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Navidades blancas

Con un notable cuarteto protagonista, Curtiz dirigió esta cinta donde los números musicales se distribuyen a placer a lo largo y ancho de la historia

Navidades blancas (1954)

Navidades blancas: Musical fresco e ingenuo

Navidad de 1944 en el frente europeo. Los soldados Wallace y Davis han organizado una pequeña fiesta de Navidad para sus compañeros. La función es interrumpida por un bombardeo. Poco después los dos artistas se encuentran en el hospital y deciden que al terminar la guerra probarán suerte actuando juntos. Diez años más tarde, Wallace y Davis son una de las parejas de mayor éxito en el mundo del espectáculo. En ese momento reciben una carta de un antiguo camarada del frente pidiéndoles que vean el show de sus hermanas, Betty y Judy, también cantantes y bailarinas. Davis acepta inmediatamente porque necesita un descanso; se queja de que Wallace trabaja -y hace trabajar- demasiado. En seguida planea hacer que se enamore de Betty, lo que le daría un pequeño reposo. Mientras tanto, él mismo flirtea descaradamente con Judy. La historia cobra un giro inesperado cuando hacen alto en un hotel en Vermont, que resulta ser propiedad de su antiguo general, el cual está pasando un mal momento. Los dos amigos deciden darle una sorpresa.

Navidades blancas tiene una injusta mala prensa. Sin duda no tiene ningún momento particularmente memorable, pero tampoco tiene ningún fallo. La realización es correcta, no en vano es obra del veterano Michael Curtiz, que ya había rodado algunos musicales como  Yankee Doodle Dandy y Noche y día. A diferencia de esas dos, que eran también biopics, esta película es un simple entretenimiento y tiene una trama próxima a las comedias de enredo de Fred Astaire: varios romances, encadenamiento de equívocos que pueden dar al traste con las buenas intenciones de los protagonistas, y la preparación de un espectáculo con lo que jugamos a ver las tramoyas del mismo. Los números musicales se distribuyen a placer a lo largo y ancho de la cinta. El resultado es una obra ingenua, fresca, que se ve con agrado y arranca una gran sonrisa del espectador.

White Christmas está lejos de las obras maestras de Vincente Minnelli, Stanley Donen, Charles Walters o George Sidney, pero no es nada despreciable. Si bien el guion es estándar, el cuarteto protagonista es excelente, Bing Crosby con su poderosa voz y el genial y casi siempre ignorado Dany Kaye histriónico, cantante, bailarín y perfecta contrapartida al serio Crosby. La pareja Vera-Ellen y Rosemary Clooney, excelentes cantantes y bailarinas, habituales del musical, completan y equilibran un gran cuarteto. Las  melodías, súper clásicas, tienen nombre de Oscar a cargo de Irving Berlin, los números musicales y las coreografías son excelentes, el diseño y el vestuario -atención a los colores-, obra de Edith Head, merece un sobresaliente.

Queda por decir que es la primera película rodada en Vista Vision y que, por mucho que se pueda comentar la decadencia de Michael Curtiz, todavía le quedaban trece títulos por rodar y algunos, como No somos ángeles, son excelentes; otros, como Los comancheros, su ultima película, bastante aceptables.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Loyal Griggs
  • Montaje: Frank Bracht
  • Música: Gus Levene, Joseph J. Lilley, Van Cleave
  • Vestuario: Edith Head
  • País: EE.UU. (White Christmas), 1954
  • Duración: 120 min.
  • Distribuidora: Paramount
  • Público adecuado: Todos
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Reseña
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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.
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