Claude Barras

· “Ten amigos con los que puedas contar, enamorarte o quizás incluso ser feliz…”

Antes de dirigir su primera película, La vida de Calabacín, Claude Barras ha realizado varios cortos incluyendo The Genie in a Ravioli Can, que recibió distintos premios en festivales de cine de todo el mundo. La conexión de Barras con la infancia supera las diferencias de edad y tiempo, tiene el don de ser capaz de hacer reír y llorar a la vez. Sus historias están llenas de realismo y fantasía, humor y poesía. Incluso ha adaptado Autobiographie d’une Courgette (Autobiografía de un Calabacín), de Gilles Paris, a una película de animación en stop-motion.

¿Cómo surge la idea de plasmar esta historia a una versión animada?

Claude Barras/ Me enamoré perdidamente del libro de Gilles Paris, un coming-of-age tierno y poético. La historia y su tono me llevaron de vuelta a mi infancia y me recordaron mis primeras y emocionantes palpitaciones y salidas al cine donde veía Los cuatrocientos golpes, Remi, el niño de nadie, Belle and Sebastian, Heidi e incluso Bambi. Con esta adaptación animada quería compartir con el público de hoy en día un poco de esas maravillosas y formativas emociones que educaron y dieron forma a mi vida.

claudebarras_calabacin2Pero esta película es también, y sobre todo, un hogar para todos los niños maltratados que intentan sobrevivir día a día. Calabacín, nuestro héroe, ha pasado por multitud de dificultades y, tras perder a su madre, cree que está solo en el mundo. Pero en su nueva vida en el hogar de acogida esto cambiará: tendrá un grupo de amigos en los que de verdad puede confiar, se enamorará, y por qué no, será feliz algún día. Aún tiene muchas cosas que aprender en la vida. Este mensaje, simple y profundo a la vez, me parece esencial para transmitir a nuestros niños. El deseo de compartir este mensaje fue lo que me llevó a dirigir esta película de esta forma.

¿Fue difícil trasladar tantos aspectos emocionales?

C. B./ Quería adaptar el libro de Gilles Paris porque quería hacer una película sobre niños que se dirigiera a niños maltratados como remedio a los abusos que sufren día a día, una película de entretenimiento que te hiciera reír y llorar, pero sobre todo una película firmemente comprometida que pasa aquí y ahora y te habla sobre la fuerza de adaptación entre un grupo de amigos. Una película que abogara por la empatía, camaradería, tolerancia y confidencias.

En el cine contemporáneo, los orfanatos se han representado desde siempre como lugares de abuso, y el mundo exterior como la libertad. En La vida de Calabacín eso se invierte: el abuso se sufre en el exterior y el orfanato es un lugar de apaciguamiento y reconstrucción. Esto es lo que hace su narrativa clásica y moderna a la vez.

Después de un tiempo inmerso en un centro de acogida me di cuenta de la importancia de tratar el tema de la adopción con gran cuidado. He representado la adopción en dos de sus modernas manifestaciones: la familia de acogida y la custodia de un miembro familiar. Dependiendo de la edad del niño y las motivaciones de los adultos, la adopción puede representar la vuelta al destructivo ciclo del abuso o la posibilidad de reconciliación con el mundo. También es particularmente importante realzar la imagen de las múltiples formas de familias que hay hoy en día.

¿Cómo fue el trabajo de elaboración del guion?

C. B./ Debido a las descripciones explícitas de violencia de algunos niños en el libro su público es adulto, pero para adaptar la película a la animación, quería incluir a los niños.

claudebarras_calabacin3Tras una primera y larga fase de escritura, mis productores me propusieron trabajar con Céline Sciamma. Me emocioné desde el principio con la idea. Había visto Tomboy unos meses antes y me había encantado. Nos conocimos para compartir nuestras ideas y muy rápido evitamos relatar la historia como un diario, que habría sido lo obvio para la adaptación. Céline sabía cómo darle al guion una estructura clásica y estricta, al mismo tiempo que conseguía el balance perfecto entre humor y emoción, aventura y realismo social. El éxito del guion es también debido al delicado trato de los personajes, que tienen un subtexto que evoca oscuridad y trágicos incidentes pasados, pero que son exorcizados en el presente por sus relaciones de amistad.

Se contó con varios niños para las voces de los personajes, cuéntenos algo acerca del casting.

C. B./ El casting y trabajo con los actores de Marie-Eve Hiildbrand fue clave en el proceso de dirección. Trabajamos con actores no profesionales para los personajes de los niños. Fueron escogidos por sus voces y su habilidad para la espontaneidad frente a un micrófono. Sus personalidades y edades jugaron un rol decisivo porque queríamos crear un grupo que funcionara lo más natural posible compuesto por actores que insuflaran veracidad a las escenas.

Para acompañar a los niños y darles una estructura sobre la que actuar, elegimos a actores profesionales para los adultos. Esta opción funcionó perfectamente. Los actores dieron con la clave correcta y transmitieron una extraordinaria autenticidad escena tras escena, secuencia tras secuencia, durante las seis semanas de grabación.

El diálogo, natural, corto y eficiente, lleno de silencios provenientes de la acción, añadía profundidad a la psicología de los personajes. Los silencios estaban llenos de significado y dejaban espacio para las miradas y los gestos no verbales. El peso estaba puesto en el lenguaje natural de los niños al ser grabados, el diálogo se enriqueció y reorientó hacia un naturalismo poético con un nivel superior de las emociones.

Como director, ¿qué quiso resaltar de la historia escrita por Paris?

C. B./ La vida de Calabacín tenía la intención de ser una película con el foco en las vidas interiores de los personajes. Era importante para mí dar tiempo a los pequeños gestos, expresiones faciales, guiños, momentos de espera. Una pareja de pájaros construyendo su nido, paisajes urbanos, cielos llenos de nubes, tormentas de truenos y horizontes brillantes actúan como espejo de las almas de los personajes.

Normalmente suelo rodar una secuencia larga para que se aprecien las emociones, por encima de los planos cortos que se suelen usar en animación. Esto da a la película un ritmo lento y único.

claudebarras_calabacin4¿Qué decisiones estéticas se tomaron progresivamente?

C. B./ El dibujante Hergé argumentaba que cuanto más se reduce y simplifica el estilo gráfico de una cara, es más fácil para la audiencia proyectar sus propias emociones e identificarse con el personaje. Comparto esa convicción y la practico animando muñecos sin la ambición de reproducir la realidad, dando al espectador una realidad nueva.

Por otro lado, me propuse inspirar la película con el particular estilo poético de Gilles Paris. Lo más importante para entrar en el universo de la película son los ojos de los personajes. Sus grandes ojos muy abiertos para ver el mundo contribuyen a crear emoción y empatía.

Una urbana y postmoderna poesía de contrastes emana de la película. El escenario es triste y sombrío, simbolizando el contenido sociológico del abuso que se representa en la película. Los colores más vivos y positivos reflejan la actitud positiva y resistente de los personajes. Estos personajes hacen frente a las dificultades resistiendo día a día.

Háblenos acerca de la música del filme.

C. B./ La música está presente tanto en escenas de restricción con efectos de sonido minimalistas hasta escenas llenas de emoción acompañadas por la suave y amable música de Sophie Hunger. La sensibilidad de sus composiciones musicales, su hechizada voz mezclada con guitarra, bajo y vibráfono, es la mezcla perfecta para una película con un universo infantil.

Fuente: La Aventura Audiovisual