Ser o no ser: Humor en pie de guerra

Imagínese que está en 1942 en plena Guerra Mundial, cuando aún no se conoce cómo va a terminar el conflicto armado, y se estrena una película que se toma a broma a Hitler y a sus esbirros. Una película ligera, divertida, de diálogos chispeantes donde el líder nazi a los gritos de ¡Heil, Hitler! responde ¡Heil, Myself! Y ahora, para llevar las cosas más al extremo, imagine que la película la ha dirigido un judío nacido en Berlín y nacionalizado estadounidense que hace chistes sobre campos de concentración, y que en la primera escena aparece Adolf Hitler paseándose tranquilamente por las calles de Varsovia.

Pues por todo ello la respuesta de la prensa fue la que se puede también imaginar, la película obtuvo malas críticas a pesar de estar dirigida por el mismo director de La octava mujer de Barba Azul (1938) o Ninotchka (1939), por decir solo dos de las más aplaudidas películas de Ernst Lubitsch. Como él mismo reconocía en una carta en el New York Times: «Se me acusa de tres grandes pecados: de haber violado toda forma tradicional al mezclar melodrama con sátira y comedia e incluso farsa; de poner en peligro nuestros esfuerzos de guerra al tratar la amenaza nazi a la ligera; y de exhibir un mal gusto extremo al haber escogido a la Varsovia actual como telón de fondo para una comedia». Tuvo que pasar un tiempo para que Ser o no ser lograra el estatus de obra maestra que hoy unánimemente se le reconoce.

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Escrita a dos manos entre el mismo Lubitsch y Edwin Justus Mayer (Deseo -1936-) sobre un relato de Melchior Lengyel (Angel -1937-), sorprende aún hoy en día su descaro y cómo el director logra encadenar una escena tras otra sin que en ningún momento decaiga el ritmo, con la tendencia habitual de Lubitsch a dar siempre una última vuelta de tuerca para llevar las situaciones más allá de lo que lo haría cualquier otro director, como bien queda patente en las escenas en las que el protagonista se disfraza del traidor profesor Siletsky o en las que aparece el oficial conocido como «Campo de Concentración Ehrhardt».

Está claro que la figura geométrica favorita de Lubitsch es el triángulo, que ha prodigado mucho en su carrera, y nada le gusta tanto como esas escenas en las que se abren y cierran puertas con personajes saliendo y entrando. Ser o no ser es uno de los mejores ejemplos de su cine. Bebe del vodevil, de la sátira, hay mucho de suspensión de la credibilidad, abundan los postizos y el disfraz. Consigue el milagro de entremezclar el enredo y la lucha de sexos con la guerra y el patriotismo. Es también un canto de amor al teatro en el que trabajó Lubitsch como actor en Alemania, y una película también sobre los celos profesionales. Los protagonistas son héroes imperfectos. Joseph Tura es un actor vanidoso y egocéntrico, genialmente interpretado por un Jack Benny pletórico de recursos, mientras que su mujer Maria Tura es, por decirlo finamente, de moral relajada, a la que da vida una inolvidable Carole Lombard que no llegó a ver terminada la película, pues murió en un accidente de avión mientras colaboraba en la venta de bonos de guerra.

La película en todo momento se muestra ligera, y en otras manos, y no digamos en otra época, podría fácilmente haberse convertido en una película mucho más sexual; pero el famoso «toque Lubitsch» hace de ella un ejemplo de buen gusto, de refinada alta comedia que sugiere más que muestra. Posee una ironía demoledora, mostrando que el humor en ocasiones es mejor que el drama o la tragedia para combatir al enemigo. Un humor corrosivo y paródico que es una buena medicina para el fanatismo. Pero a a su vez nos «cuela» sin darnos cuenta momentos serios como cuando uno de los actores de la compañía representa ante los nazis el monólogo de Shylock de El mercader de Venecia («¿Si nos pincháis no sangramos?…»); y acaso también lo hace cuando Joseph Tura recita el monólogo de Hamlet («Ser o no ser. ¿Qué es más elevado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, o tomar las armas…?»). Convierte así esta sencilla escena en un ejemplo del genio de Lubitsch, pues actúa a tres niveles: en un primer nivel vemos que el protagonista se siente frustrado como actor al observar que un espectador se levanta al recitar el monólogo, haciendo avanzar la trama de los celos profesionales; en un segundo nivel nosotros sabemos que el espectador se levanta para ir a ver a Maria Tura, lo cual hace avanzar la trama de los celos amorosos; pero además, en un tercer nivel, la frase dicha en mitad de una guerra también es lanzada al público de la película para combatir al enemigo, motivando a la concurrencia y haciendo avanzar la trama de la guerra.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Rudolph Maté
  • Montaje: Dorothy Spencer
  • Música: Werner R. Heymann
  • Diseño de producción: Vincent Korda
  • País: EE.UU. (To Be or Not to Be), 1942
  • Duración: 99 min.
  • Público adecuado: +12 años
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