· No siendo una de las películas más relevantes del director británico, puede descubrirse en ella la marca de la casa con de­talles brillantes en la puesta en escena.

Marnie País/Año: EE.UU., 1964 Dirección: Alfred Hitchcock Guion: Jay Presson Allen Fotografía: Robert Burks Montaje: George Tomasini Música: Bernard Herrmann Intérpretes: Tippi Hedren, Sean Connery, Diane Baker, Martin Gabel, Louise Latham, Alan Napier, Bruce Dern, Mariette Hartley Distribuidora DVD: Paramount Duración: 129 min. Público adecuado: +16 años

Marnie, la ladrona, una de las últimas películas de Hitch­cock, le trajo al maestro del suspense bas­tantes quebraderos de cabeza, y condicionó sensiblemente el resto de su filmografía. Idas y venidas del guión para adap­tar una novela de gran complejidad; re­levo de guionistas, de Stefano a Presson Allen pasando por Hun­ter; cambio de actrices, de una Grace Ke­lly interesada en vol­ver a la interpretación pero presionada des­de Mónaco, a Ti­ppi Hedren, que roda­ba Los pájaros; pos­teriores dudas so­bre la ca­pacidad del registro interpretati­vo de es­ta actriz para un pa­pel que requería mover­se entre la obstinación, la ines­tabilidad y la fragilidad, e in­cluso paro­nes en el rodaje por el asesina­to del presidente Kennedy.

Pero, sobre todo, problemas con la censura que Hitchcock logró sortear con habi­li­dad y elegancia, y una acogida hostil del pú­blico, tanto por la sordidez de los temas que se planteaban de fondo -abuso infantil, rechazo patológico del sexo, cleptomanía, violencia marital, etc.- como por el em­pleo de determinados recursos técnicos, so­bre todo la retroproyección y los decorados expresionistas en la calle portuaria de Ber­nice, la madre de Marnie.

La película no encontró su horma ni en­tre los seguidores habituales del realizador ni en las nuevas generaciones, y no alcanzó el éxito esperado en taquilla, aunque se si­tuó en el puesto número 12 de las más vistas en Inglaterra, y recaudó 3.3 mi­llones de dólares en EE.UU., lo cual no es poco.

No siendo una de las películas más relevantes del director británico, puede descubrirse en ella la marca de la casa con de­talles brillantes en la puesta en escena (las breves secuencias que muestran el mo­dus operandi de la ladrona, con el bolso o la llave como metáfora, o la hipocresía con que se mueven algunos personajes), en la pla­nificación intencionada y el montaje (el fan­tástico plano secuencia inicial, la división de decorados, los cambios de eje en el co­che, etc.), o el uso del color rojo en las se­cuencias traumáticas. Y también concomitancias con otras películas del director: Recuerda, Atrapa a un ladrón o Vértigo.

Además, pese a las dificultades de roda­je, los actores están estupendos. Hedren lo­gra la desasosegante personalidad que Hitch buscaba, y un joven Sean Connery le da más que réplica con un personaje tam­bién lleno de complejidades y sorpresas. A ellos hay que añadir un coro de secundarios de gran talla, como la actriz de tea­tro Louise Latham, en el papel de la madre, y Diane Baker, como cuñada celo­sa, caprichosa y hostil.

Cristina Abad