Una de las referencias cinematográficas más relevantes de la actitud crítica de los jóvenes hacia la generación precedente.

Rebelde sin causaRebel without a cause País/Año: EE.UU., 1955 Dirección: Nicholas Ray Guion: Stewart Stern, Irving Shulman (historia de Nicholas Ray) Fotografía: Ernest Haller Montaje: William Ziegler, James Moore Música: Leonard Rosenman Intérpretes: James Dean, Natalie Wood, Sal Mineo, Jim Backus, Ann Doran, Corey Allen,William Hopper, Edward Platt, Nick Adams Distribuidora DVD: Warner Duración: 111 min. Público adecuado: +16 años

Años 50, «Golden Age» de los Estados Unidos. Boom económico, cambios sociales, desarrollo del «Ame­­rican way of life». Y en medio de tanto progreso, con el dólar como símbolo y patrón mundial, el desconcierto y la re­beldía juvenil que Albert K. Cohen y Kerouac describen en sus li­bros o El­vis y Chuck Berry ex­presan con su mú­sica.

Rebelde sin causa es una de las referencias cinematográficas más relevantes de la actitud crítica de los jó­venes hacia la generación precedente. Con esta película, estrenada un mes después de la muerte de James Dean en accidente de tráfico -recuérdese la profética escena del due­lo de coches en el acantilado-, el jo­ven actor quedó inmortalizado co­mo icono juvenil de esa época y de las posteriores.

No es solo una confluencia de esté­ti­ca y mala fortuna. Nicholas Ray su­po poner toda su visión poética y fuerza expresiva heredada del teatro e influenciada por Elia Ka­zan al ser­vi­­cio de la idea. A la química de esos tres personajes necesitados y huér­fanos emocionales –Jim, Ju­dy y Pla­ton-, protagonizados por Ja­mes Dean, Natalie Wood y Sal Mi­neo (los dos secundarios fueron no­mi­na­dos a los Oscar), se une el enfoque de una cámara sugerente, un sig­ni­fi­ca­tivo uso del color en recursos co­mo el delantal del padre de Jim o los cal­cetines de distinto color de Pla­ton, encuadres simultáneos y com­po­si­ciones dinámicas, y un montaje ex­cepcional, realzado por un eficaz Ci­nemascope que otorga más dra­ma­tis­mo y profundidad a la historia. Toda una lección de narrativa audio­vi­sual.

Es difícil olvidar secuencias como el encuentro de los tres en comisaría, la discusión familiar en la escalera de la casa de Jim, el duelo en el acantilado o la llegada a la casa abandona­da, como una Arcadia donde los tres per­sonajes alcanzan por un momento la felicidad. Y desde luego esa biker de cuero rojo que llevaba James Dean.