· Múltiple, su último trabajo, cumple igualmente con este paradigma de Shyamalan. El cineasta estadounidense de origen indio recupera terreno en lo que a prestigio se refiere.

Cuando Manoj Nelliyattu Shyamalan nació en Pondicherry (India) el 6 de agosto de 1970, nadie hubiese imaginado que en poco tiempo se convertiría en uno de los cineastas más rentables y populares de Hollywood. También en uno de los peor tratados por una prensa dividida entre los que le consideran un maestro y los que le desprecian como un creador sobrevalorado.

Los datos sobre el rendimiento en taquilla de sus películas son impresionantes.

Más allá de los incontestables datos económicos, la carrera cinematográfica de este cineasta tiene un comienzo fulgurante con El sexto sentido, su primer gran éxito comercial después de dos películas de coste mínimo pero muy personales y valiosas: Prayer with Anger (1992) y Los primeros amigos (Wide Awake, 1998).

El sexto sentido
El sexto sentido (1999) consagró las carreras de Bruce Willis y el adolescente Haley Joel Osment

«En ocasiones, veo muertos» se convirtió en una de las frases más famosas de la Historia del Cine. El sexto sentido (1999) reformuló el maltrecho género de thriller terrorífico y consagró la carrera artística de Bruce Willis, Toni Collette y el adolescente Haley Joel Osment. Hollywood puso el foco en el joven director y guionista con seis nominaciones a los Oscar (incluidas las categorías de película, dirección y guion).

Sin haber cumplido los 30, a Shyamalan se le comparaba con Hitchcock o Spielberg. Y aquello, para muchos, era imperdonable. Más aún cuando su siguiente película suponía una audaz y muy arriesgada vuelta de tuerca al cine de superhéroes. El protegido (Unbreakable, 2000) hacía equilibrios entre varios géneros y profundizaba en uno de los temas favoritos de Shyamalan: el conflicto de un ser «elegido» que debe asumir quién es para «salvar».

Un sello inconfundible

Después vendrían Señales (2002), El bosque (2004), La joven del agua (2006) y El incidente (2008), cuatro obras que cubren la primera década del siglo XXI en las que Shyamalan huye de la mayoría de los tópicos visuales y argumentales utilizados en el fantaterror mientras consolida un sello personal, una autoría difícil de cuestionar. Los largos planos-secuencia, el uso de la elipsis y las tramas originales, no seriadas ni esclavizadas por la trepidación permanente, son algunas de sus señas de identidad.

La joven del agua
Brice Dallas Howard y Paul Giamatti en La joven del agua (2006)

«Sin haber cumplido los 30, a Shyamalan se le comparaba con Hitchcock o Spielberg.
Y aquello, para muchos, era imperdonable»

En sus películas la violencia y el sexo están implícitamente presentes, pero Shyamalan no cae en la tentación de mostrarlos ni servirse de la explicitud como recurso. Como Hitchcock y Lubitsch, es consciente de que lo que no se muestra es más poderoso porque la imaginación del espectador suple. Shyamalan cuida sus personajes poliédricos, de perfiles elaborados, que dudan y evolucionan de manera compleja y apasionante. No hay finales felices convencionales, tampoco desen­laces perfectos en los que todo queda cerrado. Hay apertura al misterio, a la trascendencia. La apelación a la esperanza resulta muy clara en Mis primeros amigos, Señales y El protegido. Shyamalan (que estudió interno en un colegio católico) habla a través de sus personajes de Dios, la muerte o el sentido del sacrificio.

Dos giros inesperados

Después de 10 años de éxitos encadenados (todas sus películas en esta época ganan mucho dinero con excepción de La joven del agua, que tan solo recupera lo invertido), Shyamalan cambia de rumbo misteriosamente. Empieza a hacer superproducciones que triplican sus presupuestos anteriores con guiones ajenos muy deficientes. Airbender y After Earth fueron títulos indefendibles aprovechados por los más críticos para llegar a calificar a su director como un veneno para la taquilla.

«Dice Shyamalan que su cine ha ido evolucionando según han ido creciendo sus hijas. Ahora ellas son jóvenes adolescentes como las protagonistas de su última película»

Fue un tiempo de crisis y reflexión, dos años sin estrenar. En 2015, el director regresó con la serie de televisión Wayward Pines: no logró especiales entusiasmos de público y crítica. Más éxito tuvo con La visita, una película de terror cuasi-documental rodada con un presupuesto mínimo (5 millones de dólares) y actores desconocidos que obtuvo buenas críticas y excelentes resultados en taquilla (98 millones).

Múltiple
James McAvoy en Múltiple

Con Múltiple, Shyamalan ha vuelto a ser el cineasta incontestable en taquilla y un pez gordo de la industria. Apenas 9 millones invertidos y por ahora casi 150 ingresados con una película distinta, cruel y con un protagonista camaleónico brillantemente interpretado por James McAvoy. Dice Shyamalan que su cine ha ido evolucionando según han ido creciendo sus hijas. Ahora ellas son jóvenes adolescentes como las protagonistas de su última película. Pero ahí no se acaba la evolución. El cineasta es alguien muy distinto que aquel que nos sorprendió con El sexto sentido o El protegido.

Ahora es un cineasta menos esperanzado, con personajes más tenebrosos y menos contrastes, con un desarrollo más limitado. Continúa siendo un director imprevisible, con imaginación en sus argumentos y en la planificación, pero sus películas no deslumbran ni se quedan en la memoria como antes. Ahora entretiene, incluso impacta más que antes, pero no remueve ni provoca la fascinación de sus primeros tiempos.

Por otra parte, el cine y la televisión del género fantástico y de terror ha evolucionado mucho gracias a directores como James Wan, Matt Reeves, Christopher Nolan, Drew Goddard, Denis Villeneuve o los hermanos Duffer y títulos como Origen, Déjame entrar, Stranger Things, The Conjuring, The Leftovers o La llegada. Veremos cómo evoluciona Shyamalan en este nuevo panorama. Que recuperara la vitalidad y el brillo en fondo y forma de su mejor cine sería una estupenda noticia.

Shyamalan