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«Personajes & Personas»: La belleza en el cine contemporáneo

Y de pronto, redescubrimos un cine que parecía muerto y que nos hace tanta falta

La La Land es una película de tremenda importancia. Puede gustar más o menos, pero lo que ha hecho Chazelle tiene un valor extraordinario. Por decenas de razones, en fondo y forma.

Las estrategias que ha empleado el joven director norteamericano llevan a los grandes genios del musical: Sandrich, Stevens, Donen, Minnelli y Demy. También a obras maestras de directores como Von Trier, Luhrmann y Kar Wai.

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Chazelle tiene muy claras tres enseñanzas de mi maestro Joseph Joubert (1754-1824), un tipo que se muere sin que hayan visto la luz estos tres diamantes:

  • «Solo buscando las palabras se encuentran los pensamientos»
  • «Antes de emplear una palabra hermosa, hazle un sitio»
  • «No puede hallarse poesía en ningún lado cuando no se lleva dentro»

Las decisiones de guion, casting, dirección de actores, partitura musical, vestuario, diseño de producción en La La Land son interesantes, mucho. La fotografía del sueco Linus Sandgren es muy mejorable en planificación y seguimiento, pero tiene decisiones magistrales, especialmente al aislar a los personajes cuando hacen aquello para lo que tienen un don. El montaje, en todo momento, es un prodigio de precisión, con formas de paso muy imaginativas.

Oigo retazos de conversaciones en pasillos madrileños: ella (Emma) está muy bien, él (Gosling) cumple… Gosling no cumple, Gosling está formidable. Sus reacciones (es decir, sus replicas) son modélicas. Sus gestos son inolvidables, una inclinación de cabeza, una ceja que se enarca… De nuevo, Joubert:

«Lo importante en la elocuencia y en las artes, no está en lo que decimos, sino en lo que dejamos oír; no está en lo que pintamos, sino en lo que dejamos imaginar»

El cine contemporáneo: el mundo contemplado

Koreeda, Petzold, Kawase, Bollaín, Bier, Beauvois, Cantet, Pawlikowski, Nemes, Mungiu, Sokurov, Sissako, Yamada, Miyazaki, etc. La representación de la belleza en el cine contemporáneo tiene exponentes valiosísimos. El cine está muy vivo. El momento es apasionante. Y todo se puede ver legalmente con facilidad, por muy poco dinero: el cine está más accesible que nunca.

Bresson, Dreyer, Ozu, Murnau, Ford, Hawks, Lang, Tati, Chaplin, Welles, Tarkovski disfrutarían. En Oriente y en Occidente hay una capacidad de retratar la naturaleza humana y el mundo que no deja de sorprendernos.

El caso Malick

Hay cine que no se parece a la novela, ni al teatro, ni al cuento. Hay cine poético. Las películas de Malick son poemas sinfónicos de un tipo capaz de hacerse (y de responder) las grandes preguntas sobre el ser y el mundo. Acompañarle, supone ir con una mochila en la que van lecturas, apreciación musical, cultura pictórica, vida vivida…

«La belleza no sorprende, sino colma», escribió en un escolio memorable otro de mis maestros, Nicolás Gómez Dávila. El cine de Malick te anega, te puede anegar de nostalgia de infinito. Pero para eso, hay que estar dispuesto a perder pie, a dejar de querer entender con lógica de 2+2, a abrir las escotillas y dejar que entre el agua, la naturaleza agraciada que Malick atrapa para él y para nosotros. Por el cine de Malick se pasea lo sobrenatural y las sumas se van al garete... El fuego y el agua que el mejor video-ensayista ha captado en una pieza bellísima:

Malick tiende un puente que conduce a las tierras del alma, del espíritu, al país de eso que llamamos conciencia: la capacidad única del ser humano de preguntarse por el sentido metafísico y trascendente del existir y por el peso de sus actos y omisiones. Para lograrlo, los poemas de Malick tienen una imaginería única, especialmente en el tratamiento de la luz. Las rimas que crea la música que selecciona resuenan en el interior del que entra en comunión con su cine de una manera arrolladora. Basta recordar esa barbaridad de película que es To The Wonder o la sencillamente asombrosa Knight of Cups.

El cine de Malick da la oportunidad de asistir con emoción al encuentro de solistas de ensueño (los mejores actores del mundo corren a trabajar con él en cuanto les llama) que deconstruyen el universo para abstraerlo en piezas de una belleza arrebatadora, donde todo fluye sin retórica ni palabreo. Puro impromptu audiovisual.

«Como la poesía es, a veces, incluso más filosófica que la filosofía, la metafísica es, por su naturaleza, incluso más poética que la poesía», Joseph Joubert

Pocos directores vivos más influyentes. Se cumplirá con el cine de Malick lo que cinceló el colombiano Nicolás Gómez Dávila, antes citado: «Las autéticas obras de arte estallan a espaldas de su tiempo, como proyectiles olvidados en un campo de batalla»

Musicales, un poco de contexto

¿Chazelle bebe en los clásicos?: claro. ¿Copia?: en absoluto. Chazelle es muy consciente de que Emma y Ryan cantan muy regular y bailan lo justo, pero eso mismo, hace más maravillosa su historia en estos tiempos nuestros, en que nos creemos superiores y no somos sino patéticos enanos a hombros de gigantes. Gigantes como Ginger y Fred, como Gene, Cyd y Rita, como Sandrich, Minnelli y Donen. Como un francés visionario llamado Jacques Demy.

Alberto Fijo, autor de estas líneas, además de escribir en FILA SIETE, tiene un Cuaderno de Notas, por si no tienes nada mejor que hacer…

Y tiene una cuenta en Twitter Tranquilos, solo para apuntar destellos sobre cine, arte y vida. Es decir, otra libreta, pero pequeñita. Porque si no apuntas, olvidas.Suscríbete al newsletter semanal de FilaSiete

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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor

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