El poder y el control en el Festival de Cine Europeo de Sevilla

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Dovlatov

El pasado martes hablábamos de arte a propósito de los filmes Obra sin autor y Ruben Brandt, collector, ambas en torno el mundo artístico de la pintura y el coleccionismo. El miércoles comenzó ligado aún, en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, al tema de la cultura, en particular al mundo literario pero con un tono gris que acabó por teñir toda la jornada.

La censura en la Rusia de los 70

La coproducción ruso polaca serbia Dovlatov, del director y guionista Alexey German Jr.  abarca seis días en la vida del escritor Serguéi Dovlatov, en su lucha por seguir escribiendo en medio de la caliginosa y húmeda censura del gobierno de Brezhnev, en los años 70. El film cuenta con unos ágiles e irónicos diálogos que retratan el ambiente cultural de la juventud rusa y una excelente fotografía en sepias, donde la característica niebla de San Petersburgo parece hundir a esa juventud en el limbo de la sospecha y la desesperanza.

El director y guionista ha querido ambientar su película en los tiempos de su infancia, haciendo para ello un viaje muy personal a la Rusia de las prohibiciones, y, aunque se siente más cercano a otras tradiciones de su literatura, quiso escoger la biografía de Dovlatov “por el enorme respeto que siento hacia él”.

“En los años 70 –dijo el realizador- existía en Rusia mucha gente de talento: escritores, artistas, pintores. La densidad del ambiente cultural era infinitamente más elevado que ahora. Por otro lado, sufríamos una censura que parecía guateada, de algodón. No era la represión tan cruenta de antes pero muchas personas no podían dedicarse a lo que les interesaba. Una de las películas de mi padre (el cineasta Alexey German, que conocía a Dovlatov) fue prohibida durante 14 años”.

Sorteando la censura que aún puede respirarse en la Rusia postsoviética, el director Sergei Loznitsa, que este año traía tres películas al festival, retrata con El día de la Victoria,  la celebración de la victoria del ejército rojo sobre los nazis, cada 9 de mayo en Berlín.

El dibujo que le sale es realista en exceso y aburre al espectador pese a su corto metraje. La cámara va mostrando planos de los ciudadanos que llegan al lugar de la celebración, sus bailes, sus consignas coreadas, las visitas al monumento para depositar flores. Sin apenas intervenir deja entrever un trasfondo irónico y grotesco, sobre cómo  la historia construye una identidad colectiva a través de sus contradicciones.

El control de las mafias

Sudabeh Mortezai es una directora alemana, programadora en festivales de cine y directora y comisaria de la sala de cine independiente Filmcasino en Viena. Debutó en el largometraje con el documental Children of the prophet (2006), y en ficción se estrenó con Macondo (2014). Es directora y guionista de Joy, un film que ha recibido el Europa Label Cinemas y el premio Hearst a la mejor directora en Venecia.

La película presenta a Joy, una inmigrante nigeriana que tiene que acabar de pegar su deuda a la madame para la que se prostituye en Austria y ha de hacerse cargo de una adolescente que desconoce el destino al que le abocan las mafias y se resiste a él.

Desde el punto de vista narrativo, el guion tiene sus carencias. Es lineal y predecible, yerra al dar más protagonismo a Precious, la adolescente, que a Joy en la primera parte del film. Digamos que pone su empeño en el fondo más que en la forma.

Pero en este sentido, cumple su función. Es incómoda y necesaria, y sabe jugar a la elipsis sin que pierda fuerza la realidad sufriente de esas miles de mujeres que buscan un futuro y no saben lo que les espera en  Europa.

Mortezai denuncia a todos los que forman parte de este entramado: las mafias, los gobiernos corruptos y la policía que hace la vista gorda, los clientes y quienes habiendo sido víctimas ahora se convierten en verdugos.

Otro tipo de control

El mundo del culturismo femenino tiene su público y hay un tipo de películas para ellos. Pearl, de la directora Elsa Amiel, se centra en el personaje de Lea Pearl, una mujer ambiciosa en su carrera deportiva que tiene un hijo de cuatro años al que no conoce y que pone a prueba su instinto maternal durante una competición internacional.

El duro y tantas veces inhumano entrenamiento de las atletas, el chantaje al que le someten en ocasiones los entrenadores, los sacrificios de vida personal y familiar a que les obligan, son otro tipo de control y de dominio que pone sobre el tapete este film. Pero lo consigue sólo parcialmente, porque prioriza el espectáculo hortera sobre el personaje, sus motivaciones y frustraciones.