El verdugo

Esta película-metáfora, sátira grotes­ca, mezcla de humor y tragedia, es un clá­sico del cine español imprescindible y una de las mejores películas de Berlanga.

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El Verdugo  País/Año: España/Italia, 1963  Dirección: Luis García Berlanga  Guión: Rafael Azcona, L. G. Berlanga, Ennio Flaiano  Fotografía: Tonino D. Colli  Montaje: Alfonso Santacana  Música: Miguel Asins Arbó  Intérpretes: José Isbert, Nino Manfredi, Emma Penella, José Luis López Vázquez, Ángel Álvarez  Distribuidora DVD: Mercury  90 min. +16 años

Berlanga se inspiró para este filme en la ejecución de Pilar Prades Expósi­to, “la envenenadora de Valencia”, a cu­yo verdugo hubo que emborrachar y con­ducir a rastras al patíbulo porque se ne­gaba a ejecutar a una mujer.

La imagen quedó plasmada en la escena, con cámara fija y encuadre en picado, del patio desolado en el que se dan cita las dos víctimas, el reo y el ver­dugo novel, ambos rodeados de grupos que los dirigen hacia un destino sin retorno: la muerte en un caso y la pér­dida de la culpabilidad en otro. Así lo sentencia su suegro, verdugo jubila­do, en otra escena sin parangón, como lo son también la desoladora marcha de Jo­sé Luis en el coche de la guardia civil al llegar a Palma de Mallorca o su búsqueda en barca por las grutas de la isla.

El determinismo del protagonista fue re­forzado por la música de metal (trom­peta y trombón, principalmente) de Asins Arbó, compositor habitual de las películas de Berlanga.

Rafael Azcona intervino en el argumento, elevando la categoría de este guión marcado por el desarrollo de la his­toria, las elegantes elipsis y unos diá­logos ingeniosos donde destaca Pe­pe Isbert -único actor que sería capaz de despertar nuestra simpatía en un pa­pel tan ignominioso- desde el mismo arran­que de la película, cuando, tras ha­ber sentenciado a un hombre, comenta que no es capaz de dejar el taba­co por falta de coraje.

Esta película-metáfora, sátira grotes­ca, mezcla de humor y tragedia, es un clá­sico del cine español imprescindible y una de las mejores películas de Berlanga. Fue denostada por el franquis­mo, que acababa de ordenar el fu­silamiento del comunista Julián Grimau y la ejecución por garrote vil de los anarquistas Francisco Granado y Joa­quín Delgado, y alabada por la críti­ca en Venecia, Francia y Moscú.

Más que alegato contra la pena de muer­te, es una crítica al aburguesamiento de una sociedad acomodaticia que sería capaz de abdicar de sus principios y asumir el papel de asesino le­gal con tal de no perder sus privilegios.

Cristina Abad


Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor