El Golem

La película lleva al espectador hacia el mundo de las supersticiones, hacia el horror en el interior de las personas, hacia los espacios vacíos provocadores, hacia la vida después de la muerte, hacia el poder de las tinieblas

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El Golem

El Golem: El trasfondo oscuro del alma

El Golem (de los estudios UFA, que dieron cartas de nobleza al arte cinematográfico de la escuela expresionista) pertenece a esa ola de películas que en el cine alemán remitían a leyendas y cuentos llenos de misterio y fantasía, provenientes de la literatura romántica del siglo XIX. En esta ocasión se trata de la tercera versión dirigida por Paul Wegener (basada en la novela homónima de Gustav Meyrink) de una célebre leyenda judía. El rabino Löw crea un coloso de barro al que da vida mediante un conjuro mágico, todo ello provocado por la visión de una creciente amenaza sobre el ghetto judío: el emperador se dispone a expulsar a los judíos de la Praga medieval. El rabino y su criatura marchan a palacio para solicitar la anulación del decreto; tras la negación del gobernante, el palacio comienza a derrumbarse como castigo de los dioses, por lo que le pide a Löw que le salve a cambio de proteger a su pueblo.

Estamos en el terreno de la fantasía sin fronteras, en contradicción con el realismo naturalista que, después de Mèliés, parece querer imponerse en el cine mundial. Hay un cordón umbilical que une estas inquietantes leyendas con la explosión del romanticismo alemán, que junto a su reflejo filosófico, el idealismo, han dominado y dominan todavía a lo más vivo y activo de la cultura alemana.

La mirada de Paul Wegener en este film (al igual que la de otros realizadores contemporáneos) se adentra hacia los aspectos oscuros del alma. La temerosa y fascinante pregunta acerca de la propia identidad guiaba las películas como una obsesión. En El Golem la estatua de barro se sale de control (al igual que en la serie Homúnculo de Otto Ripper de 1916, y en Metrópolis deFritz Lang de 1927) y amenaza con destruir su entorno.

No es casual que la estética expresionista solicitase con evidente preferencia sus temas de los arcanos de la fantasía y el terror. Asesinos, vampiros, monstruos, locos, visionarios, tiranos y espectros poblaron la pantalla alemana en una procesión de pesadillas, que se ha interpretado como un involuntario reflejo moral del angustioso desequilibrio social y político que agitó la República de Weimar, y acabó arrojando al país a los brazos del nacionalsocialismo (a través de la historia de El Golem se observa el presagio de la llegada del nazismo).

La obra de Wegener se estructura en cinco capítulos, en los que se utilizan distintos fondos de color para diferenciar decorados y acciones, y en los que todos sus planos adquieren un tono lúgubremente pictórico. Es en el aprovechamiento excesivo de los mismos cuando la progresión dramática cobra toda su importancia. Los decorados adquieren un especial protagonismo (sorprende en gran medida el ambiente que domina el ghetto del barrio antiguo de Praga) con sus formas curvas y más creíbles dentro del carácter de leyenda que es el film, remarcados por una iluminación sombría y enfatizada.

Un terror inteligente

Es inolvidable la impresionante secuencia de invocación para lograr la palabra que da vida a la criatura -en la que creo detectar influencias del Fausto de Murnau-, la igualmente sobrecogedora visión que provoca el rabino en el palacio delante del Emperador y su séquito -con ese exilio del pueblo judío casi como proyectado en una pantalla, y la presencia amenazadora del “judío errante”- o la conmovedora secuencia final.

La película lleva al espectador hacia el mundo de las supersticiones, hacia el horror en el interior de las personas, hacia los espacios vacíos provocadores, hacia la vida después de la muerte, hacia el poder de las tinieblas. Es una obra tenebrosa que se mueve en caminos más libres a los propuestos por el expresionismo o caligarismo.

El Golem se encuentra ligado a esa serie de seres artificiales que se convierten rápidamente en monstruos cuando reconocen que el entorno que les rodea les niega el derecho a ser humanos. Son prototipos de seres humanos, seres a medias y monstruos del cine expresionista de los años 20 (Caligari, Nosferatu y Metrópolis) y del cine de horror de Hollywood de los años 30 (Frankenstein, Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Drácula o King Kong).

Mónica Iglesias


El Golem. Alemania , 1920

Paul Wegener, Carl Boese  H. Galeen, P. Wegener  K. Freund, G. Seeber  Hans Lansberger  Paul Wegener, Albert Steinrück, Lyda Salmonova, Gotto Gebuhr  Divisa Ediciones  122 minutos;  Adultos