Sin perdón

4 Oscar obtuvo este magnífico western de Clint Eastwood, que deja una huella perenne por las emociones que des­pierta, por su perfecto acabado

Sin perdón (1992)
Sin perdón (1992)

Sin perdón: Con todos los ingredientes del buen western

Un pacífico granjero, viudo, padre de un niño y una ni­ña todavía muy jóvenes, recibe una visita en su mísera gran­ja: un joven aprendiz de pistolero le pide ayuda pa­ra ma­tar a dos vaqueros por los que se ofrece una suculenta re­compensa. Esos hombres habrían mutilado a una mu­jer, una prostituta, y quedado impunes. El granjero di­ce que ya no se dedica a esas cosas, dejando ver que su pasado fue violento. Pero, porque la granja está en rui­nas y porque tiene que sacar adelante a sus dos hijos, de­cide em­barcarse en esa aventura. En compañía de un vie­jo com­pañero de armas se dirigen a Big Whiskey, donde un te­mible sheriff les pondrá a prueba.

Sin perdón tiene todos los ingredientes del buen western: excelente fotografía de exteriores, bellos paisajes, ca­balgadas, una misión que cumplir, personajes auténti­cos, tiroteos, una música característica y, además, un rit­mo extraordinario. Sus más de dos horas se pasan vo­lan­do. Hay dos tramas principales que se dan la mano y re­levo hasta coincidir en un clima violento que, resulta evi­dente, pudo haber tenido otro desenlace. La historia del pistolero retirado, William Munny, de su amigo y co­lega Ned Logan, y del joven pretencioso que les saca de su pa­cífico retiro porque aspira a convertirse en una le­yenda co­mo ellos, por un lado, mientras que por otro un sheriff efi­caz, bien que brutal, mantiene el orden apa­bullando a to­do aquel que se asoma en sus dominios. Las interpreta­cio­nes de los cuatro actores principales, so­bre todo de dos de ellos, son antológicas.

Sin perdón tiene además los elementos del western mo­derno, también llamado «revisionista», que se ca­rac­te­ri­za por la falta de idealismo, por un realismo descarnado, a menudo desagradable: la misión es una venganza pu­ra y simple que se acepta como un encargo cual­quiera, sin más; los clientes son unas prostitutas; uno de los pro­tagonistas es un hombre de color, detalle co­nocido por la historia, no por la literatura o el cine clá­sico; los protagonistas son excriminales; el sheriff fue un pistolero y ahora es poco más que un matón; uno de los personajes tra­ba­ja para la compañía de ferrocarriles, ma­tando chi­nos.


Finalmente, Sin perdón tiene el toque nostálgico del lla­mado western crepuscular, manifestación de una épo­ca que termina con unos héroes cansados que contem­plan que su mundo está a punto de desaparecer. La pe­lícula auna momentos nostálgicos con otros ácidos, ter­nura y hu­mor negro, y unos diálogos jugosos sobre el sentido de la vida, el bien y el mal. Ello es posible gra­cias a un guion bien acabado y a unos actores sobresalientes.
El conjunto resulta fascinante y deja una huella perenne por las interpretaciones, por las emociones que des­pierta, por su perfecto acabado.

Algunos datos

Se trata de la 36ª película que protagonizó Clint East­wood y de la 16ª que dirigió. De su mejor película has­ta la fecha, 1992. Es la primera vez que East­wood hi­zo doblete en Hollywood: ganó la estatuilla a la me­jor pe­lícula y a mejor director, doblete que repetiría en otras dos ocasiones. También, se dice menos, se trata de la última vez que dirigió y/o protagonizó un western. Sin per­dón fue candidata a nueve Oscar, se llevó cua­tro: además de los mencionados a mejor película y me­jor dirección, Joel Cox se llevó el de mejor montaje y Ge­ne Hack­man el de mejor actor de reparto por su labor de sheriff. Fueron candidatos el propio Clint Eastwood co­mo mejor actor principal, la fotografía, el guion, direc­ción artística y sonido. No hace falta decir que fue un éxi­to de taquilla.

Alrededores

Hay mucho más en esta película que lo que resulta evi­dente. La presencia de un biógrafo acompañando a un pistolero es un toque humorístico pero también una de­claración de principios sobre la verdad y la leyenda de Estados Unidos, de la que ya habló John Ford en El hombre que mató a Liberty Valance. También es una hu­morada que el pistolero inglés y sus bravatas vengan de Richard Harris, que interpretó a Un hombre llamado ca­ballo, genial inglés que termina por identificarse con los pieles rojas. Clint Eastwood, por su parte, a medida que avanza el metraje, deja de parecer un granjero y va ad­quiriendo la imagen que le diera Sergio Leone, a quien dedica esta película.

Más profundo es el debate sobre el bien y el mal, que sur­ge a diferentes niveles. El protagonista, William Mu­nny, cría cerdos. No es casualidad, es la personificación del hijo pródigo del evangelio. La primera imagen de la película, un idílico atardecer, en realidad es trágico: Mu­nny está enterrando a su esposa que fue quien le alejó de sus malos hábitos. Sin ella, ¿cómo evitar la tentación de volver a las andadas?

Tras una serie de pruebas, de demostrar que no quiere vol­ver por el mal camino aunque le empujan en esa dirección, cuando la historia va a terminar pacíficamente, la última y más atroz provocación desata la fiera; prime­ro se revela quién es William Munny, lo que hizo; des­pués viene la demostración de lo que es capaz; finalmente, tras volver a decir quién es y lo que hizo, amenaza «si les volvéis a hacer daño volveré y os mataré a todos». ¿De qué está hablando?

Sin perdón es el final de un ciclo que comienza en 1970 con un western, Soldado azul (Ralph Nelson). Se trata de la evocación de la masacre de Sand Creek (1864), que en realidad está hablando de la matanza de My Lai (1968) perpetrada por el ejército norteameri­ca­no en Vietnam. Durante décadas Estados Unidos, y Ho­llywood, arrastraron el complejo de Vietnam. Sin perdón pone fin a ese ciclo, Munny no está orgulloso de su pasado, matar mujeres y niños, se ha arrepentido y ha in­tentado dejar el mal camino. Pero deja claro que si le pa­tean o atacan y matan a sus amigos sacará la bestia que lleva dentro. Y que no dude nadie que sigue siendo ca­paz de hacer mucho daño.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Jack N. Green
  • Montaje: Joel Cox
  • Música: Lennie Niehaus
  • País: EE.UU. (Unforgiven), 1992
  • Duración: 131 min.
  • Distribuidora en España: Warner
  • Público adecuado: +16 años (V+D)
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Reseña
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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.
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