BSO Enemigo a las puertas

El curriculum de James Horner como compositor es amplio, pero su fama creció vertiginosamente a raíz del Oscar que recibió por la banda sonora que compuso para Titanic. Recientemente hemos podido oír el trabajo musical que ha elaborado para la película Enemigo a las puertas, dirigida por Jean Jacques Annaud y protagonizada -en sus principales papeles- por Jude Law y Ed Harris. Se trata de una banda sonora de intenso sabor épico, con una aparatosa orquestación. También, para conferir más dramatismo a la película, Horner ha introducido un coro en la orquesta.

El acierto de una banda sonora estriba, fundamentalmente, en su capacidad de fusión con el largometraje, de modo que dote a la película de muchos valores connotativos y consiga arrancar en el espectador una serie de sentimientos y afectos que las imágenes, por sí mismas, no podrían expresar. En Enemigo a las puertas, la música ha de entenderse en un contexto de intenso dramatismo bélico, en este caso la batalla de Stalingrado.

Demasiado evidente resulta el uso que Horner ha hecho de los redobles de tambor, en su intento de unir melodía y ritmo y mantenernos dentro de un clima de conflicto bélico. Los crescendos se suceden continuos y producen en el receptor la lógica sensación de tensión y nerviosismo. Sin embargo, cuando la intensidad sonora parece llegar a su punto culminante y la orquesta amenaza con explotar, la melodía se torna apacible, creando bruscos contrastes que desconciertan al desprevenido oyente. Así, de una música fuertemente agitada y con una gigante orquestación, se pasa a la melodía más sosegada, que a su vez se mantendrá como período brevísimo de transición hacia nuevas convulsiones sinfónicas. También los silencios musicales se van jalonando inesperadamente por toda la película, otorgando una inevitable sensación de vacío. Por último, en su afán de recordarnos la evidencia belicista de la película, hay un abuso de incisos de instrumentos de viento (trompetas, trombones, etc.), tan frecuentes como aburridos.

Desde luego, estamos ante Horner poco inspirado, que esta vez nos deja una música monótona y poco original: apenas existen variaciones melódicas y uno no logra evitar el recuerdo recurrente del tema principal que John Williams compuso para La lista de Schindler. Y así, bajo la repetitiva melodía, conviven una cierta pereza y una escasa creatividad.

Álvaro Rosa