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El hombre que sabía demasiado

Un remake de otra cin­ta anterior firmada por el realizador en 1934, durante su etapa inglesa

El hombre que sabia demasiado (Alfred Hitch­­cock, 1956)

El hombre que sabía demasiado: Remake de gran altura

Hitch saca de la chistera la cámara sub­­jetiva, los primeros planos -esos ros­­tros enigmáticos y siniestros, las ma­­nos nerviosas-, el montaje, los silencios elocuentes, la creación de falsas ex­­pectativas y anticipaciones para el es­­pectador.

Confieso que mientras escribo en es­tos momentos la reseña estoy tararean­do «Qué será, será». La canción se llevó el Os­car, y no solo es valiosa por la com­­posición de Jay Livingston y Ray Evans, sino por la capacidad de Alfred Hitch­­cock para hacer de ella el eje cen­­­tral de su película haciéndola resonar hasta tres veces con distintas intenciones.

Arranca como película familiar, con el doctor Ben MacKe­nna, su mujer y su hijo Hank de vacaciones en Marruecos, para adentrarse en breve por los vericuetos del thri­­ller con sus habituales, pero no por ello menos sor­prendentes, trucos de pres­­tidigitador.

Hitch saca de la chistera la cámara sub­­jetiva, los primeros planos -esos ros­­tros enigmáticos y siniestros, las ma­­nos nerviosas-, el montaje, los silencios elocuentes, la creación de falsas ex­­pectativas y anticipaciones para el es­­pectador. Por muchas veces que se ha­­yan visto esos címbalos, ese objetivo que sube la escalera siguiendo el soni­do de la música, no deja de maravillar la fabulosa narrativa de John Michael Ha­­yes, guionista habitual del director.

El hombre que sabía demasiado es un remake de otra cin­ta anterior firmada por el realizador en 1934, durante su etapa inglesa. Hitchcock quería volver al menos una vez so­­bre su filmografía y eligió para ello es­­te filme. Mantuvo una trama pareci­da con ligeros cambios, las escenas del Mu­­sic Hall y la Cantata Storm Clouds. Pe­­ro optó por desarrollar el tercer acto, aumentar el presupuesto y contar con ac­­tores más famosos, unos magníficos Ja­mes Stewart y Doris Day, actriz habitual de comedias que, al servicio del dra­ma, contribuye al juego de despiste del director.

El papel estaba reservado pa­ra Grace Kelly, pero para esa fecha ya se había retirado de la escena.

Por cierto, qué humor tan fino desti­la el realizador de Leytonstone con sus com­patriotas británicos y su caracterís­ti­ca flema, que a punto está de echar por tierra los angustiosos intentos de los MacKenna por recuperar… Bueno, man­tengamos la intriga, aunque la hayamos visto tantas veces.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Robert Burks
  • Música: Bernard Herrmann
  • País: EE.UU. (The Man Who Knew Too Much)
  • Año: 1956  
  • Distribuidora DVD: Universal
  • Duración: 120 min.
  • Público adecuado: +12 años
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