Porque lo digo yo, de Michael Lehmann, una mirada al amor entre padres e hijos

La comedia dirigida por Michael Lehmann y protagonizada por Diane Keaton se estrena el próximo 4 de abril

Porque lo digo yo, de Michael Lehmann
Porque lo digo yo, de Michael Lehmann

Porque lo digo, de Michael Lehmann, una mirada al amor entre padres e hijos

La comedia dirigida por Michael Lehmann y protagonizada por Diane Keaton se estrena el próximo 4 de abril.

Daphne Wilder (Diane Keaton) es una madre cuyo amor no conoce límites ni fronteras. Ha criado, como madre soltera, a tres chicas estupendas —la patosa pero adorable Milly (Mandy Moore), la sensata psicóloga Maggie (Lauren Graham) y la sensual e irreverente Mae (Piper Perabo)— para que se conviertan en la clase de mujeres que cualquier madre mataría por tener. El único problema es… que les falta un pelo para estrangular a su madre. En una comedia que explora el momento de salir de debajo de las faldas de mamá, el director Michael Lehmann (La verdad sobre perros y gatos, 40 días y 40 noches, Heathers) reúne a cuatro inmensas actrices en una misma película: Porque lo digo yo.

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Con el fin de evitar que la más jovencita, Milly, cometa los mismos errores sentimentales en los que ella cayó, Daphne decide emparejarla con el hombre perfecto. Lo único que Daphne «olvida» contarle a Milly es, sin embargo, que ha puesto un anuncio en una página de contactos en Internet para encontrarlo. Si alguien sabe exactamente lo que su hija necesita y lo que no necesita de una relación a largo plazo, esa es Daphne. El caos cómico evoluciona a medida que Daphne continúa metiendo la pata, siempre con la mejor intención… y todo ello en nombre del amor por su adorada hijita.

Cómo nació Porque lo digo yo

La idea de Porque lo digo yo surgió de una revisión dental rutinaria. La coguionista Karen Leigh Hopkins estaba haciendo tiempo en la sala de espera, cuando no pudo evitar escuchar la historia de una madre que estaba orgullosa de concertar para su hija citas con aquellos hombres a los que consideraba un buen partido. «Me pareció un concepto fascinante», recuerda Hopkins. «Delante de mí tenía a una madre que quería desesperadamente ver a su hija casada pero que veía que su pequeña tomaba siempre decisiones erróneas en lo que a los hombres se refiere. En nombre del amor, había decidido ocuparse personalmente del asunto y perseguir descaradamente a pretendientes para su hija a través de Internet… sin conocimiento de ésta. Recuerdo que pensé: ‘esto tendría posibilidades ilimitadas en una película».

Por entonces, Hopkins estaba trabajando con la coguionista/productora cinematográfica Jessie Nelson en otro proyecto. Pero una vez que esta idea de una casamentera de los tiempos modernos se apoderó de la imaginación de ambas, se dieron cuenta de que ese era el rumbo al que querían poner proa su atención y sus esfuerzos creativos. Nelson comenta que «todo el mundo tiene madre y, aunque cada relación madre/hijo es única, no me cabe ninguna duda de que todas las madres del mundo quieren ver a sus criaturas sanas, felices, triunfadoras y enamoradas de la persona idónea. Las posibilidades cómicas de una madre metomentodo son inagotables y además, basándolo en hechos de la vida real. Todo el mundo podía sintonizar con ello, motivo por el que, una vez que comenzamos a avanzar, el proyecto cobró un gran impulso».

A la hora de escribir el texto, las guionistas sólo querían que el público viera reflejada su propia existencia. Para Nelson, «esta película va de unos personajes con muchos defectos que aprenden y crecen y se hacen la pascua. Pero en el fondo se quieren muchísimo. La dinámica familiar encierra cierto componente de hilaridad. Cuando se pelan las múltiples capas de cebolla de cualquier familia, sin duda aparecen elementos de comedia negra. A fin de cuentas, nuestra película trata de lo insensato que es el amor, ya sea amor de madre, amor filial o amor romántico. La verdad es que es un follón imposible, pero ¿no es eso lo que hace que sea tan fantástico?»

Tras leer el guión de Nelson y Hopkins, Paul Brooks, presidente de Gold Circle Films, firmó el contrato para que su empresa desarrollara, financiara y produjera Porque lo digo yo. «Me pareció que el guión era muy divertido, tierno y comprensible», señala Brooks. «Tengo mujer y una hija y siempre me ha fascinado su relación. Poseen una dinámica tan diferente a la de los hombres… Creo que las mujeres conectarán inmediatamente con esta película y sus personajes; y los tíos como yo, que tienen esposas, madres e hijas, entenderán mucho de lo que sucede en ella… ¡y quizás incluso desarrollen un sentimiento de comprensión!»

Con un socio de producción ganado para la causa, el equipo comenzó a buscar un director con la sensibilidad necesaria para contar esta historia. Y aquí es donde entra en escena Michael Lehmann, un cineasta cuya obra incluye el famoso clásico de culto Heathers y comedias románticas que van de 40 días y 40 noches a La verdad sobre perros y gatos. Al igual que a Brooks, a Lehmann le intrigaba el enfoque del guión en torno a la dinámica de los lazos madre/hija. «Evidentemente, nunca he experimentado esta clase de relación de primera mano», explica, «pero tengo dos hermanas y mujer e hija, de manera que me he visto expuesto a ella durante toda mi vida. Sé que es una relación riquísima y me pareció que la historia la ilustraba de un modo muy realista».

Preparados para elegir el reparto de Porque lo digo yo, lo único que necesitaban era tres hijas guapísimas y con talento y una mami a un tiempo adorable, exasperante y sexy para completar el elenco.

Keaton y sus nuevas hijas

La coguionista/productora de la película, Jessie Nelson, conoció a Diane Keaton en la escuela primaria de Los Ángeles a la que asistían sus hijas. «Nos hicimos bastantes amigas porque nuestro nexo era la maternidad», recuerda Nelson. «Fueron nuestras hijas quienes nos reunieron… un caso en el que es el arte el que imita a la realidad. En el fondo de mi amistad con Diane subyace ese cimiento común del intenso amor que sentimos por nuestros hijos. Así pues, me ha resultado especialmente grato que podamos explorar ese terreno juntas en una película». Nelson comentó con Keaton el guión que había coescrito y la actriz le pidió una copia. Tras leer el guión, Keaton aceptó protagonizar el proyecto en el papel de la super-madre de todas las madres, Daphne Wilder.

Nelson y Hopkins supieron de inmediato que habían encontrado en Keaton a la perfecta encarnación de Daphne. Y, afortunadamente, también habían encontrado una sólida colaboradora. Hopkins recuerda los apuntes sobre el guión de Keaton: «las aportaciones de Diane al guión me resultaron sumamente sugerentes porque estaba muy metida en la historia. Sus notas eran un bello ejercicio de reflexión y ella sabe muy bien tanto lo que hace como lo que es capaz de hacer». Por su parte, Keaton sintonizó automáticamente con Daphne. Tras leer el guión, a la actriz le intrigó la caída de su personaje en la locura cómica, mientras intenta dirigir las vidas de sus chicas.

El director Lehmann valoró que su estrella se hiciera inmediatamente con el personaje de Daphne. «Estaba claro, por la forma en la que el guión estaba concebido y por la forma en que el personaje estaba escrito, que le iba a la perfección a la cadencia y sentido del humor de Diane», refiere. «Diane estuvo perfecta. Cuando vino y la escuchamos leer sus líneas por primera vez, supimos que era exactamente la clase de interpretación que uno imaginaba al leer el guión, aunque Diane finalmente consiguió extraerle muchísimo más».

Con Keaton a bordo, a continuación, el equipo artístico se afanó en encontrar un trío de mujeres jóvenes que encarnara a las hijas de Daphne: Milly, Maggie y Mae. Con un personaje tan fuerte como el de Daphne, no iba a ser sencillo encontrar tres personalidades a un tiempo magnéticas y con las que poder identificarse, que además pudieran tener la química adecuada como hermanas y que, rizando el rizo, resultaran creíbles como hijas de Daphne. «A la primera a la que elegimos fue a Mandy Moore«, explica Nelson. «No queríamos tener a las demás hermanas hasta que supiéramos quién iba a ser Milly. Mandy vino, hizo una prueba fantástica y reinventó a Milly. Tiene ese aire de hermosa pureza y vulnerabilidad, y creímos que resultaría interesante darle a su personaje ese matiz». Moore admite que sus deseos de interpretar el papel tuvieron mucho que ver con Keaton. «Poder trabajar con ella haciendo lo que sea es sencillamente increíble», afirma. «No es sólo que trabajando con Diane quieras mejorar tu nivel; sucede de manera automática. Haría de chica de los recados o de peluquera o maquilladora con tal de estar en una película con ella». La actriz también valoró la honestidad con la que el guión aborda el vínculo madre/hija. «La relación de Daphne y Milly me recuerda mucho a la mía con mi madre», reflexiona Moore. «A veces me pone de los nervios, pero al final… somos muy amigas y nos queremos un montón».

Una vez que tuvieron a Moore para interpretar a Milly, la producción buscó a la actriz perfecta para el papel de la hija mayor de la familia, Maggie. Nelson apunta que «cuando vimos a Lauren Graham, supimos que sería perfecta para el personaje de Maggie, una mujer que lo ha visto todo y lo ha probado todo, perfectamente capaz de abrirse camino». Graham, al igual que Moore, tenía muchísimas ganas de trabajar con Keaton. En sus propias palabras, «una querría ser una hija de mentirijillas digna de una agudeza y un talento tan increíbles. Diane es muy sensible y consciente, un ser humano sumamente amable».

La siguiente de la lista, para el papel de la hija mediana –la asilvestrada Mae– sería la versátil Piper Perabo. «Piper aportaba unas cualidades muy singulares a este grupo de mujeres; sabíamos que sería perfecta», explica Nelson. «Con ella redondeábamos una familia maravillosa y muy interesante». Lo que más sorprendió a Perabo fue el compañerismo que encontró en el set con las coprotagonistas Moore y Graham. «Nos reíamos y parloteábamos hasta un segundo antes de que la claqueta», recuerda.

Otra cosa que también captó el interés de las recién elegidas chicas Wilder fueron los diálogos que Hopkins y Nelson habían creado entre las mujeres de esta historia. Porque lo digo yo es una película repleta de conversaciones femeninas sin tapujos sobre sexo, maridos, novios, compras y la emancipación de la mujer. El hecho de que las actrices hubieran conectado fuera de cámara consiguió que las escenas transmitieran una sensación si cabe más orgánica. En particular, parte de los diálogos subidos de tono del guión resultaron bastante reveladores para Moore. Recuerda entre risas que «no suelo hablar con tanta franqueza con mi madre y mis amigas sobre anatomía y todo eso… al menos, no como estas mujeres. Pero creo que resulta divertido ver en la pantalla de qué suelen hablar otras mujeres y en qué términos lo comentan».

Una vez elegido el elenco femenino, el equipo artístico se puso a buscar los rostros que encarnarían los principales papeles masculinos de Johnny y Jason, los pretendientes diametralmente opuestos de Milly. Lehmann, el director, lo explica en estos términos: «Cuando acepté hacerme cargo de la película, me di cuenta de que el mayor desafío desde el punto de vista de la elección del reparto serían los papales masculinos. Se trata de roles muy bien definidos. Los chicos ocupan una parte de la película y son fundamentales a la hora de contar la historia. No obstante, en diversas escenas han de mantenerse en un segundo plano con respecto a las chicas. Quería asegurarme de que eligiéramos a actores capaces de dar lo mejor en esa clase de papeles».

En primer lugar, se eligió a Gabriel Macht para el bohemio calavera de Johnny, un hombre de quien Daphne censura que ‘lleva escrito en la cara que es un fullero’. Los productores señalan que una de las cosas más difíciles para Keaton fue actuar cruelmente con Gabriel en el papel de Johnny. «Fue el primer actor al que hicimos una prueba para encarnar a Johny«, recuerda Lehmann, «y Gabriel sencillamente ‘clavó’ el papel en su primera lectura».

Macht estaba deseoso de trabajar con Lehmann. «Michael había dirigido una de mis películas favoritas, Heathers, y varios episodios de The Larry Sanders Show, que es una serie genial», comenta el actor. «Sabe mucho de comedia, sabe cómo sacarte la carcajada. Yo me limité a seguir al pie de la letra sus indicaciones».

Para el rol de Jason, tan serio y conservador, los productores acudieron al casting sin ideas preconcebidas, dispuestos a ver las interpretaciones de un montón de actores. «La de Tom Everett Scott no fue la primera prueba para el papel», señala Lehmann. «Pero sí que fue el que llegó y nos lo definió. Me pareció importante que Jason no fuera una mala persona. Eso hubiera simplificado en exceso las cosas y no hubiera sido fiel a la realidad. Si lo hubiéramos hecho así, Milly no tendría nada que elegir. Queríamos que Tom interpretara a Jason como alguien que en el fondo es buena gente, sólo que no es la decisión adecuada para Milly. Tom lo enfocó extraordinariamente bien; nunca cayó en la trampa de hacer de ‘malo, malísimo».

Por último, el equipo confió en Stephen Collins – muy conocido por su dilatada trayectoria como Reverendo Eric Camden en la serie Siete en el paraíso- para dar vida al toscamente apuesto Joe, padre de Jason y nuevo interés sentimental de Daphne. Sobre su decisión de aceptar el papel, Collins habla muy claro: «Venga, hombre… ¿voy a besar otra vez a Diane y encima me pagan? ¿Dónde hay que firmar?»

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