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El proceso de Juana de Arco

La crítica y el público supieron apreciar la severidad y pureza de su estilo, en un filme que fue premio especial del jurado de Cannes

El proceso de Juana de Arco (Robert Bresson, 1962)
El proceso de Juana de Arco (Robert Bresson, 1962)

El proceso de Juana de Arco: Película sobrecogedora

El proceso de Juana de Arco | Bresson deseaba captar la esencia de una joven que «poseía esa sed de libertad y de independencia que tie­nen los jóvenes de hoy».

Cuando Bresson encontró en la delicada y hermosa Flo­rence Delay la encarnación de su Juana de Arco, le pi­dió que fuera lo menos emocional que pudiera.

Quería retratar el alma de la Doncella de Orleáns. Y pa­ra ello le sobraban el guión y los actores. Sólo nece­sitaba la fuente histórica del sumario y del proceso de rehabilitación, su genio y una sucesión de planos y contraplanos, de su director de fotografía habitual Léonce-Henri Burel, al servicio del sonido lúgubre de los tambores del juicio y de los diálogos sobrecoge­do­res entre Juana y el obispo Cauchon. La palabra por en­cima de la imagen.

Bresson deseaba captar la esencia de una joven que “poseía esa sed de libertad y de independencia que tie­nen los jóvenes de hoy”. Mostrarla como si viviera en el presente. A la joven Delay la encontró por azar, y sólo trabajó para él en esa ocasión. El cineasta francés casi nunca eligió actores profesionales sino lo que él llamaba “modelos” o “actores de un papel especial“. Flo­rence era hija de un profesor y miembro de la acade­mia francesa; el obispo, un pintor afamado de París; y los jueces, profesores, abogados, médicos, etc. “Los ac­tores se esconden bajo su técnica y su arte. De esta for­ma -decía- aflora lo más profundo de cada uno”.

El resultado es lo que el escritor y académico Jean Gui­tton llamó “una obra descarnada” que nos con­duce desde el primer plano de ese rostro suave y fuer­te has­ta su interior, donde asistimos a la brutal con­tienda que entablan el amor a la verdad y el temor a un su­plicio injusto.

La Juana de Arco de Bresson es espiritual, muy distin­ta a la psicológica de Dreyer (1928) y a la terrenal y laica de Jacques Rivette (1993). Resulta sobrecoge­do­ra la mezcla de familiaridad con lo sobrenatural, inso­lencia para contestar al obispo o para callar hábilmen­te, intrepidez y dulzura. Escenas como la del breve llanto al conocer el veredicto o el camino urgente y casi infantil al tormento son antológicas. La crítica y el público supieron apreciar la severidad y pureza de su estilo. Fue premio especial del jurado de Cannes.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Léonce-Henri Burel 
  • Montaje: Germaine Artus 
  • Música: Francis Seyrig 
  • País: Francia (Procès de Jeanne d’Arc)
  • Año: 1962
  • Distribuidora DVD: Avalon
  • Duración: 62 min.
  • Público adecuado: +12 años
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Reseña
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Cristina Abad
Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla
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