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Carteles de cine

El cartel ha sido desde los años treinta el único y mejor símbolo de las películas. En los tiempos del cine mudo surgió como compañero inseparable del cine por asimilación con los reclamos publicitarios de los demás espectáculos. El tono artístico de aquellos carteles modernistas de principios de siglo se prolongó inconscientemente en los carteles de aquel nuevo fenómeno tecnológico. El valor publicitario de los carteles de películas, no obstante, funcionó siempre de forma muy particular, evocando más el recuerdo de la película vista que sirviendo de apelación al consumo de la obra. El cartel de cine poseía, ya entonces, un valor evocador y nostálgico, más que publicitario, y es que la nostalgia y la cinefilia desde muy pronto se convirtieron en ingredientes esenciales al cine. El cartel hacía ya añorar aquello que aún no se había disfrutado.
El cartel publicitario fue realmente la primera revelación de la publicidad moderna porque su objetivo no era servir de índice de un producto, señalar un objeto, sino crear una experiencia de ese producto.
El estilo del cartel cinematográfico, como recuerda ilustradamente Francisco Perales en un libro sobre carteles de cine publicado este año, fue enteramente pictórico hasta finales de los años sesenta.

 

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En busca del arca perdida
En busca del arca perdida

A partir de los setenta la fotografía destaca en el marketing de un cine guiado cada vez más por la verosimilitud y alejado del síndrome de la fantasía. Sólo los recreadores de la Gran Industria en los setenta –Lucas, Spielberg, Coppola– van a recuperar el cartel pictórico no sólo en producciones donde la fantasía prima (Indiana Jones, Hook), sino también en producciones «tecnicistas» como Star Wars o en el cine postmoderno de Apoca­lipse Now. La pintura realzaba al cine vinculándolo al terreno de las artes clásicas hasta que la fantasía se redujo a la pseudo-ciencia de la ciencia-ficción en los años sesenta. El nuevo realismo surgido en E.E.U.U. en estos años exigía una imagen fotográfica y constatadora del nuevo estigma del cine adulto.

La función actual de la fotografía es la de destacar el Star system, de verificarlo (el rostro de Tom Cruise debe ocupar por contrato más de las tres partes del cartel).

En los noventa este recurso a la fotografía se ha vuelto completamente formal sin el valor de compromiso y de nihilismo del cine de los años setenta. La función actual de la fotografía es la de destacar el Star system, de verificarlo (el caso paradigmático de Tom Cruise, cuyo rostro debe ocupar por contrato más de las tres partes del cartel), aunque se mantengan las mismas composiciones del cartel pictórico de los años cincuenta, inspirado en la pintura renacentista y barroca en la que se destinaba un espacio para lo simbólico -el star system- y otro para lo descriptivo.

 

El paciente inglés
El paciente inglés

A partir de los años ochenta sobre todo, el cine independiente norteamericano y el cine europeo comenzaron a dinamitar el valor sagrado del cartel cinematográfico, concediéndole un valor propio ajeno al de la experiencia condensada del filme: el cartel de Oscar Mariné para Tierra de Medem es un buen ejemplo. En el caso del cine espectáculo hay varias tendencias a la hora de concebir un cartel de películas, pero quizá la que más se haya beneficiado del estilo fotográfico sea aquella que reproduce en el cartel el tono de la fotografía del filme: el grano y los colores ocres de El paciente inglés, los cielos cegadores y blancos de Un mundo perfecto, etc.

Fernando Infante