El prisionero de Zenda: Trepidante y simpática

El prisionero de Zenda | A principios del XX, en un país de los Balcanes van a coronar al nuevo rey, Rodolfo, que es secuestrado por sus rivales, dentro de un complot para que el hermano del rey suba al trono.

Una de las grandes películas de aventuras de principios de los 50, adaptación de la simpática, trepidante y muy romántica novela del abogado inglés Anthony Hope, publicada en 1894.

Prototípica producción aventurera de la rugiente Metro-Goldwyn-Mayer, resulta deliciosa gracias a la sabia dirección de Thorpe (un todoterreno autor de películas muy populares como Ivanhoe, Todos los hermanos eran valientes, Quintin Durward y Los caballeros de la Mesa Redonda), a la calidad de la puesta en escena y a un reparto sencillamente perfecto, con una guapísima Deborah Kerr (nunca ganó el Oscar, al que aspiró 6 veces) en el papel de la dulce princesa Flavia y el distinguido Granger (29 años tenía el actor londinense) en su doble papel del tarambana rey Rodolfo V de Ruritania y de su primo, el inglés Rodolfo Russendyll.

Uno de los mejores malos de la historia del cine, el simpar James Mason, es el distinguido y taimado Rupert de Hentzau. Verdaderamente, los buenos son más buenos cuando tienen enfrente a malos tan rematadamente buenos, ejem, malos.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Joseph Ruttenberg
  • Montaje: George Boemler
  • Música: Alfred Newman
  • País: EE.UU. (The prisoner of Zenda), 1952
  • Duración: 95 min.
  • Distribuidora en España: Warner
  • Público adecuado: +16 años
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Reseña
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor