Como bien se refleja en Coco, la música es­tá ahí, diciéndonos que no debemos dejar de lado uno de los grandes remedios para la calidad de vida.

Coco es mucho más que una gran película. También es mucho más que una gran película cuyo núcleo es la mú­sica. Coco es, quizá, la primera cinta de animación que puede incorporarse a la selecta lista de películas que sirven para acercarse a ese misterio insondable que es el sentido profundo de la música. «Nunca subestimes el poder de la música», dice la voz en off de Ernesto de la Cruz. Coco es otro canto al poder de la música, es otra llamada de atención para que no pensemos que este mun­do puede funcionar sin que la música tenga el protagonismo que es debido. Pero, ¿cuál es esa lista selecta de películas capaces de decir, por el arte de la magia de la combinación de sonido e imagen en movimiento, lo que no es capaz de explicar un voluminoso tratado de mu­sicología?

No es una lista cerrada, faltaría más. Vayamos desgranando algunos títulos que, a nuestro entender, son imprescindibles. Deleitémonos recordando esos fragmentos de filmes de los últimos años que parecen conseguir lo im­posible: explicar qué es la música. La primera de esa lis­ta podría ser Tous les matins du monde (Todas las mañanas del mundo, Alain Corneau, 1991). Esta pelícu­la es especialmente apropiada para empezar el repaso, porque tiene mucho en común con Coco, ya que relaciona el poder de la música con la muerte y el más allá. Inclu­so el protagonista es hijo de zapateros. La música del ma­estro Saint Colombe hace surgir a la esposa difunta y, en el clímax de la historia, cuando por fin el guion pre­tende condensar en muy pocas palabras el sentido úl­timo de la música, nos hace escuchar la frase que llena de emoción a quien busca la respuesta a la pregunta so­bre el significado de la música: «La música sirve para hon­rar a los muertos».

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El artículo completo puede leerse en el nº 193 de FilaSiete (marzo 2018).