Kubrick, minucioso como nadie, rodó en decorados de época (Castillo de Howard) y con luz natural de velas en es­ce­nas nocturnas.

Barry Lyndon País/Año: EE.UU., 1975 Dirección y Guion: Stanley Kubrick Fotografía: John Alcott Música: Leonard Rosenman, Varios Intérpretes: Ryan O’Neal, Marisa Berenson, Leon Vitali, Patrick Magee, Mary Kean, Philip Stone Distribuidora DVD: Warner Duración: 183 min. Público adecuado: +18 años (VX)

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Stanley Kubrick compuso la adaptación fílmica de la novela homónima de Tha­ckeray sobre el ascenso y caída del aven­turero irlandés Barry Lyndon como si de una obra musical o pictórica se tratara.

No le interesó tanto el personaje, pro­ta­­go­nizado por un anti-heroico O’Neal, al que se aborrece y compadece al tiem­po, co­­mo la creación de cuadros en mo­vi­mien­­to de la campiña irlandesa, los cam­pos de batalla de enclaves eu­ro­peos y las cortes inglesa y prusiana, con una co­reografía excepcional so­bre la que apli­ca de manera ostensible el zoom-out.

Barry Lyndon es una suma de la historia y el arte del siglo XVIII. Las obras de los pintores Watteau, Cons­table, Hogarth, Reynolds, Charlin o Stubbs pasean li­teralmente por sus fotogra­mas acompañadas por la música di­ri­gi­da hábilmente por Leonard Ro­sen­man, con composiciones de Bach, Vi­valdi, Schubert, Paisiello, Mozart, Haen­del y música popular irlandesa, y por la voz de un narrador om­nisciente, que en su doblaje español per­tenece a Jo­sé Luis López Vázquez.

Kubrick, minucioso como nadie, rodó en decorados de época (Castillo de Howard) y con luz natural de velas en es­ce­nas nocturnas, con objeti­vos Zeiss muy lu­minosos y con un tratamien­to especial del negativo que ha que­dado en los anales de la fotografía por su virtuosismo téc­ni­co. Para ello con­tó con su fiel John Al­cott.

Todo un retrato viviente de la época sos­­tiene y da vida a este personaje que de ingenuo campesino despechado se con­vierte en aristócrata sin escrúpulos pa­sando por soldado, espía y jugador.

Quizá sea ese artificio -y su larga dura­ción- lo que hace la película tan fasci­nan­te y memorable como fría y pesada. Ga­nó merecidamente cuatro premios Os­car: mejor dirección artística, fotografía, vestuario y banda sonora.

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