cuerpo, y eso, Malick lo tiene clarísimo.

Como poeta, sabe que Dios tiene siempre las manos manchadas de barro. Un Dios que ama el barro hasta abrirle la puerta cuando llama y abrazarle al oirle decir: «hola, soy el fango, quiero ser nube»

La delgada línea roja (1998)To the Wonder -en perfecta comunión con Badlands, con La delgada línea roja, más audaz que cualquiera de sus obras anteriores- me parece una película de una capacidad de sugerencia sobrecogedora. Malick que moldea personajes y los mira entre el asombro y el desconcierto.  Y se les mete por dentro y les habla por dentro… Arraigo y desarraigo.

Abigarrada hermosura, como el título de aquel poema Pied Beauty de Gerald Manley Hopkins, que Dámaso versionó:

Gloria a Dios por las cosas manchadas.

Por los cielos, lo mismo que una vaca, berrendos,

y el punteado rosa de la trucha del río;

por esas frescas brasas que caen de los castaños,

y por las alas del pinzón,

y por esos paisajes donde la tierra en tanto

manchón, en tanto pegujal

se rompe -el redil, el barbecho, la besana-;

y en todos los oficios con su tráfago de equipos, de aparejos y poleas.

Ah, sí: en todas las cosas, opuestas y primarias, extrañas y frugales,

en todo lo que tiembla moteado, abigarrado, oscila (oh, quién sabría cómo),

con rápidos y lentos, con agrios y dulcísimos, con nítidos y oscuros,

Él, siempre, originando, procreando continuo,

Él, belleza sin cambio.

Alabadle.

____

Pied Beauty que te mancha las manos, el corazón y la cabeza. El cine de un poeta-alfarero inolvidable llamado Terrence Malick.

To The Wonder (2012)

Sandra y la escafandra

Sandra Bullock dice que su personaje en Gravity, la doctora Ryan Stone, le ha devuelto la ilusión por su trabajo como actriz. Y me lo creo.

A sus 49 años, la actriz virginiana, da un verdadero recital en la película de Alfonso Cuarón.

Un recital que incluye la danza, porque muchos de sus movimientos en ingravidez tienen una exigencia que pocas (y pocos) serían capaces de realizar.

Embutirse en un traje de astronauta y desde ahí dentro lograr conmover al patio de butacas es muy meritorio.

La voz y la mirada de Sandra Bullock, sus diálogos con ese Houston -lo apuntaba sabiamente Mariam Vizcaíno- que es una bella y sutil metáfora, son sencillamente inolvidables.

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