Gilda

Gilda es un golpe de melena que incendia el blanco y negro, un par de bofetones de película, un guante y un tra­je de satén

Gilda (Charles Vidor, 1946)
Gilda (Charles Vidor, 1946)

Gilda: Más allá del mito

Si algo destaca más allá del mito es la pericia de Rudolph Maté, capaz de dar consistencia visual a esa atmósfera imposible y exaltar la belleza de Ri­ta.

Gilda es un golpe de melena que incendia el blanco y negro, un par de bofetones de película, un guante y un tra­je de satén ante el que todas las alfombras rojas palidecen. Es la maldición de Rita Hayworth y la bendición de generaciones de cinéfilos. Rebelde, be­lla, libre y salvaje. Un mito. Y como tal, inmortal.

Y, además, Gilda es una película ambientada en el Buenos Aires de la épo­ca, que narra la tormentosa relación en­tre Johnny Farrell (Glenn Ford) y Gil­da (Rita Hayworth), a la que éste aban­donó para seguir su vida de jugador y que ahora ha caído en los brazos de Ballin Mundson (George Macready), acau­dalado y siniestro propietario de un casino donde acaba trabajando el pro­pio Farrell.


Un argumento poco consistente mon­tado sobre un triángulo amoroso me­nos verosímil aún, que se gana el pac­to del espectador gracias a unos diá­logos rápidos y sugerentes, repletos de gracia, matices y doble sentido, y a unas interpretaciones que se muestran sol­ventes, donde además del trío prota­go­nista brillan secundarios como Steven Geray, en su papel de Tío Pío, encar­gado de los baños y auténtico filó­sofo.

Si algo destaca más allá del mito, o pre­cisamente detrás insuflándole vida, es la pericia de Rudolph Maté, capaz de dar consistencia visual a esa atmósfera imposible y exaltar la belleza de Ri­ta con una iluminación casi sobrenatural; y de dotar de naturalidad a unos movimientos de cámara y encuadres ver­daderamente audaces.

Una fotografía que hace milagros y a la que acompaña el formidable vestuario del modista francés Jean Louis, por el que ganó el Oscar al mejor diseño de ves­tuario. Qué maravilla atemporal, ese ajus­tado vestido de seda negro y guantes hasta el codo inspirado en el Retra­to de Madame X (1884), de John Singer Sar­gent. La música aporta dos versiones de una canción original, Put Blame On Mame, y una canción de la época (Amado mío) e inserta fragmentos orquestales de factura vanguardista.

Ficha Técnica

  • País: EE.UU., 1946
  • Fotografía: Rudolph Maté
  • Montaje: Charles Nelson
  • Música: Hugo Friedhofer
  • Distribuidora DVD: Columbia
  • Duración: 110 min.
  • Público adecuado: +18 años
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Reseña
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Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla
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