M, el vampiro de Düsseldorf: Escalofriante y estremecedora obra de Lang

Un asesino de niñas es perseguido por la policía en la ciudad de Düsseldorf, conmocionada a todos los niveles: hasta el sindicato del hampa (memorable la sesión ple­naria con carácter extraordinario que celebran los delincuentes).

Pocas películas más influyentes que M, el vampiro de Düsseldorf. En 1931, con Hit­ler arañando la puerta del poder en una Alemania que no había superado la hecatombe material, pero sobre todo moral, que supuso la Primera Guerra Mundial, el también austriaco Fritz Lang (1890-1976) estremeció a Alemania con esta historia de un asesino en serie (de las primeras que ha contado el cine), basada en un caso real acaecido un año antes, que terminó con la detención y ejecución del criminal.

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Todo es valioso en M, el vampiro de Düsseldorf, pero esos minutos iniciales con el nom­bre de Elsie resonando por los espacios vacíos, la me­lodía de Grieg silbada que te taladra el cerebro, el fue­ra de campo, la pelota que rueda, el globo enganchado en el tendido eléctrico…

Fue la primera película sonora de un maestro del mu­do, con guion de su segunda esposa, Thea Von Harbou. Es­calofriante y estremecedora, lleva a su culmen toda la ex­periencia acumulada por los maestros del expresionis­mo alemán, pasada por el filtro de un artista con una vi­sión del espacio dramático sencillamente excepcional, pro­pia de quien -hijo del arquitecto municipal de Viena- había comenzado los estudios de arquitectura, para tran­sitar pronto al dibujo y a las Artes Gráficas en Viena y Nuremberg, y luego a la Escuela de Bellas Artes de Mu­nich.

Firma la fotografía Fritz Arno Wagner (1894–1958), un superdotado que ya había sentado cátedra en Nosfera­tu, de Murnau, estrenada en 1922.

La interpretación del joven actor húngaro Peter Lorre (26 años) le abriría muchas puertas cuando marchó a Hollywood en 1935, poco después que el propio Lang, pa­ra triunfar en películas como El halcón maltés, Casa­blan­ca, Arsénico por compasión y Silk Stockings. Hay op­ciones de montaje de una eficacia emocional verdade­ra­mente arrolladora, como esos simbólicos planos con la ropa blanca tendida y las escaleras vacías, que, por aso­ciación, nos hablan de la inocencia que se acaba de man­cillar.

Ficha Técnica

  • País: Alemania (M, 1931)
  • Fotografía: Fritz Arno Wagner
  • Montaje: Paul Falkenberg
  • Música: Edvard Grieg
  • Distribuidora DVD: Divisa
  • Duración: 105 min.
  • Público adecuado: +16 años
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Reseña
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor