El pequeño salvaje: El poder redentor de la cultura y la educación

Un film a favor del poder redentor de la educación y la cultura, dos valores siempre presentes a lo largo de la filmografía de Truffaut

Once años después del revuelo ocasionado por el estreno en Cannes de Los cuatrocientos golpes, Francois Truffaut concentró su atención sobre una historia que volvía a tener como protagonista a un chico problemático, esta vez por razones de incultura. El material de partida lo constituían dos informes del profesor Jean Itard que describían su labor pedagógica con Victor de l´Aveyron, un niño que, tras ser abandonado por sus progenitores en pleno bosque, había desarrollado unas facultades ¿romas? de salvajismo y en apariencia irreversibles. Fue entonces, recién iniciada la década de los setenta, cuando el director francés tomó la anécdota y, amoldándola a su sensibilidad, vertebró con El pequeño salvaje un discurso a favor del poder redentor de la educación y la cultura, dos valores siempre presentes a lo largo de su filmografía.

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Empleando técnicas procedentes de campos de la más variada índole como la voz en off del documental o los cierres de iris del cine mudo, Truffaut planteó con esta película la sustitución del Hombre Natural que defendían las tesis rousseaunianas por el Hombre Moral, forjado a partir de un largo proceso integrador y dotado de un sentido de la justicia incuestionable. Esta propuesta, plagada de signos y elaboradas claves, deja entrever algunos retazos de la biografía de su autor, marcada por una infancia difícil y su superación a través del cine. Especial mención requiere la fotografía naturalista de Néstor Almendros, que contribuye a dotar de una eficaz transparencia al relato. Salvo un tráiler proyectado en su día en las salas de exhibición, la actual edición de El pequeño salvaje por parte de la MGM se presenta despojada de extras.

Ficha Técnica

  • Néstor Almendros
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