· 39 escalones aúna la mejor tradición clá­sica en su planificación y fotografía en blanco y negro y la viveza del cine con­temporáneo en las persecuciones, los trucos y recursos técnicos.

39-escalones-porThe Thirty-Nine Steps País/Año: Reino Unido, 1935 Dirección: Alfred Hitchcock Guión: Charles Bennett, Ian Hay Fotografía: Bernard Knowles Montaje: Derek N. Twist Música: Jack Beaver, Charles Williams Intérpretes: Robert Donat, Madeleine Carroll, Lucie Mannheim, Godfrey Tearle, Peggy Ashcroft, John Laurie, Helen Haye Distribuidora B-ray: JRB Duración: 81 min. Público adecuado: +12 años

Como los olores, las canciones y los li­bros, las películas marcan momentos de la propia biografía. Se recuerda con vi­veza su argumento y las circunstancias en que se vieron, incluso se las idea­liza. Y a la hora de volverlas a ver ace­cha el temor de que hayan perdido lus­tre y poder de convocatoria, y nos de­jen un poco huérfanos de nosotros mis­mos.

Tenía un recuerdo adolescente de 39 es­calones como thriller trepidante que mar­có mi amor por el género. Y a la vuel­ta de bastantes años no me ha defraudado. Exponente de la época británica de la filmografía de Hitchcock -suma el largometraje número 21-, precedido por la primera versión de El hombre que sabía demasiado y a tan so­lo seis años de la primera película de ci­ne sonoro que rodó el mago del suspense –La muchacha de Londres-. El filme tiene las marcas de su denominación de origen: el mcguffin, el falso cul­pable, las rubias -debilidad de Hitch-, los perseguidos perseguidores, los objetos metáfora y ese atrevimiento tan suyo en las temáticas, expuesto ele­gantemente mediante la elipsis.

Con un argumento sencillo sobre espionaje, adaptado con libertad de la no­vela de John Buchan por Charles Be­nnet -que aña­dió la trama amorosa y se tomó algunas otras licencias- la pe­lícula cuenta con un genial dúo interpretativo: Robert Do­nat en su papel de infortunado testigo de los hechos con­vertido en vícti­ma, y Madeleine Ca­rroll, testaruda com­pañera obligada de viaje, que contribuyó a cosechar un no­table éxito de pú­blico y crítica.

39 escalones aúna la mejor tradición clá­sica en su planificación y fotografía en blanco y negro y la viveza del cine con­temporáneo en las persecuciones, los trucos y recursos técnicos, y muestra una madurez sorprendente tanto en la mezcla de géneros –thriller de intri­ga, aventuras y acción, suspense, comedia romántica- como en el desarrollo de la trama y su final redondo que recoge y cierra el arranque, mcguffin incluido. Fue nominada con el premio a me­jor director por el Círculo de Críticos de Nueva York.

Cristina Abad