Bailando con lobos

Bailando con lobos (Kevin Costner, 1990)
Bailando con lobos (Kevin Costner, 1990)

Cuando se estrenó Bailando con lobos nadie esperaba que resultara tan buena, era una opera prima que partía con doce candidaturas a los Oscar de 1991; se llevó siete estatuillas.

Bailando con lobos cumple treinta años y los aniversarios redondos son siempre excelentes ocasiones para hacer memoria de la película y de algunas cosas más, por ejemplo del género, el western, por ejemplo del director, Kevin Costner, por ejemplo de los Oscar de Hollywood que se llevó -siete -, y de los que no se llevó…

Bailando con lobos fue el debut como director de Kevin Costner, entonces el actor más cotizado de Hollywood. Había comenzado a trabajar en 1981 (Malibú) la primera de una serie de películas mediocres, pero tuvo la buena fortuna de participar en Silverado, el maravilloso western de la tribu Kasdan. El western es el género más cinemagráfico que existe, fue el favorito de Hollywood desde el principio -y no sólo de Hollywood, los pioneros del cine francés, ya en la época del cine mudo, rodaban westerns en Francia-; los grandes nombres de la industria –John Ford, Howard Hawks, Nicholas Ray…- estuvieron siempre relacionados con el salvaje Oeste, pero desde la gran crisis de los setenta apenas se ruedan este tipo de películas, sustituidas por policiacas y de juicios. Silverado, emotivo homenaje al western, marcó la carrera de Costner, no solo le convirtió en estrella, sino que le descubrió el género en el que está más a sus anchas, el que le ha dado más satisfacciones.

La génesis de Bailando con lobos es una pequeña historia que Michael Blake mostró a su amigo Kevin Costner; éste le sugirió que la convirtiera en novela, cosa que hizo, y con éxito. Él mismo adaptó su novela a guion para Costner, y se llevó el Oscar. Bailando con lobos es una historia sencilla muy bien contada; el encuentro del hombre blanco con el indio, basado en el respeto que deviene en comprensión y amistad, un encuentro que no se dio (en Norteamérica) y que ahora gustaría que sí se hubiese dado. La película hizo mucho por la reivindicación de la historia y la cultura de los indios norteamericanos.

Bailando con lobos es una película visual al ciento por ciento que toma como modelos las grandes épicas de John Ford, horizontes infinitos de belleza inefable -fotografiados en Panavisión por Dean Semler, le valieron el Oscar-, y todo ello acompañado por una inspirada banda sonora, también oscarizada, de John Barry (Memorias de África).

Bailando con lobos comienza con una épica batalla durante la Guerra de Secesión, el teniente John Dunbar, interpretado por Kevin Costner, convierte una derrota casi segura en una gran victoria, lo que nadie -salvo el público- sabe es que no lo hizo a propósito, estaba buscando la muerte. Condecorado y recuperado de sus heridas puede elegir destino. Elige la frontera con los indios porque quiere verla «antes de que desaparezca». En su puesto, completamente solo, encuentra a los siux, que no se muestran hostiles, sino curiosos. Dunbar también es curioso y además muestra respeto, es capaz de ver a un hombre y no a un salvaje, es capaz de esforzarse por comunicarse y aprender. La película avanza despacio, dejando que sea John Dunbar quien cuente, poco a poco, sus impresiones y emociones: sorpresa, emoción, romance -una encantadora historia narrada con miradas y alusiones-, épica y muchas virtudes se dan cita en esta historia.

Para el recurdo ha quedado la gran cacería de búfalos; se trata de una pieza antológica en la que participaron más de tres mil animales, todos ellos de carne y hueso, sin recursos informáticos. Cuatro minutos de película costaron dos semanas de trabajo, y valió la pena. Otros grandes momentos épicos son las batallas del hombre blanco, y también las de los indios: el guionista y el director evitaron la oposición buen salvaje-malvado hombre blanco; y además de los nobles siux que simpatizan con Dunbar, aparecen otros indios -los pawnees- salvajes sin cultura que viven del pillaje. Éstos obligan a los siux -y a Dunbar con ellos- a luchar.

Cuando se estrenó Bailando con lobos nadie esperaba que resultara tan buena, era una opera prima que partía con doce candidaturas a los Oscar de 1991; se llevó siete estatuillas, la de mejor actor se la negaron; en parte, sin quitar el mérito a Jeremy Irons, también porque el club de enemigos de Kevin Costner ya había iniciado sus actividades.

La carrera de Costner como director sólo tiene tres títulos: Bailando con lobos; El cartero, que fue su gran fracaso y dio una gran alegría al club; y Open Range, otro buen western, género que sigue dándole alegrías ahora en la pantalla pequeña, con la serie Yellowstone.


Bailando con lobos

Dances with Wolves, 1990 País: EE.UU., Reino Unido Dirección: Kevin Costner Guion: Michael Blake Fotografía: Dean Semler Montaje: Neil Travis Música: John Barry, Peter Buffett Intérpretes: Kevin Costner, Mary McDonnell, Graham Greene (II), Rodney A. Grant, Tantoo Cardinal, Michael Spears, Floyd ‘Red Crow’ Westerman, Wes Studi Distribuidora DVD: Fox Duración: 185 min. Público adecuado: +12 años

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.