Ponette: Amar, creer, esperar, amar…

Ponette es un filme imprescindible sobre la primera ni­ñez, etapa vital que aborda Jacques Doillon (1944) con una honradez y sensibilidad, similares a las palpables en otras películas francesas afines: Juegos prohibidos (Re­né Clément, 1952), Hoy empieza todo (Bertrand Tavernier, 1998), Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002), etc.

Figura en esa profusa categoría temática de la filmo­gra­fía de Doillon, centrada en la infancia y la ado­les­cen­cia. Una disectiva fascinación, rastreable en Un saco de canicas (1975), La golfilla (1979), La chica de quince años (1988), El pequeño criminal (1990), El jo­ven Werther (1993)…

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Al igual que los niños y jóvenes del cine de Luc y Jean-Pierre Dardenne, los de Doillon son superados por complejas situaciones, propias o ajenas, para cuyo afron­tamiento y resolución están incapacitados. Así, los pre­maturos enamoramiento, delincuencia o, como en Po­nette, muerte. Como los Dardenne, el audaz Doillon tam­bién representa trances de error o fatalidad, alcanzando insólitas cotas de verdad, vía verismo.

Es el caso de Victoire Thivisol como Ponette, premiada con la Copa Volpi a la mejor actriz en el Festival de Ve­necia de 1996, en una polémica decisión que plantea di­lemas radicales: ¿qué diferencia el actuar, del arte dramático? ¿Dónde radica la verdad actuante, en interpretar o en encarnar? ¿Puede ser llamada ‘actriz’ una niña de cuatro años…?

Thivisol pertenece a una tradición. No tanto a la de los ‘niños prodigio’ (Freddie Bartholomew, Shirley Tem­ple, Haley Joel Osment, Dakota Fanning…) cuan­to, creo, a la de los no actores. Chavales más recordados por sus rostros que por sus nombres o carreras (casi siem­pre inexistentes), cuyo prodigio consiste en ser meros niños ante la cámara.

Viven en El limpiabotas (1946) y Ladrón de bicicletas (1948), ambas de Vittorio De Sica; Alemania, año cero (Ro­berto Rossellini, 1948), Pather panchali (Satya­jit Ray, 1955), El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Abbas Kiarostami, 1987), Miel (Semih Kaplanoglu, 2010)…

Ponette pierde a su madre (Marie Trintignant) con ape­nas cuatro años. Su pequeñez y natural dependencia im­piden que asuma una realidad tan irreversible y aso­la­dora. Amar es para ella, necesitar; su necesidad, cons­ti­tuye su amor. Aún no es consciente de la magnitud y consecuencias de los hechos y solo quiere estar con ma­má… Ponette narra, pues, un duelo. Pero no solo.

Doillon se somete a lo que filma, situando la cáma­ra y orientando el relato en la perspectiva idónea: los ni­ños, que pueblan y llenan los encuadres con sus cuerpos, jue­gos, palabras, realidad. Vivir es, para ellos, territo­rio fan­tástico y la fantasía, tan verdadera como real, si no más. Porque Ponette es un cuento maravilloso sobre la rea­lidad y la verdad.

Los adultos, gente normal y creyente cristiana (clamorosa excepción), con sus aciertos y yerros, son para los niños puentes hacia una realidad creciente, quizá más real que verdadera. Ponette confía en su roto papá (Xavier Beauvois), su tía (Claire Nebout), sus profesores… pero ninguno puede rellenar su vacío y se ve sola.

La religión no es territorio de Doillon, pero su entrega a la historia lo sitúa entre la indefinición escéptica y la trascendencia cristiana; entre la enajenación mental in­fantil y los más puros amor, fe, esperanza…

Ponette juega repitiendo ‘talitha qum’, las palabras que resucitaron a la hija de Jairo… y pide a Jesús el ma­yor portento, como Johannes Borgen (Preben Lerdorff Rye) en Ordet (Carl Theodor Dreyer, 1955): una resurrección, paradigma de todo milagro y eucatástrofe del re­lato fantástico por antonomasia: la vida.

Lo demás debe ser ponderado con un jersey rojo…

Ficha Técnica

  • Fotografía: Caroline Champetier
  • Montaje: Jacqueline Fano
  • Música: Philippe Sarde
  • País: Francia, 1996
  • Duración: 90 min.
  • Distribuidora en España: Filmin
  • Público adecuado: +12 años
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Reseña
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Licenciado en Geografía e Historia (especialidad Historia del Arte) y Diplomado en Estudios Avanzados de Historia del Arte. Autor del libro “John Ford en Innisfree. La homérica historia de ‘El hombre tranquilo’ (1933-1952)”