Sed de mal

Las interpretaciones de Charlton Heston y Janet Leigh, y la inspirada música de Henry Mancini, se mueven en el territorio del sobresaliente.

País/Año: EE.UU., 1958 Dirección: Orson Welles Guión: Whit Masterson, Orson Welles Fotografía: Russell Metty Productor: Albert Zugsmith Música: Henry Mancini Intérpretes: Orson Welles, Charlton Heston, Janet Leigh, Joseph Calleia, Akim Tamiroff, Joanna Cook Moore, Marlene Dietrich, Ray Collins, Dennis Weaver, Victor Millan, Lalo Rios, Valentin de Vargas, Mort Mills, Mercedes McCambridge, Wayne Taylor Distribuidora: Universal

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Podríamos intentar una panorámica sobre la filmografía de Orson Welles y aventurar una tesis sobre su personalidad y su calidad de artista, aunque dudo que cualquiera de nuestros hallazgos vaya a resultar novedoso. A estas alturas, discutir el peso del magisterio fílmico de Welles está fue­ra de lugar. Que su genio tendía a eclipsar sus películas es casi un lugar común. Es célebre su habitual predisposición a desempeñar tareas más allá de las inicialmente previstas por él mismo o por los productores (v.gr. y por ejemplo, el montaje de Otelo, la voz de narrador en El cuarto mandamiento, o el guión de El extraño).

En Sed de mal he prestado especial atención a la singular interpretación del comisario Quinlan. Si en una infinidad de cintas el eje central del relato es el protagonista, en Sed de mal es el antagonista el personaje con más relieve, con más recorrido. Quinlan, un oscuro y atormentado capitán de la policía destinado en la frontera entre Estados Unidos y México, supone la creación más bri­llante de la pe­lí­cula, un hito en la amplia carrera ac­toral de Welles.