Once entrevista

· “Once se trataba de un músico que echa de menos a su novia. Yo tenía en mente al personaje y las cosas que le pasaban.”

A comienzos de los 90, antes de dedicarse al mundo del cine, John Carney, director y guionista de On­ce, tocaba el bajo en el grupo irlandés The Frames. Quizás por eso desde siempre barajó la posibilidad de realizar un musical. Once se desarrolla en el Dublín natal de Car­ney y está protagonizada por Glen Han­sard, el cantante de The Fra­mes, y por Markéta Irglová, una música de la Repú­blica Checa que, antes de protagonizar esta película, ya había colaborado con Hansard. Los dos músicos presentaron la película en Madrid y, además de algunas entrevistas, ofrecieron un concierto callejero… como no podía ser de otro mo­do.

John Carney pensó en Cilliam Murphy para protagonizar la película…

Glen Hansard: Sí, y yo compuse las canciones pensando en que iba a actuar él. John me pidió que escribiera algunos temas. Durante los meses siguientes intercambiamos ideas -diálogos, canciones- y cuando llevábamos 60 páginas ya ha­bíamos compuesto 10 temas originales. Al final acabó dándome el papel, un papel con el que me identifico porque el personaje vive sucesos que me han ocurrido en la vida real.

A la hora de escribir la letra de las canciones, ¿en qué se inspiraba?

GH: No fue difícil, muchas ya las tenía escritas y se trataba, en todo caso, de un amor frustrado. En el fondo se trataba de un músico que echa de menos a su novia. Yo tenía en mente al personaje y las cosas que le pasaban.

En Once, Glen y Markéta se encuentran por primera vez en una calle de Dublín, ¿cómo se conocieron en la vida real?

GH: Nos conocimos cuatro años antes del rodaje. Yo iba mucho a la República Checa a tocar en conciertos. Era muy amigo del padre de Markéta, y me hospedaba siempre en su casa. Así fue como la conocí. Cuando estábamos preparando la película John me preguntó si sabía de alguna chica de Europa oriental que tocase el piano, que supiese cantar y que tuviese, más o menos, treinta y cinco años. Yo conocía a una que cubría todos los requisitos menos el de la edad: Mar­kéta tenía diecisiete. La edad, finalmente, no pareció ser decisiva.

Esta amistad se percibe en la película y las interpretaciones son tan naturales que parece que no les ha costado mucho rodarla…

GH: Sí, sólo había tensión cuando John nos grababa con la cámara muy de cerca. Cuando la alejó nos relajamos y actuamos con más naturalidad. Y esa naturalidad era lo que buscaba John Carney. Quería una película corta, sencilla, simple y muy casera, como tres amigos haciéndola en su casa. John tenía un guión muy bueno y sólido; sin embargo, a medida que avanzaba el rodaje se dio cuenta de que algunos diálogos no eran naturales y muchas veces nos dejaba improvisar. A ratos parecía un documental.

Markéta Irglová: A mí, que era mi primera película, sí me ha resultado un rodaje cansado. Había que ir por la mañana temprano para maquillarnos, esperar a la iluminación… Teníamos muchos problemas para rodar porque el presupuesto era muy bajo y no siempre nos daban permisos. La primera escena, la de la calle, tuvimos que repetirla veinte veces. Llegábamos tarde a casa y al día siguiente vuelta a empezar. En cambio, cuando eres músico y se te ocurre una canción, coges un papel, la escribes y se acabó.

Once ganó en Sundance el premio del público y no el del Jurado, ¿se han preguntado el por qué?

MI: La verdad es que, después de rodar la película, todos estábamos contentos con el resultado, pero pensábamos que quedaría como un simple trabajo entre amigos, y que nunca llegaríamos a alcanzar semejante éxito.

No ganamos el premio del Jurado porque a menudo este premio se lo dan al artista que consideran que va a tener un mayor apoyo del público, y probablemente no pensaban que íbamos a ser nosotros. En el festival, al finalizar los pases de la película, tocábamos alguna canción y eso también supuso puntos a nuestro favor.

Por otra parte, en este tipo de festivales la mayoría de las veces se persigue un fin político, y nuestra película tiene un recorrido diferente.

También es diferente la forma de terminar la historia…

GH: Pero es muy real. Muchas veces encuentras a alguien con el que conectas muy bien, y ese encuentro no necesariamente tiene que desembocar en un romance. No queríamos besos, no nos parecía muy realista. Se trata de amor au­téntico, de auténtico respeto, de amistad. Él es un hombre con talento pero sin dirección, y ella le arma de valor para conseguir su sueño. Por otra parte, él le ayuda a ella, que lleva una existencia cargada de responsabilidades, a vivir durante una semana como un auténtico músico.

La escena del dueto en la tienda de pianos es de las más bellas de la película, pero al mismo tiempo de las más arriesgadas…

MI: A John le fascina ver a la gente trabajando, igual a la gente de un programa de televisión que a unos obreros en la calle. Y quería ver lo mismo en el proceso de la creación de una canción. Por eso hizo una secuencia de quince minutos, para que pareciera real, y lo consigue.

¿Qué proyectos tienen previstos para el futuro?

GH: Ahora somos un equipo y si uno está cansado o decaído, allí está el otro para darle un empujón. Vamos a grabar un dis­co. Lo del cine depende de si hay algo interesante. John tiene un guión, pero es un proyecto para más adelante.

Belén Heydt