· El guión es una maravilla repleta de sobreentendidos y juegos de palabras.

leysilencioporOn the Waterfront País/Año: EE.UU., 1954 Dirección: Elia Kazan Guión: Historia original de Budd Schulberg sobre artículos de Malcolm Johnson Fotografía: Boris Kaufman Música: Leonard Bernstein Intérpretes: Marlon Brando, Eva Marie Saint, Karl Malden, Lee J. Cobb, Rod Steiger, Pat Henning, Leif Erickson, James Westerfield, John Heldabrand Distribuidora DVD: Twenty Century Fox Duración: 108 min. Público adecuado: +12 años

Mucho se ha especulado sobra esta pe­lícula como excusa de Elia Kazan (América, América) para jus­tificar su delación de los compañeros comunistas al Comité de Actividades Norteamericanas. Pero al margen de esto, lo único seguro es que este dra­ma judicial sobre las mafias que dominaban los sindicatos de estibadores en los muelles de Nueva York es un pro­digio de sensibilidad y crudeza, una fá­bula sobre la dignidad, el despertar de la conciencia personal y colectiva y de la salvación a través de un amor que pa­rece imposible.

Schulberg se documentó en los artículos publicados por Malcolm Johnson en el New York Sun con el título “Crime on the waterfront”, que ganaron el pre­mio Pulitzer en 1947 y que en 1951 re­cogió y completó en un libro. El guión es una maravilla repleta de sobreentendidos y juegos de palabras.

Marlon Brando encarna a través de un arco gestual fabuloso la inseguridad y la nobleza que Terry Malloy esconde ba­jo su apariencia de duro, vago y opor­tunista. Como coro tiene unos secundarios maravillosos, muchos de ellos no profesionales -boxeadores y estibadores auténticos- entre los que brilla el padre Barrie, sacerdote católico pro­tagonizado por Karl Malden, que tie­ne dos discursos memorables en el puer­to y en la iglesia. También lo son, la escena del guante o la conversación con Edie (la delicada Eva Marie Saint) en el palomar, y la discusión de Terry con su hermano Charlie en el coche, al que años después Jake La Motta (Robert De Niro) hace mención en Toro sal­vaje.

La ley del silencio fue rodada en invierno en escenarios naturales, los muelles de Ho­boken, tanto en sus exteriores como en los interiores de las casas, los bares o la iglesia. Ni una sola vez se utilizó el estudio.

La música inquietante de Bernstein ha pasado a la posteridad, al igual que la fotografía expresionista de un entonces debutante Boris Kaufman, con fo­togramas tan contundentes como el des­cubrimiento de Terry Malloy de su her­mano asesinado.

Ganó nada menos que ocho Oscar, en­tre ellos a la mejor película, director, ac­tor y actriz secundaria.

Cristina Abad