· La comedia es sumamente divertida, repleta de diálogos in­teligentes, surrealistas y descacharrantes.

arsenicocompasionporArsenic and Old Lace País/Año: EE.UU., 1944 Dirección: Frank Capra Guión: Julius J. Epstein, Philip G. Epstein Fotografía: Sol Polito Montaje: Daniel Mandell Música: Max Steiner Intérpretes: Cary Grant, Priscilla Lane, Peter Lorre, Raymond Massey, Josephine Hull, Jean Adair, Jack Carson, Edward Everett Horton Distribuidora DVD: Warner Duración: 118 min. Público adecuado: +16 años

Disparatada comedia negra de Ca­pra (Dama por un día, ¡Qué bello es vivir!, Vive como quieras), basada en una obra teatral, cuyo guión para la pantalla es de los hermanos Epstein, guionistas de Ca­sablanca. El director de origen austriaco filmó la película tres años an­tes, pero no se estrenó hasta que la ver­sión teatral completó su temporada en Broadway.

Transcurre también casi en un único es­cenario, la casa de las tías de Mortimer Brewster (Cary Grant), periodista, fa­moso por sus artículos contra el matrimonio que, pese a su escepticismo, cae en los lazos del amor y contrae ma­trimonio fulgurante con su vecina de toda la vida. Tras la boda, la pareja va a dar las nuevas a las tías, dos encantadoras y caritativas viejecitas que re­gentan una pensión en su propia ca­sa y cuya máxima obra de caridad es dar­les matarile a cuantos venerables so­litarios acuden a ella.

Vista a la vuelta de los años, el tema po­dría hasta parecer dramático pero, en su contexto, la comedia es sumamente divertida, repleta de diálogos in­teligentes, surrealistas y descacharrantes. Quizá más redonda en la primera parte que en la segunda, con la apa­rición del temible hermano de Mortimer, peligroso criminal, que con su pre­sencia complica más las cosas de lo que ya están e imprime a la película un tono más oscuro.

Todos sus personajes, desde un histriónico Cary Grant, en el papel del pe­riodista recién casado -que al parecer dis­frutó como un niño en el roda­je-, co­mo las tías, o el hermano que cree ser Theodore Roosevelt en plena car­ga so­bre las escaleras como colina de San Juan y entierra “víctimas de la fie­bre ama­rilla” en el “Canal de Pana­má” del só­tano, componen una genial pues­ta en escena. También Peter Lo­rre, como fal­so cirujano plástico responsable del as­pecto frankensteiniano del hermano ma­yor de Mortimer, con su inconfundible actitud huidiza y ruín.

En Arsénico por compasión destacan una contrastada fotografía en blanco y negro de Sol Polito y una su­gerente banda sonora de Max Steiner, otro peso pesado.

Cristina Abad