Larga jornada hacia la noche: Una familia al desnudo

Para los no iniciados conviene hacer una advertencia: Larga jornada hacia la noche es una obra de teatro de Eugene O’Neill, y una de las más importantes de este autor. En ella O’Neill ajustaba cuentas con su familia. Por ello dejó la obra en un cajón con instrucciones de que no se representara hasta 25 después de su muerte (no se respetó esta clausula).

Larga jornada hacia la noche es un texto largo, bello y doloroso. Cuenta un día terrible en la familia Tyrone que, hechura de la familia O’Neill, es de origen católico irlandés, viene del mundo de la farándula y tiene gran afición al whisky. Los Tyrone se quieren, se nota en cada plano, en cada diálogo. También están acostumbrados a guardar las formas y mantener las distancias en silencio. Hasta este día en el que -por fin- van a dejar de mentirse, van a sacar todos sus secretos a la luz. Tras muchos rodeos reconoceremos que María, la madre, tiene un problema de adicción; que Edmund tiene uno muy serio con el alcoholismo, que se traduce además en brotes de violencia; que James, el padre, es un pobre tacaño y un vanidoso; que Jamie está gravemente enfermo. Lo más grave no son los defectos de unos y otros, sino que su negación y los silencios han causado heridas diversas en el alma de cada uno de los Tyrone que se ha ido distanciando, aislando de los demás. Toda la obra -la película- es un lento desvelar de miserias del alma humana, con un toque de ternura, con un lenguaje elegante que se convierte en un espectáculo sublime y doloroso. La obra original dura casi tres horas, pero circulan también ediciones más breves que, sin querer, la destrozan. No es demasiado larga: es dura. De hecho, leerla de un tirón resulta casi imposible.

- Anuncio -

Esta versión, la primera realizada para la pantalla grande, es un acierto difícil de superar. Lumet venía del teatro. En 1960 había dirigido para la televisión The Iceman Cometh (Aquí está el vendedor de hielo), una de las obras más importantes de O’Neill. Fue interpretada por Jason Robards que, sin duda, persiguió al director para que le permitiera participar en esta versión de la Jornada hasta que se salió con la suya, realizando un extraordinario Edmund. Junto a él aparecen Katharine Hepburn, Ralph Richardson y Dean Stockwell. Cuatro gigantes que encarnan a la perfección cuatro personajes difíciles, escritos por una pluma genial realizando una extraordinaria exploración del alma humana, sobre todo de las pequeñas mezquindades de que el hombre es capaz. O’Neill, que había fallecido nueve años antes, figura como guionista: Lumet no tocó una línea del texto, lo rodó íntegro. Ahora bien, su producción es ciento por ciento cinematográfica. Sitúa al espectador entre los actores, la cámara está siempre donde debe, se mueve con soltura, pero lo justo: tortura al actor que debe decir larguísimos parlamentos sin que el director corte el plano y le dé alivio, o se fija en el oyente que tiene que aprender a actuar escuchando. También sale de la casa, sin pretender «airear» el teatro. El guion de rodaje es obra de Lumet y del director de fotografía Boris Kaufman, que compone un poema en blanco y negro, con una variada gama de grises que oscilan del expresionismo al casi color.

El plano final, con la familia reunida en torno a la mesa, en plena oscuridad, remata a la perfección esta obra maestra.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Boris Kaufman
  • Montaje: Ralph Rosenblum
  • Música: André Previn
  • País: EE.UU. (Long Day’s Journey Into Night), 1962
  • Duración: 174 min.
  • Distribuidora: Embassy
  • Público adecuado: +12 años
Suscríbete a la revista FilaSiete


Reseña
s
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.