Docente e investigador en la Universidad Rey Juan Carlos, integrante del equipo de expertos que realiza cada año el libro Cine Pensado, Pablo Alzola considera una de las claves de la última película de Terrence Malick, al que ha estudiado con profundidad en un libro de próxima aparición, El cine de Terrence Malick. La esperanza de llegar a casa. Vida oculta (A Hidden Life) se estrena en España el próximo 7 de febrero.

Es propio del buen cine exigir al espectador que esté atento desde el comienzo de la proyección; la razón de esta exigencia es que una película nos adelanta en sus primeros minutos todo lo que nos va a contar después. El último largometraje realizado por el cineasta Terrence Malick, titulado Vida oculta (A Hidden Life, 2019), empieza con una serie de imágenes que cualquier cinéfilo reconocerá, y que no han sido filmadas por Malick, sino por la directora alemana Leni Riefenstahl en 1934. Provienen de la película El triunfo de la voluntad (Triumph des Willens, 1935), donde Hitler es retratado como un mesías que, literalmente, desciende del cielo de Núremberg para traer la salvación al pueblo alemán.

Entretanto, escuchamos una parte de Israel en Egipto de Haendel y, cuando las imágenes se desvanecen, unas palabras nos dicen que todo soldado de la Austria anexionada por el Tercer Reich era obligado a jurar fidelidad a Hitler. Con estos pocos elementos el filme nos plantea el alcance del conflicto que atravesará su protagonista, Franz Jägerstätter, un campesino austriaco que decidió no jurar fidelidad a alguien que se había puesto a sí mismo en el lugar de Dios y que reclamaba de sus súbditos fidelidad incondicional. Para Franz, que había vuelto a la fe católica gracias a Fani, la mujer con la que se casó, aquello era como rendir culto a los dioses extranjeros con los que el pueblo de Israel se había topado durante su estancia en Egipto. «Adoramos a dioses extranjeros», reconoce el personaje del alcalde de Radegund, el pueblo donde vive Franz.

Nos encontramos frente a una película cuyo centro de gravedad es la conciencia de su protagonista. En un valioso artículo escrito para L’Osservatore Romano, Jean-Pierre Sonnet dice que «Vida oculta es enteramente una película sobre un drama de conciencia, y somos llevados directamente al santuario de la conciencia de Franz«. Es significativo que Sonnet describa aquí la conciencia como un santuario pues, efectivamente, la conciencia en la que se sumerge el espectador del filme no es solo la fuente de las decisiones éticas sino, principalmente, el lugar donde habita Dios, como habitó en la tienda del encuentro durante el éxodo de Israel y, más tarde, en el templo de Jerusalén.

Vida oculta (Terrence Malick, 2019)
Vida oculta (Terrence Malick, 2019)

Podríamos decir, en este sentido, que Vida oculta es la historia de alguien que decide dar posada al Dios que ha sido expulsado de muchas otras conciencias. Franz acepta ser arrestado, encarcelado, privado de su familia y de su hogar para, paradójicamente, preservar ese hogar que es sustento de todos los demás hogares: el santuario de la conciencia, el hogar de Dios. Cuando el personaje se encuentra en la prisión de Tegel, hay una secuencia donde -a través de los movimientos de cámara y de la voz en off– la película logra trasladar al lenguaje cinematográfico la oración de Franz, en la que se refiere a Dios como luz, como roca, como Padre, guía, Espíritu. Es como si el espectador mismo fuera invitado a habitar en su conciencia, rezando con sus mismas palabras.

Más allá de la acción dramática, Vida oculta es una indagación sobre la capacidad del cine para convertirse en una morada en la que podamos adentrarnos, donde podamos permanecer durante el tiempo que dure la proyección. Por un lado, Malick ha convertido la pantalla de cine en el umbral de la conciencia de Franz: no porque su conciencia se encuentre plasmada en las imágenes sino, más bien, porque todo lo vemos desde los ojos de su conciencia, tal y como si fuera la nuestra. Así moramos en la película, habitando en la conciencia del protagonista y asomándonos al mundo desde ella.

Vida oculta (Terrence Malick, 2019)
Vida oculta (Terrence Malick, 2019)

Por otro lado, la naturaleza retratada por Malick, de gran belleza, es también una morada en la que podemos permanecer. «Franz, te encontraré allí, en las montañas», le dice su mujer cuando sabe que él ya ha sido ejecutado. La presencia que este cine trata de descubrir, tanto en la conciencia como en el mundo, es la misma en ambos casos: una presencia misteriosa que resplandece a través de todas las cosas, dándoles una realidad que de otro modo carecerían, y las hace verdaderamente habitables. Es «la presencia y la figura» que buscaba con sus versos san Juan de la Cruz, y que Terrence Malick continúa buscando con su cine.

Pablo Alzola