Oscars y música de cine

Las nominaciones a la mejor banda sonora original en esta edición de los Oscars han sido más reducidas que las de los años anteriores.

Oscars y música de cine. El talento de Mr. Ripley
Oscars y música de cine. El talento de Mr. Ripley

Oscars y música de cine

Oscars y música de cine | Las nominaciones a la mejor banda sonora original en esta edición de los Oscars han sido más reducidas que las de los años anteriores. Desde mediados de los noventa -para compensar la hegemonía en estos premios del binomio Disney-Menken a principios de la década- se crearon dos categorías diferentes dentro de la composición musical: una para las películas de comedia, musicales o de animación, y otra para los géneros dramáticos y de aventuras. Este año, tras debilitarse el éxito musico-popular de Disney (paradójicamente es más rico musicalmente), se ha vuelto a una única modalidad.

Resulta sorprendente que entre los nominados en esta edición se encuentren dos de los músicos más vanguardistas e innovadores del cine reciente: Thomas Newman (American Beauty), hijo de Alfred Newman, el gran fundador del sinfonismo clásico cinematográfico con tono americano, y John Corigliano (El violín rojo), considerado uno de los músicos norteamericanos de concierto más relevantes e influyentes de la actualidad. Newman era sin duda el músico apropiado para la visión contracultural de Sam Mendes. Su música se había identificado antes con los descensos cinematográficos a la América profunda con directores como Martin Brest o David Mamet, y con las visiones más ácidas y autocríticas de los deconstructivistas de Hollywood como Robert Altman (El juego de Hollywood).

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Asombra igualmente que John Williams (Las cenizas de Ángela) -nominado en 38 ocasiones a los premios de la Academia- lo sea este año por una partitura que desintegra y revisa los parámetros de su neosinfonismo. Con ellos, los europeos Rachel Portman (Las reglas de la casa de la sidra) y Gabriel Yared (El talento de Mr. Ripley) que han regenerado el sinfonismo de Hollywood desde la música popular europea, más sencilla y consciente, y han vuelto a dar sentido a la música en el cine. Ambos han conseguido un Oscar en las últimas ediciones de esta gala: Port­man por Emma y Yared por El paciente inglés. Las composiciones con las que compiten este año son una vuelta a la delicadeza y la sutilidad de la música en comunión con las imágenes, y El talento de Mr. Ripley, a su vez, es un condensado tratado de las relaciones entre la música jazz, la música popular y la música de concierto.

En cualquier caso es Thomas Newman quien tiene más posibilidades: estos últimos años los Oscars a la música han sido una extensión más de las grandes ganadoras (Shakespeare in love), o un premio de consolación para las que optaban a más galardones (Full Monty, La vida es bella). Todos los años hay grandes olvidados en esta categoría; este año Morricone -que obtuvo el Globo de oro por La leyenda de 1900– vuelve a ser el compositor maldito para Hollywood.

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