Federico Fellini era consciente de que ni las palabras ni las imágenes serían suficientes para transmitir la esencia de la historia.

El 20 de enero de este 2020 se cumplieron cien años del nacimiento de Federico Fellini, «el más musical de los directores de cine», según el profesor británico Richard Dyer. Una buena ocasión para hablar de una cinematografía en que la música tiene un protagonismo casi excesivo. Bue­na ocasión también para hablar de uno de los míticos tándems director-compositor. El compositor, como mu­chos lectores han adivinado, es Nino Rota, que, además de toda la música que compuso para Fellini, firmó par­tituras cinematográficas tan célebres como la de El Pa­drino (The God­father, Francis Ford Coppola, 1972).

En Rimini, ciudad natal de Fellini y escenario más o me­nos modificado de películas enteras como Amarcord (1973) o I vitelloni (1953), o de escenas de otras obras maes­tras como Otto e mezzo (1963), los eventos se han ido sucediendo desde hace meses para conmemorar a uno de sus hijos más ilustres, y aún permanece abierta la exposición «Fellini 100». Precisamente uno de los reclamos de la muestra es la presentación por primera vez al público de los cuadernos de notas con los que Nino Ro­ta preparaba la música de las películas de Fellini. Pe­ro los homenajes a Fellini se han extendido a múltiples ciu­dades, y con gran éxito; como botón de muestra, los 10.000 espectadores de la retrospectiva de Fellini en la Fil­moteca de Cataluña.

La colaboración entre Fellini y Rota es un caso único en la historia del cine. Solo la muerte de este último pu­do poner fin a una relación profesional que había em­pezado en 1952, cuando Nino Rota fue el encargado de componer la música para Lo sceicco bianco. Era la pri­me­ra película que Federico Fellini dirigía en solitario, después de haber filmado, en colaboración con Alberto Lattuada, Lu­ci del varietà. Desde entonces, y hasta la muerte del mú­sico, Nino Rota fue el autor de la música de todos los filmes de Fellini.

Fellini tuvo siempre palabras muy elogiosas sobre lo mu­cho que Nino Rota aportó a sus películas: «El más va­lioso de todos mis colaboradores, puedo contestar sin ne­cesidad de reflexionar, fue Nino Rota. Entre nosotros hu­bo enseguida un entendimiento pleno, total, desde el Scei­cco bianco, primer filme que hicimos juntos. Nuestro entendimiento no tuvo necesidad de ‘rodaje’. Yo me ha­bía decidido a ser director y Nino era ya la condición pa­ra que siguiera siéndolo».

La música como portadora de significado

Fellini era especialmente consciente de que en muchas ocasiones ni las palabras ni las imágenes serían su­fi­cientes para transmitir la esencia de la historia. Necesitaba un compositor con el que fuera capaz de entenderse a la perfección; un compositor que tuviera a la vez una gran categoría artística y una gran humildad; un com­po­sitor que supiera entender el papel muchas veces se­cun­dario de la música en una película; un compositor que no tratara con altanería a las personas sin formación mu­sical y que mostrara respeto por la música popular. Sin un músico con esas cualidades, todo se hubiera com­pli­cado sobremanera. Afortunadamente, ese músico exis­tía y se cruzó con Fellini muy poco después de que és­te to­mara la decisión de convertirse en director de ci­ne.Resulta útil, para comprender la estrecha relación que se creó entre director y compositor, la visión que el pro­pio Rota tenía del cine de Fellini. Según declaró el mú­sico en una entrevista realizada por Carlos Colón Pe­rales, los filmes de Fellini “parecen siempre de vanguardia (y lo son) porque a él no le interesa la narración. Solo le interesa la imagen y la sensación. Ahí es don­de quiero ir a parar: a la imagen pura que transmita una pura sensación. Si pudiera hacer un filme sin diálogos, sería feliz. Es por esto, también, por lo que da una gran importancia a la música”.

La música como «actriz»

Entre los autores italianos que han estudiado a fondo la música del cine felliniano destaca Sergio Miceli, profesor de la Universidad de Florencia. En su obra La músi­ca nel film. Arte e arteggianato señala: «Que la música de un filme pueda ser a menudo un elemento marginal no ofrece duda, pero si existe un modo de plantear el ci­ne en el cual la música resulta indispensable (no tanto co­mo acompañamiento sino en cuanto actriz), éste es pre­cisamente el cine de Fellini«.

Tullio Kezich, uno de los más respetados estudiosos de Fellini, sabe expresar en pocas palabras esa actitud de Nino Rota hacia la música, que tanto contribuyó a su sintonía con el universo felliniano: «Lo esencial de Ro­ta es su ilimitada amplitud de miras y su excepcional prodigalidad melódica. Aunque marcado por el gusto stravinskiano de Casella, el milanés es un ecléctico que ama toda la música, la culta y la popular».

Federico Fellini captó enseguida que con Rota sería muy fácil tra­bajar por un rasgo esencial de su carácter: la humildad. Si era consciente de que la música debía estar al ser­vicio del público, también era consciente de que un com­positor de música cinematográfica debe estar siempre al servicio de las ideas del director de la película. Fe­llini, recordando a Nino Rota tras el fallecimiento de és­te, comentaba a Charlotte Chandler: «Tenía un excelen­te carácter y disposición, y jamás tuve la impresión de estar con él haciendo un trabajo. Era siempre muy modesto, considerando su música como un elemento secundario de la película, lo cual es cierto si se trata de la banda sonora».