Drácula: 90 años del Conde Lugosi

La historia del conde Drácula, no la de los vampiros en general, se la debemos a la pluma de Bram Stoker. Su presencia en el imaginario colectivo, con todas sus secuelas -véase, por ejemplo, la serie Van Helsing– a la película de Tod Browning. La película, todo hay que decirlo, debe mucho a Nosferatu (Murnau, 1922) una obra antológica en la que no vamos a entrar ahora; baste decir que uno de los operadores alemanes de Murnau, Karl Freund, trabajó con Browning.

Drácula comienza con el viaje del joven Renfield, agente inmobiliario, a Transilvania, para vender al conde una mansión en Londres. Renfield no es supersticioso y se ríe del miedo de los aldeanos cuando se pronuncia el nombre del conde. De la aldea al castillo Renfield viaja en un vehículo sin cochero, es un viaje aterrador inspirado en el pasaje paralelo de Nosferatu. Las tomas del interior del castillo son expresionistas. La hospitalidad del conde es singular; se trata de la presencia, la mirada y la voz de Bela Lugosi, en el papel que le convirtió en estrella. Algunas de sus frases son antológicas: “nunca bebo… vino”, explica a Renfield. El viaje a Londres, en barco, genera una de las secuencias más terroríficas y logradas de la película, la secuencia del barco fantasma, también inspirada en Nosferatu.

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En Londres el tono de la película cambia; ahora estaríamos ante un thriller de salón. Tod Browning sigue de cerca la obra de teatro homónima hasta su desenlace. El conde es un personaje en la city, un modelo de educación, riqueza y exotismo. Se codea con la alta sociedad. En la ópera conoce a sus futuras víctimas, y se permite filtrear con ellas antes de alimentarse con su sangre. En la ópera conoce al doctor Seward, que dirige un sanatorio siquiátrico, y a su hija MinaDrácula se encapricha con Mina e intenta convertirla en vampiro, bajo la mirada del doctor Van Helsing, cazador de vampiros y amigo de Seward. El desenlace tiene lugar en los sótanos de la mansión de Drácula, Carfax Abbey.

Se han rodado más de treinta versiones de Drácula y ninguna ha hecho olvidar ésta, ni al genial Bela Lugosi, cuyo acento extranjero se convirtió en una virtud y no en un inconveniente. Ciertamente era el primer Drácula sonoro y la suave y dificultosa articulación de Lugosi daba un carácter extraño, aterciopelado y terrorífico al monstruo, a quien se oía por primera vez.

Bela Lugosi, Karl Freund y Tod Browning han hecho de esta película un clásico inolvidable, una de las mejores películas de terror de los años treinta en general y de la Universal en particular.

Tod Browning rodó más de sesenta películas, se le recuerda tan sólo por Drácula y por La parada de los monstruos. Bela Lugosi tuvo una historia tormentosa y un final triste del que le salvó el pirado de Ed Wood.

Conviene saber que Drácula fue rodado simultáneamente en dos versiones, una inglesa y otra española: entonces no doblaban las películas. Los dos rodajes se realizaron casi a la vez; terminada la sesión diaria en inglés, comenzaba la sesión vespertina, con el mismo plan de rodaje, en español, con un nuevo equipo. Dirigió la versión española George Melford. El nuevo reparto estaba formado por Carlos Villarías, Lupita Tovar, Barry Norton, Pablo Álvarez Rubio y Eduardo Arozamena. La versión española no desmerece en nada a la original y en algunas secuencias la supera. Pero Carlos Villarías ofrece otro Drácula al de Bela Lugosi.

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Ficha Técnica

  • Fotografía: Karl Freund
  • Montaje: Milton Carruth
  • Música: Franz Schubert, Piotr Ilich Tchaikovsky
  • País: EE.UU. (Dracula), 1931
  • Duración: 75 min.
  • Distribuidora en España: Universal
  • Público adecuado: +14 años
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Reseña
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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.