La profecía

El espectador sufre y experimenta las revelaciones y angustias del protagonista, interpretado por un brillante Gregory Peck

La profecía (1976)

La profecía: Molde del thriller psicológico

La historia comienza en una maternidad donde fallece el recién nacido hijo de Robert Thorn, diplomático norteamericano. Incapaz de darle la mala noticia a Katherine, su mujer, hace pasar por suyo un pequeño huérfano que le ofrecen en el hospital. Al principio todo son parabienes pero, a medida que el pequeño Damien -tal es su nombre- crece, manifiesta que no es un niño corriente. Al mismo tiempo aparecen una serie de personas que investigan y se acercan a Robert Thorn para hablarle de su hijo y sufren extraños accidentes. Poco a poco el diplomático se va convenciendo de que hay algo maligno en su hijo y que debe tomar una decisión.

El cine de terror tiene un antes y un después marcado por el año 1968. En esa fecha aparecieron dos películas que cambiaron los moldes: La noche de los muertos vivientes, de Romero, y La semilla del diablo, de Polanski. El primero introducía con toda seriedad el elemento fantástico e irracional; el segundo se tomaba muy en serio al diablo. En esta última línea hay que situar las otras dos películas que más miedo han provocado en el público -todavía lo hacen a pesar de los años transcurridos-, El exorcista, de William Friedklin (1973) y La profecía.

La profecía tuvo a su favor un buen guion -de David Seltzer-, una historia que sedujo a Gregory Peck, que aceptó el riesgo de interpretarla con un contrato, a priori, por debajo de su caché. La película es un thriller psicológico interpretado por este grandísimo actor. Dirige Richard Donner, que venía de la televisión -sobre todo series policiacas- y sabía manejar el suspense, también conocía el secreto del terror, aplicando con acierto la fórmula de Jacques Tourneur, a quien hace más de un guiño, sugerir mejor que mostrar. Donner trabajó con un presupuesto mínimo (3 millones), pero era más de lo que solía gastar en la televisión.


Hay, no podía ser menos, una serie de accidentes, pero no hay grandes sustos. El ritmo es lento y la progresión dramática es continua. El espectador sufre y experimenta las revelaciones y angustias del protagonista al mismo tiempo que él. Y llega a la misma conclusión. Junto a Gregory Peck vemos brillar unos breves instantes a David Warner, un fotógrafo que investiga a Damien, y a Patrick Troughton en el papel de sacerdote que tiene algo que decir sobre el hijo de Robert Thorn. En sus breves apariciones se lucen. Ellos, y algunos más -en particular el equipo femenino formado por la madre y las niñeras de Damien, son eclipsados cuando aparece el pequeño Harvey Stephens, que transforma su angelical cara en algo indescriptible cuando exhibe su mirada dura y su sonrisa malvada.

La fotografía es sobria por necesidad, y Kit Jennings saca petróleo de cualquier momento. Los efectos especiales son adecuados porque no se buscó nada especialmente vistoso. La música de Jerry Goldsmith mereció dos candidaturas al Oscar: la mejor canción original, el terrorífico tema Ave Satani, y la banda sonora. Se lo llevó a esta última.

La profecía tuvo, éxito obliga, continuación: La maldición de Damien (1978) se podía soportar, El final de Damien (1981) realmente floja. También hubo imitaciones y continuaciones para televisión y un remake descafeinado en 2006. También se le atribuye la incorporación de niños malos a la pantalla. Este año se ha rodado una precuela (La primera profecía), una versión medianamente digna, que imita el estilo de la primera, con su mismo ritmo, pero carente de historia.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Gilbert Taylor
  • Montaje: Stuart Baird
  • Música: Jerry Goldsmith
  • País: EE.UU. (The Omen), 1976
  • Duración: 109 min.
  • Distribuidora en España: Fox
  • Público adecuado: +16 años
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