55 días en Pekín

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55 días en Pekín

Es difícil verla sin sorprenderse por la debilidad del guión que cede a una pues­ta en escena mastodóntica y un elen­co de grandes actores.

55 Days At Peking  País/Año: EE.UU., 1963  Dirección: Nicholas Ray  Guión: Bernard Gordon, Philip Yordan, Ben Barzman  Fotografía: Jack Hildyard  Montaje: Robert Lawrence  Música: Dimitri Tiomkin  Intérpretes: Charlton Heston, Ava Gardner, David Niven, Flora Robson, John Ireland  Distribuidora DVD: Divisa Red  148 min. +12 años

55 días en Pekín (basada en la novela ho­mónima de Samuel Edwards) es uno de los últimos exponentes del cine mo­numental y del star-system de Ho­lly­wood, y ha soportado mal el paso del tiem­po.

La película dirigida por Nicholas Ray y producida por Samuel Bronston, que ya había financiado John Paul Jo­nes (1959), Rey de reyes (1961) y El Cid (1961), narra de forma parcial y un tan­to simplista el hecho histórico del si­tio al que las embajadas de las potencias extranjeras (por cierto, lastimoso, por oportunista e inexacto, el papel asig­nado a la diplomacia española) se vie­ron sometidas por el levantamiento de los bóxers en la China de 1900.

Es difícil verla sin sorprenderse por la debilidad del guión que cede a una pues­ta en escena mastodóntica y un elen­co de grandes actores, más cuando se sabe que el texto de Philip Yordan y Bernard Gordon fue rectificado muchas veces sin dar apenas tiempo a los ac­tores para ensayar, y que el director hu­bo de abandonar por motivos de sa­lud la dirección del filme, que retomaron Guy Green y Andrew Marton y re­mató el propio Charlton Heston.

Pero hay que saber valorar -en el con­texto del entusiasmo por el formato ci­nemascope- el preciosista diseño de pro­ducción, con escenarios del Pekín de la épo­ca tan impresionantes como el Tem­plo del Cielo, con el salón del tro­no de los emperadores manchúes y la enor­me mu­ralla, para lo que se recurrió a un in­gente equipo técnico; la ban­da so­no­ra compuesta por Dimitri Tiom­kin (ga­lardonada con el Laurel de Oro a la me­jor canción), y la maravillo­sa fotografía de Jack Hildyard. Más de 5.000 ex­tras chinos, provenientes de la­vanderías y restaurantes de toda Europa, hi­cieron falta para la puesta en es­cena en los estudios madrileños de Sa­muel Brons­ton de Las Rozas.

La escena del baile en la embajada in­glesa, en la que la baronesa luce el im­presionante collar y el mayor Lewis se enfrenta a la provocación del grupo de bóxers, es una de las más recordadas de la historia del cine.

Reseña Panorama
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Cristina Abad
Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla